Rashid, semblante cansado, mirada penetrante de quien ha visto el alma de su tiempo y la ha hallado vacía, vive en Shiraz donde las calles empedradas resuenan con los sones de los derviches que giran en un recordatorio de lo místico y efímero de la existencia.
Su casa, un espacio rebosante de pergaminos, tinteros secos y plumas desgastadas está impregnada del aroma a cera de velas.
Belleza y precisión se entrelazaban en las caligrafías de su padre y en los tejidos de su madre. Lo habían educado, alimentando su obsesión por la simetría, la armonía, la inmortalidad a través del arte.
Pero también había sido testigo de la destrucción de palacios y bibliotecas, donde los trabajos de los artistas se desvanecían.
Ansiaba crear algo tan puro que escapara de la corrupción del tiempo, pero comprendía que todo lo sublime estaba condenado a perecer.

Cuando terminó los planos de su mezquita, con minaretes que tocaban los cielos y cúpulas que imitaban el fulgor de las estrellas, decidió que lo perfecto debía permanecer inalcanzable.
Mientras las llamas los devoraban, sintió liberación y condena.
Rashid fue conocido, no como el arquitecto que construyó la mezquita más espléndida de la ciudad, sino como el creador que eligió preservar la perfección en su mente, antes que verla perecer a manos del tiempo y de los hombres.
Esta historia es una fábula. Su idea principal, que el estado ideal de una cosa es antes de que llegue a existir, es a partes iguales aterradora y extraña.
Así es. No es necesario obsesionarse por la perfección. Es suficiente con que tengamos algunos retazos significativos en nuestra cabeza.
Besitos 😘
Hola Ratoner
Perdona el retraso en contestar, pero tu comentario estaba como spam.
Tienes razón, no es necesario obsesionarse con la perfección. Demasiados conflictos familiares se han generado por ello.
Gracias por acercarte a este rincón y por comentar. Un abrazo.
Marlen
Preciosa fábula, Marlen.
Una grandísima persona Rashid.
Supongo que la historia está ambientada en otros tiempos.
Muy pocos creadores serían capaz de hacer algo así.
Ahora, parece más importante el autor que la obra. Solo hay que ver las portadas de algunos libros.
Felicidades, querida CuentaCuentos-Scheherezade.
Abrazo Grande.
Hola Jose
¡Me encantan las fábulas! Desde luego, es de otra época. No me imagino en nuestros tiempos a un maravilloso arquitecto quemando los planos de su obra más maravillosa, o destruyendo el original de su novela. Me hubiera gustado conocer a Rashid y charlar un rato con él.
Muchas gracias por tu comentario. Un abrazo grandote.
Hola Marlem , bonita historia la de Rashid. Me gustó leerla. Un abrazo
Hola Nuria
Me alegra que te haya gustado.
Como le decía a Jose, me hubiera gustado hablar con Rashid y que me explicara sus ideas respecto a la obra que pudiera escapar de la corrupción del tiempo.
Un abrazo para ti también.