La luz gris de las 6:30 entra por las rendijas de la persiana. Suena el despertador y la mano de Javier lo apaga de inmediato.
Micaela, su esposa, está sentada en el borde de la cama. Lleva puesto el pantalón negro y la blusa salmón. En su mano derecha, el zapato izquierdo negro de tacón. El derecho reposa en el suelo, volcado.
Micaela no se mueve. Sostiene el zapato en su mano y lo mira como si mirara un artefacto extraño de una civilización desaparecida.
No está triste, no está cansada. Simplemente el aire pesa toneladas. Y ella ya no tiene fuerzas.
Su respiración es lenta, el aire entra con dificultad. Como si el oxígeno se hubiera convertido en mercurio.
Javier, desde el baño, pregunta:
.- ¿Viste mis llaves? No las encuentro.
Micaela abre la boca para contestar, pero el sonido no sale. No es que no quiera hablar, es que las palabras no le salen.
Javier entra al cuarto, buscando.
-¿Te pasa algo? Vas a llegar tarde a la oficina.
.- Pesa, Javier -responde ella.
.- ¿El zapato?
.- El aire, pesa demasiado. -Micaela levanta la vista, no hay rastro de llanto, sólo una distancia infinita que se refleja en sus ojos.
Micaela suelta el zapato que cae sin ruido.
Se siente extraña como si sus huesos fueran de plomo y sus músculos de papel higiénico.
.- ¡Venga, te ayudo! -dice él, cariñoso.
Se agacha, toma el zapato y, con dificultad, se lo coloca.
.- Si me levanto -dice Micaela en voz muy baja- me voy a hundir en el suelo. El piso no va a aguantar mi peso.
Javier termina de calzarla, le ayuda a levantarse, con amor, con miedo. No entiende la fractura, no hay sangre, no hay diagnóstico, no hay un porqué, no hay lógica.
.- Es sólo un mal jueves. Vamos, que yo te llevo.
Le ofrece la mano. Micaela la mira. Sabe que si la toma, volverá a la vida normal. Pero esa grieta sin nombre que la hace sentir como un fantasma cargando un camión de piedras, se está ensanchando en silencio.
Se pone de pie. Sus rodillas tiemblan. Cierra los ojos. Trata de respirar.
El aire cruje por dentro.
Camina despacio, soltando el borde de la cama, el único lugar donde, por un momento, se permitió ser consciente de que algo, dentro, muy dentro, se ha roto para siempre.

En el blog “VadeReto” de JascNet existe este reto literario que me encanta.
Es una invitación a escribir, sólo un tema cada mes, que puedes desarrollar como más te guste.
El VadeReto de este mes se llamará "Fractura".
Nada más… y nada menos.
Tenéis libertad total para crear, imaginar y escribir vuestro Cuento.
¡No os los perdáis! Podéis leer el resto de aportes aquí:
Que forte e impactante ar pesado que ali pairava…
Essa ruptura já havia acontecido antes no coração!
Adorei ler!
abraços, ótimo dia, chica
Hola Chica
El aire no era fuerte o pesado, esa era la sensación que sentía la protagonista, por la depresión que estaba padeciendo.
Gracias por el comentario. Un abrazo de Marlen
Hola, Marlen.
Me costó un rato entender qué le pasaba a Micaela. Creo que es una depresión, o algo parecido, y por eso Javier no entiende la fractura. La ayuda sin comprender realmente lo que ocurre. Es un relato que muestra sin explicar, y por eso todos somos un poco Javier.
Me ha gustado.
Hola Eitán. Los trastornos mentales son enfermedades muy frecuentes que afectan a los sentimientos y la conducta. Y normalmente, quienes los padecen no son capaces de explicar lo que les pasa. La depresión, por ejemplo, es una enfermedad profunda que genera tristeza, falta de interés, de energía, pero el o la afectada no sabe qué es lo que le pasa. Por eso intenté describir los síntomas desde el punto de vista de Micaela, que lo único que es capaz de decir es que «todo pesa mucho». Y la reacción de Javier, que tampoco entiende qué es lo que ocurre, porque su mujer no está herida, ni se le ve cicatriz, no hay una razón aparente ni un diagnóstico. Piensa que es sólo un mal día y trata de ayudarla con todo su amor. Por eso es una fractura sin explicación aparente, la intención es que el lector se ponga en el lugar del marido.
Muchas gracias por tu comentario. Un abrazo de Marlen
Hola, Marlen. Me parece fantástico que hayas tocado el tema de las emociones, en este caso en concreto, de la depresión. Cuando alguien está herido y brota sangre, o tiene un moretón, o una fractura, es fácil diagnosticar. Lo que no vemos, no lo entendemos como una enfermedad o lesión. De ahí la incomprensión a este tipo de trastornos.
Son complejos, no es fácil llegar a lo que los causa. Muchas veces no es el entorno, sino un fallo químico del cerebro. Entiendo a Javier, por lo que demuestra no es un mal hombre, solo que no puede entender lo que está pasando. Y ella, ha identificado ese momento con claridad, pero es arrastrada a su rutina y se deja llevar. Creo que esa sensación regresará. Las enfermedades del alma, del cerebro, o como uno quiera llamarles, al no ser tratadas, regresan con fuerza. Muy buen aporte, muy bien escrito. Me gustó mucho. Abrazos.
Hola Ana
Enfermedades del alma, enfermedades del cerebro, trastornos mentales, trastornos psicológicos… muchos nombres para definir estados de salud a los que tan poca importancia se da. Hay personas que recorren ambulatorios, consultorios médicos y hospitales en busca de un médico que le explique esa enfermedad, ese malestar que no logran entender. Y hay muchas más que ni siquiera inician el periplo porque no creen que están enfermas, porque ya se pasará, porque es la menopausia o un mal día.
Hay una gran cantidad de trastornos mentales que no son ni diagnosticados ni tratados, afectan física y mentalmente y son trastornos complejos, resultado de interacciones entre factores biológicos (química cerebral), genéticos y sociales (traumas, estrés).
Pero no son visibles, no se les da importancia, no hay moretón, no hay herida, no hay sangre, ya se pasará. Las reacciones en el enfermo y en el entorno, son diferentes pero he querido mostrar las menos graves. Estoy segura que Javier terminará por convencer a Micaela que debe consultar a un médico, estoy segura que Micaela ha comenzado a ser consciente de que algo no va bien. ¿Y los/las demás?
Me alegro que te haya gustado. Muchas gracias por tu comentario, Ana. Un abrazo fuerte.
¡Qué maravilla, Marlen!
Esta vez no te has extendido mucho, pero con cada frase has explosionado mil ideas y sentimientos que muchos hemos sufrido y que, por desgracia, suelen pasar desapercibidos para el resto. Muchas veces, menos es más. 😉
Esta frase: «No entiende la fractura, no hay sangre, no hay diagnóstico, no hay un porqué, no hay lógica», lo dice todo. Porque las enfermedades del cuerpo muestran síntomas que se pueden tratar y en algunos casos curar, pero las de la mente (o también podría decirse las del alma), esas todavía están en busca y captura.
Por fortuna, parece ser que, gracias a que famosos deportistas están poniendo el problema en la mesa, se les está haciendo más caso. Pero el desprecio, el desdén, la condescendencia, el ninguneo que muchos le dan a estos gravísimos problemas mantiene el peligro vivo y hace que siga siendo difícil buscar ayuda o cura.
Me ha gustado mucho cómo has usado el «todo pesa mucho», porque es vital. Cuando entras en este tipo de problema, hasta el aire te cuesta meterlo en los pulmones. Parece que andas por una densidad espesa, viscosa. Cada paso te cuesta un mundo. Hasta tus brazos y piernas pesan. Por eso a muchos les cuesta tanto levantarse de la cama o de un sillón. A los demás solo les parece flojera; a ellos un esfuerzo sobrehumano.
Felicidades, amiga. Le has sacado un punto al VadeReto que no pensaba, porque esa fractura en la vida es más usual de lo que parece, y recomponerla o salvarla, muy difícil. Gracias por regalarnos otro cuento emocional, reflexivo e impactante.
Abrazo Grande
Hola Jose.
Sí, es cierto, pocas palabras, porque no salen, no explican lo que le pasa, no explican nada, las palabras sobran y Micaela ya no tiene fuerzas ni para intentarlo. Los sentimientos tampoco salen a la luz ni se entienden. Sin embargo pesan y aunque pasan desapercibidos para el mundo, el sentimiento de inutilidad, de fatiga, de culpa vaya uno a saber por qué, es una sensación constante que hace la grieta cada vez más profunda.
La depresión no discrimina por estatus, éxito ni talento, y tanto el deporte de élite como el mundo del arte cuentan con numerosos casos de figuras públicas que han visibilizado este trastorno. La enorme presión por el rendimiento físico y la constante exposición al juicio público o a la inestabilidad emocional de la creación artística suelen ser detonantes comunes. ¿Te acuerdas de Vincent Van Gogh?
Probablemente uno de los casos más famosos fue el de «Simone Biles», una de las atletas que más medallas ha ganado en su carrera y cuya fama iba en constante ascenso cuando decidió, luego de las Olimpiadas en Tokio 2020, frenar y tomarse un tiempo porque, aunque amaba el deporte,
sentía que dedicarle su vida a él era demasiado estresante. Por otro lado, el nadador Michael Phelps generó fuertes polémicas ya que, al convertirse, con 28 medallas, en el medallista olímpico con mayores reconocimientos en la historia, tuvo que retirarse del deporte por sanciones vinculadas al consumo de alcohol y drogas, ante las cuales el nadador declaró que tiene periodos de fuerte depresión en los cuales ni siquiera quiere vivir.
Muchas gracias por tus palabras. Cuando vi el tema que habías elegido este mes, la fractura inexplicable e invisible fue lo primero que me vino a la mente, esa grieta que tantos sufren y tan pocos le conceden importancia: las enfermedades del alma. Un abrazo muy fuerte.
Hola Marlen,
He leído tu relato un par de veces y, la verdad, no se qué decir. Me parece muy bien escrito y crudo por lo real, me gustaría decir que es bonito, pero creo que no es así ni que esa fuese la intención. Está tan bien contado que sientes esa tristeza depresiva, esa sensación de impotencia y esa brecha que se abre entre el mundo y la protagonista. Y además así resulta, un día te levantas pensando que todo es un sinsentido y que todo requiere un esfuerzo supremo.
No te diré que la historia me ha gustado, si que me ha impactado y que me parece una obra maestra muy bien narrada.
Un saludo.
Hola Luferura.
Me alegro mucho de que el relato te haya llegado de esa forma. No, no es un relato bonito, no pretendía serlo ni gustar. Sólo pretendía acercar una mano, una oreja para escuchar, una palabra para acompañar.
Intuyo que tienes algún conocimiento de lo que he intentado describir. Y si, de alguna forma, has sentido que me acercaba a esos sentimientos de inutilidad, de fatiga, de culpa, que no salen a la luz ni se entienden, pero que sin embargo pesan y aunque pasan desapercibidos para el mundo, son una sensación constante que hace la grieta cada vez más profunda, siento que mi objetivo se cumple.
La depresión es un tema importante que requiere ayuda y si alguien, leyendo el caso de Micaela, decide buscar esa ayuda, me sentiría sumamente feliz.
Muchas gracias por tus palabras. Te mando un abrazo fuerte.
Porque a veces las grietas más hondas no tienen sangre ni diagnóstico, solo ese silencio que pesa más que cualquier palabra. Me quedo con el momento en que ella sabe que si toma la mano de Javier volverá a la normalidad, pero también sabe que algo, muy dentro, se ha roto para siempre. Gracias por escribir esta historia tan delicada y tan verdadera, «…y esa sensación de que el aire pesa toneladas.» digna de reflexionar cuántas veces andamos en la vida y sentimos en ocasiones «cayendo al abysus de nuestro destino» (esa grieta que nadie ve) pero está allí. Abrazos virtuales desde Venezuela
Hola Raquel. ¡Exactamente! a veces las grietas más profundas no tienen sangre ni diagnóstico, sólo ese silencio que pesa más que cualquier palabra. Micaela es muy consciente de que algo ha cambiado, no sabe cómo se llama pero sabe que su enfermedad no la abandonará fácilmente.
Creo que no se habla lo suficiente de los trastornos mentales y es necesario hacerlo para ayudar a sobrellevar enfermedades tan difíciles de determinar y tratar: la grieta inexplicable e invisible.
Un abrazo fuerte de Marlen.
Somos parte de un océano interior en el que algunos navega con su brújula que los guías, y otros se sumergen en lo profundo perdidos en un su propio naufragio. (los que su mente los domina)
Abrazos