La primera vez que me tildaron de “boomer”, estuve a punto de mandarlos al quinto pino, pero me contuve a tiempo porque creí entender que era algo grande o notable. Después, con ayuda de las redes, me enteré de la clasificación que se hace de la población en función del año de nacimiento. La verdad es que no está exactamente estipulado cuáles son los años concretos de inicio y fin de cada una de las generaciones y depende de qué demógrafo o investigador se consulte, varían los años que abarcan cada una de ellas.
Las generaciones no son compartimentos estancos, sino marcos orientativos que ayudan a entender contextos históricos compartidos. Pero empecemos por saber o recordar la clasificación.
La Generación perdida está compuesta por personas nacidas entre 1883 y 1900. Alcanzó la mayoría de edad durante la Primera Guerra Mundial. Y “perdida” se refiere al espíritu desorientado y sin dirección de muchos de los supervivientes de la guerra en el periodo inicial de la posguerra, habiendo perdido la fe en los valores burgueses tradicionales y en el patriotismo.
El término fue utilizado por la escritora y poetisa Gertrude Stein para describir a un grupo de escritores y artistas norteamericanos de entreguerras que, sintiéndose desilusionados por el conflicto, perdieron la fe en los valores tradicionales y vivieron en París explorando el existencialismo, el pesimismo, la bohemia y el alcohol. Dicho nombre fue popularizado por Ernest Hemingway en su novela de 1926 “Fiesta”: “Todos vosotros sois una generación perdida.”
Entre sus figuras más representativas se encuentran Ernest Hemingway, periodista y uno de los novelistas más conocido del siglo XX, el escritor Francis Scott Fitzgerald, Gertrude Stein y William Faulkner, otro gran exponente de la literatura norteamericana.
Esta generación encarna el trauma colectivo de una época y su búsqueda de sentido en un mundo devastado por la guerra y la crisis.
La Generación grandiosa se suele definir como el grupo de personas nacidas entre 1901 y 1927. Esta generación estuvo marcada por la experiencia de la Gran Depresión y por su participación directa en la Segunda Guerra Mundial. El término se popularizó a partir del título del libro “The Greatest Generation” del periodista estadounidense Tom Brokaw.
Vivieron la niñez durante la Primera Guerra Mundial, la juventud durante la Gran Depresión y su vida adulta estuvo definida por la lucha en la Segunda Guerra Mundial, ya fuera en el frente de combate como en el trabajo industrial. Moldeados por la adversidad, la resiliencia, el trabajo en equipo, el patriotismo, el sacrificio, la austeridad y el sentido del deber fueron sus características principales.
La Generación Silenciosa se suele definir como el grupo de personas nacidas entre 1928 y 1945. Muchos perdieron a sus padres o hermanos, que murieron en la Segunda Guerra Mundial, vieron la caída del nazismo y la desolación que provocó la bomba nuclear. En el contexto español, esta generación es conocida como los "niños de la guerra".
La generación anterior había luchado por “cambiar el sistema”, esta optó por “trabajar dentro del sistema” ganándose la vida duramente y manteniendo la cabeza baja. Por algo su apelativo de “silenciosos”. Incluye a la mayoría de los que lucharon durante la guerra de Corea, y dio líderes clave en el movimiento por los derechos civiles en EEUU.
Tendían a casarse y tener hijos siendo jóvenes, mostraron una mayor estabilidad laboral en comparación con las generaciones posteriores, siendo la generación que reformó las leyes para optar por el divorcio.
La Generación Boomer o Baby Boomer se define como las personas nacidas entre 1946 y 1964, durante el auge demográfico posterior a la Segunda Guerra Mundial. El primer uso registrado del término baby boomer es en un artículo del “Daily Press” de enero de 1963 que describe un aumento masivo de matriculaciones universitarias según se acercaban a la mayoría de edad los boomers mayores.
Los Baby Boomers occidentales fueron la primera generación que creció con la televisión. Y de jóvenes descubrieron que la música que escuchaban y/o producían, sobre todo la música rock, era otra expresión de su identidad generacional. Sus transistores y sus longplay escuchados en los Wincofon, eran dispositivos personales que permitían a los adolescentes de esta generación descubrir las nuevas tendencias musicales.
Una parte importante de sus integrantes alcanzaron la mayoría de edad durante la época de la guerra de Vietnam. Pero no fue este el único acontecimiento memorable que vivieron: la Guerra Fría, la crisis de los misiles en Cuba, los asesinatos de John Fitzgerald Kennedy, Robert Kennedy y Martin Luther King, el Programa Apolo, el Watergate y la renuncia de Nixon, la recesión económica y la falta de oportunidades profesionales viables al graduarse.
Impulsaron la creación de la contracultura de la década de 1960 y el surgimiento de puntos de vista de izquierdas, considerados como antisistema. Un gran número de jóvenes descontentos participaron en un replanteamiento de la dirección democrática de Estados Unidos y Latinoamérica. Y surgen temas como los derechos de las mujeres, la libertad sexual, la confrontación a las formas tradicionales de autoridad, la experimentación con drogas.
Nacen estilos de vida alternativos como el movimiento hippie. Y emerge una subcultura que celebra la creatividad, la experimentación y la encarnación moderna del estilo bohemio. Además de la tendencia marcada por The Beatles, muchos otros artistas creativos, autores y pensadores de diversas disciplinas, contribuyen al movimiento de la contracultura.
Se suele utilizar los años de nacimiento entre 1965 y 1981 para definir la Generación X. De niños, se caracterizan por una reducida supervisión de los adultos en comparación con las generaciones anteriores. Esto fue el resultado del aumento de las tasas de divorcio y de la mayor participación de las madres en el mercado laboral, antes de la amplia disponibilidad de opciones de cuidado de los niños fuera del hogar. El permanecer juntos por el bien de los niños, fue reemplazado por el valor social de la autorrealización individual.
Los niños de la Generación X fueron los primeros en tener acceso a ordenadores personales en sus casas: Commodore, Atari, Apple. En Rusia se los conoce como los últimos niños soviéticos, porque fueron los últimos niños que alcanzaron la mayoría de edad antes de la caída del comunismo y de la Unión Soviética. En Francia vivieron las huelgas y los violentos disturbios de mayo de 1968. En el Reino Unido son “los hijos de Thatcher”, porque crecieron con la Primer Ministra en el poder. En EEUU se criaron a la sombra de la guerra de Vietnam y del escándalo Watergate y llegaron a la madurez bajo las presidencias de Reagan y Bush, con la experiencia de primera mano del impacto de las políticas neoliberales.
Una gran cantidad de miembros de esta generación alcanzó la mayoría de edad durante el incremento del uso de drogas, especialmente del crack. La aparición del sida coincidió con su adolescencia y a medida que el virus se propagaba, en un momento en que no había tratamientos efectivos disponibles, sobrevino el pánico público. Pero la característica principal de la Generación X es que son inmigrantes digitales que adoptaron la tecnología (computadoras, internet, celulares) en su edad adulta, sintiéndose cómodos tanto con métodos tradicionales como digitales.
La Generación Y o Millennials, nacidos entre 1981 y 1996, se caracteriza por ser la primera generación de nativos digitales, habiendo crecido durante la transición a la era de internet. Son hiperconectados, valoran la flexibilidad laboral, el equilibrio vida-trabajo y el aprendizaje continuo. Integran la tecnología en todas las áreas de su vida, convirtiéndola en un elemento esencial tanto para trabajar como para socializar.
En el aspecto laboral, valoran la flexibilidad (trabajo remoto, horarios flexibles) y tienden a cambiar de trabajo buscando mayor satisfacción.
La Generación Z o Centennials nacida entre 1997 y 2010 son una generación de nativos digitales, hiperconectados y con una visión global, diversa y tolerante. Son pragmáticos, valoran la autenticidad y el activismo social (medio ambiente, diversidad), prefiriendo experiencias a bienes materiales. Utilizan las redes sociales como principal fuente de información, buscan inmediatez y aprenden de manera autónoma. Nacidos con tecnología móvil e internet, la utilizan de forma natural y tienen gran capacidad de multitarea (multitasking).
Son consumidores conscientes que valoran la autenticidad, la sostenibilidad y la responsabilidad ética en las marcas, siendo más propensos a la compra basada en recomendaciones de personas reales. Demuestran una fuerte conciencia social, preocupándose por el cambio climático, los derechos humanos y la igualdad.
A pesar de su alta exposición en redes, son cautelosos y valoran mucho su intimidad y la privacidad digital, prefiriendo canales más auténticos o exclusivos.
La Generación Alfa, nacidos entre 2011 y 2025, se caracteriza por estar hiperconectada desde la infancia y profundamente influenciada por la inteligencia artificial y los entornos virtuales. Crecen con dispositivos inteligentes (iPad, tablets) y asistentes de voz (Alexa, Google) como parte natural de su vida diaria. Prefieren formatos de video (YouTube, TikTok) sobre el texto tradicional, consumiendo y creando contenido digital activamente.
Su educación y aprendizaje están moldeados por la tecnología, la realidad aumentada y los videojuegos, lo que les permite desarrollar habilidades visuales rápidas. Su desafío consistirá en equilibrar hiperconectividad y concentración, tecnología y pensamiento crítico.
Clasificar generaciones no significa encasillar personas. Dentro de cada grupo hay una enorme diversidad de trayectorias, ideologías y experiencias. Sin embargo, estas categorías ayudan a comprender cómo los grandes acontecimientos históricos: guerras, crisis económicas, revoluciones tecnológicas, moldean mentalidades colectivas.
Quizás la etiqueta “boomer” que un día me irritó no sea más que una invitación a reconocer que cada generación hereda un mundo y lo transforma. Ninguna es superior a otra: todas son eslabones de una misma cadena histórica.
Entenderlas no debería servir para dividirnos, sino para dialogar mejor. Porque al final, más allá de fechas y etiquetas, todos compartimos algo esencial: la necesidad de adaptarnos a un mundo que cambia más rápido que nunca.
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