
Sentimientos, pensamientos, reflexiones…
A lo largo de la vida he aprendido cantidad de cosas que no me han servido más que para ocupar sitio en el disco duro de mi cabeza o, a lo sumo, para lograr salir airosa de un examen o una situación. Pero hay otras que se han quedado grabadas para ser aprovechadas en cualquier instante o para ser usadas como reflexiones en momentos importantes. Una de esas enseñanzas es la referida a la imaginación. Creo que nunca me he sentido verdaderamente sola gracias al poder inconmensurable de la imaginación, esa imaginación nutrida por tantas lecturas vividas desde la más tierna infancia. Esa imaginación en la que siempre me refugio cuando las cosas se ponen difíciles.
En este camino descubrí que hasta que no me enamoré de mí misma, el resto del mundo no podía enamorarse de mí. Pensamientos que me han servido para no dar importancia a lo que los demás puedan pensar sobre mi persona y para descartar a quienes intentan cambiar mi forma de ser con tal de encajar en los moldes establecidos.
En este blog personal comparto sentimientos, pensamientos y reflexiones. En él vuelco mi mente y mi corazón mientras avanzo hacia una vida un poco mejor.
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El rebote
Esta mañana comenzó como todas en el instituto de Irurtzun: pasillos llenos, mochilas arrastradas, olor a bollería del recreo filtrándose desde la cafetería. Os voy a contar lo que pasó en mi clase. Yo me llamo Jon, tengo 16 años y soy más aficionado al móvil que a los libros de Historia. Entré al aula…
Disfrutando el vapor de Budapest
En Budapest hay muchos baños termales, pero Árpád eligió el más famoso de la ciudad: el “Balneario Széchenyi” con sus grandes piscinas exteriores neobarrocas, sus piscinas interiores, saunas y baños turcos. Había entrado al complejo con la única intención de flotar un rato y olvidarse del examen de matemáticas del lunes. Vapor, agua caliente, gente…
¿León o colibrí?
Cuenta la fábula de origen quechua que, en el bosque, se había declarado un gran incendio. Las llamas lo consumían todo. Los animales, desde el más grande hasta el más diminuto, huían despavoridos por salvar la vida —que no la casa—. Excepto un pequeño colibrí que iba hacia el río y regresaba a las llamas…
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