Mi cerebro me maneja

¿Ofertas engañosas? Es tu cerebro el que te engaña. ¡No, no es una excusa para tu marido!

Con las celebraciones navideñas ya en el recuerdo, 2024 arranca con una lista de buenos propósitos: dejar de fumar, apuntarse a un gimnasio, ahorrar para un viaje… Pero en estos días lluviosos de enero en los que echamos la vista al calendario para saber cuándo llegará al fin la Semana Santa, todavía sobrevive en nosotros el deseo de darnos algún que otro capricho. En muchas ocasiones, las rebajas de enero suelen ser ese bálsamo que necesitamos, un oasis en mitad de la austeridad. Aunque muchas veces se trate de un mero espejismo.

Sabemos que muchas de esas gangas son una entelequia, una ensoñación movida por las persuasivas propagandas del mercado y nuestro deseo de volver a esos pequeños placeres que ahora nos prohibimos por la necesidad del momento. Entonces, ¿por qué sucumbimos a ellas cada año? ¿Por qué volvemos a comprarnos esa prenda o ese complemento que sabemos que nunca nos pondremos? ¿Por qué volvemos a gastarnos dinero en una oferta que seguramente tendrá trampa? No os martiricéis. La culpa es, al menos en parte, de nuestro cerebro. 

¿Cómo actúa el cerebro ante una decisión de compra? Se trata de un proceso complejo en el que en ocasiones nos movemos más por impulso que por puro razonamiento. Lo paradójico es que muchos de esos comportamientos irracionales que nos motivan a hacer clic en una página web o a darnos prisa por hacernos con ese jersey en oferta antes de que se agote, son precisamente fruto de la evolución. Nos han ayudado a actuar rápido ante situaciones difíciles, y, por lo tanto, a sobrevivir. Sin embargo, si no les ponemos freno de alguna manera, suelen ser contraproducentes. Podrían provocarnos ansiedad, y en última instancia, adicciones.

“En los procesos de toma de decisiones tenemos la sensación de que actuamos de manera voluntaria, pero, en realidad, a veces no somos tan libres. -explica Diego Redolar, profesor de neurociencias de la Universidad Oberta de Catalunya (UOC) y director de la unidad de neuromodulación y neuroimagen del Instituto BRAIN 360-. Hay factores que nos explican que nos decantemos por una u otra cosa. Están relacionados con diferentes regiones del cerebro implicadas en distintos procesos cognitivos: el razonamiento, el proceso de información emocional, el refuerzo y el hábito”. 

Así, la opción que acabemos tomando será el resultado de esa amalgama de procesos cerebrales y neurotransmisores. Entre las regiones más destacadas se encuentra la corteza prefrontal ventromedial, (sí, un nombre difícil, lo sé) encargada, entre otras cosas, de calibrar el coste de oportunidad. Será la zona que sopesará los pros y los contras, la que determinará cuál es el coste real aproximado y el beneficio de compra, el Pepito Grillo que recordará que deberíamos considerar otras opciones. En el otro extremo tenemos la amígdala y el núcleo accumbens. La primera está relacionada con las emociones. Nos impulsará a comprar aquello que apele a nuestros sentimientos profundos. Es la culpable, por ejemplo, de que busquemos esos dulces que nos recuerdan a la infancia. El segundo está vinculado a la liberación de dopamina, el neurotransmisor relacionado con la recompensa. Es lo que nos provoca ese subidón que tenemos cuando conseguimos algo que ansiábamos desde hace tiempo.

El equilibrio entre esas regiones actúa de manera distinta en función de la personalidad y del contexto. Dependiendo de qué parte tenga más peso determinaremos si ese descuento tan apetecible merece o no la pena. Por ejemplo, las neuronas de la corteza prefrontal ventromedial determinarán cuánto dinero estamos dispuestos a pagar, mientras que el núcleo accumbens nos empujará a comprarlo, sin importar el coste.

Si estáis planeando aprovechar los descuentos para tener un detalle con alguien especial, también estaréis sometidos a esas partes del cerebro y sus correspondientes neurotransmisores. La oxitocina, la dopamina, la serotonina y las endorfinas determinarán qué regalo será el más apropiado para el destinatario -en caso de que seáis vosotros quienes lo ofrecéis- o qué satisfacción y bienestar obtenéis, si sois los receptores. 

Así que no os preocupéis. Al final, hagamos lo que hagamos, somos esclavos de nuestro propio cerebro. Por cierto, si estáis pensando en devolver ese pijama que os regaló un familiar por Navidad, pensadlo un poco. La clave de cualquier regalo está en el reconocimiento. Por lo que, si no os gusta, deberíais poneros en la piel de aquel que os lo ha ofrecido. Pensad que ellos nunca lo harían… O quizás sí…

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

4 comentarios sobre “Mi cerebro me maneja

  1. Jelou, Marlen.
    En mi opinión, muy personal y loca, somos esclavos del consumismo. Aunque, en realidad, nos han «diseñado» para comprar, más que para consumir. Porque no veas la de cosas que compramos para no utilizar nunca, ni siquiera recién adquirido.
    Yo te iba a decir que no soy esclavo de esa vorágine de las rebajas y el comprayá, pero la verdad es que cuando aparece un LIBRO que me gusta, o de un autor que sigo y necesito en mi biblioteca, me creo que el libro solo estará a la venta unos días. Así que intento comprarlo cuanto antes, acumulando volumen tras volumen en la columna babélica de lectura.
    Ya pueden excusarlo psicólogos, científicos o psiquiatras, pero la realidad es que somos una especie rebaño y lo que manden los medios es una orden para el colectivo. Nada más que hay que observar las redes sociales, las colas en las cosas de moda (películas, shows, telebasura…) o en tener el último paratejo que tiene mi vecino.
    Yo que suelo comprarme la tecnología solo cuando se me avería la que tengo, que llevo la ropa o los zapatos gastados, pero más a gusto que un delfín en un aguapá, pues… recibo la correspondiente colleja de mi mujé y salgo raudo a cambiarlas. XDDD
    ¿Qué sería del mundo si pensáramos concienzudamente las cosas antes de hacerla? Como comprar cosas inútiles o fuera de nuestro alcance sin necesidad. Creo que explotaría por su inconsistencia y fatalidad.
    Ná. Seguiremos así durante lustros. Nuestros niños ya se están educando así también.
    ¡¡¡Extraterrestreeeees, venid yaaaa!!! Pero no traigáis cosas para vendernos, cabrones.
    ;))))
    Abraaaazooo

    1. Hola Jose.
      Ante todo, te aclaro que tu opinión no me parece ni personal ni loca. O si lo es, estoy tan loca como tú. Pienso exactamente lo mismo que tú, que estamos diseñados para «comprar» que no es lo mismo que «consumir», porque de lo que compramos, un porcentaje importante no lo consumimos. Por eso precisamente quería saber por qué cuernos nos pasa esto. Y llegué a la conclusión que has tenido la deferencia de leer y comentar. Es que sencillamente, mi cerebro me maneja. ¿Qué, cómo te has quedado? Y lo bien que sienta poder echarle la culpa a otro, ¿qué?
      Porque ahora ya sabemos que me he comprado ese libro que NECESITABA COMPRAR (sí Amigo, en esto también nos parecemos!!!) y lo he comprado en rebajas para sentirme gratificada por el descuento. Es más, después de wathsapearme contigo ayer sobre Elwyn Brooks White, he leído esta entrada nuevamente y he tenido una charla instructiva con mi amigo cerebro para convencerlo que me de permiso para NO comprarme todavía el que seguro me compraré dentro de unas semanas. Antes tendré que encontrar la llave de la caja (nooo la fuerte no, la otra) donde me escondí las tarjetas de crédito hasta que pase el BlackFriday, el BlueMonday y el Carnaval (que los disfraces ya están rebajados).
      Ah, por cierto, ¿qué tal vamos con el problema del ordenador? ¿Te vas acostumbrando al nuevo viejo que te han prestado? ¿O ya has caído en la trampa de Mr.Cerebro?
      Bueno, me voy a seguir buscando la llave. Y ¡¡¡no llames a los extraterrestres!!! ¡¡¡Por favor!!! ¿Te imaginas un Coste Inglés con souvenirs del infinito y más allá?
      Bye bye Myfren (esto de los black y blues tiene su lado educativo). Abrazo grandote.

  2. Además de verdad, jajaja. Por suerte nunca he creído en las rebajas porque un familiar mío trabaja en un comercio de fama y siempre que coincidimos dice lo mismo: los muy sinvergüenzas engañan a la gente subiendo los precios y luego ponen los descuentos. Un abrazo, muy buen post

    1. Hola Nuria.
      Sí, todos sabemos la nefasta costumbre de subir los precios para luego rebajarlos. Pero hecha la ley, hecha la trampa. Cuando me interesa comprar algo en rebajas, un tiempo antes me apunto «lo que te cobrarían si lo comprases en plena temporada» (y no digo «lo que cuesta», porque no es verdad. Cuesta lo que quieras y puedas pagar). Luego, no hace falta más que comparar.
      Me alegro que te haya gustado. Gracias por tu comentario. Un abrazo.
      Marlen

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