Mi pequeño mantra compartido

A veces me siento a escribir para entender lo que no sé decir en voz alta. Hoy vuelvo a hacerlo: ¡Escribe! me repito, como si el lápiz pudiera cobrar vida y actuar por sí mismo.

No sé por qué elegí sentarme precisamente aquí, en este banco de madera frente al viejo roble que resiste a todos los inviernos: quizás porque, desde pequeña, este fue mi lugar secreto, quizás porque hay momentos en los que uno necesita inventarse un refugio para no perderse.

Saqué del bolsillo el papel arrugado que había encontrado esa mañana, escondido entre las páginas de un libro de la biblioteca del instituto. No sabía quién lo había escrito. Lo único claro era que aquel texto no nació para ser leído en silencio: llevaba una fuerza extraña, una especie de demanda urgente dirigida al mundo. Decía así:

Yo soy una mínima parte del universo y todo lo que hace, lo hace por mí.
No es que me sienta el ser más importante de la creación, es que eso es lo que deberíamos repetirnos a nosotros mismos.
Espero que cuando llegue el momento pueda decir: lo he dado todo, he aprovechado cada instante que la vida me ha regalado ¡He vivido!

Lo leí varias veces. Había algo ahí, un brillo entre las palabras, como si alguien hubiera dejado una linterna encendida en mitad de la noche. Pensé en la gente que camina por la vida creyendo que no importa, que da igual lo que hagan, que nada trasciende. Pero este papel afirmaba lo contrario: recordaba que cada gesto, por pequeño que fuera, contaba.

Respiré hondo. Me pregunté quién lo habría escrito. ¿Una profesora cansada? ¿Un estudiante intentando convencerse de que su vida puede ser más grande de lo que parece? ¿Un desconocido que necesitaba dejar una huella mínima antes de seguir su camino?

Lo curioso es que aquellas líneas parecían dirigirse a mí. O a cualquiera que estuviera dispuesto a detenerse un momento. Pensé en mis propios días: en cómo salto de una tarea a otra, en cómo confundo urgencia con importancia, en cómo olvido —casi siempre— que existir ya es un milagro improbable.

Me sorprendí haciendo algo extraño. Coloqué el papel sobre el banco, apoyé las manos a cada lado, cerré los ojos y recité en voz baja aquellas frases, como si fueran un mantra. Y sin advertirlo, convertí esas palabras en un ritual: un ritual mínimo, íntimo, destinado a recordarme que vivir es mucho más que avanzar por inercia.

El viento movió las hojas del roble y me dio la sensación —irracional, lo sé— de que el árbol me escuchaba. Sonreí. Quizás esa es la magia de los rituales: no transforman el mundo, pero sí nos transforman a nosotros.

Cuando abrí los ojos, vi a un chico del instituto acercarse. No lo conocía bien, siempre tenía cara de estar pensando en cosas demasiado profundas para su edad.

.- ¿Eso lo escribiste tú? —preguntó señalando el papel.

.- No —respondí—. Lo encontré. Aunque, en realidad… creo que me encontró él a mí.

Se rio. Se sentó a mi lado sin pedir permiso, como hacen los que no temen interrumpir el destino.

.- Curioso —dijo—. Yo también he encontrado papeles así. O me han encontrado. Como si alguien quisiera que estuviéramos más atentos.

Lo miré sin saber qué decir. Él continuó:

.- Tal vez sea alguien que quiere que despertemos. Que recordemos que somos parte del universo… y que deberíamos comportarnos como si nos importara.

Levanté el papel entre los dedos. Una idea absurda me cruzó la mente.

.- ¿Y si seguimos la cadena?

.- ¿Cómo? —preguntó él.

Acuarela Jarrón lilas y violetas

.- Dejando el texto en otro lugar. O escribiendo otro. Algo que abra una grieta en la rutina de alguien. Algo que haga pensar.

Él sonrió con los ojos, que es la forma más honesta de sonreír.

.- Me gusta —dijo—. Podría funcionar.

Nos quedamos un momento en silencio, mirando el roble, como si esperáramos que nos diera algún tipo de permiso milenario. No lo dio, claro, pero el viento movió sus ramas suavemente, y eso fue suficiente.

Me puse de pie.

.- Voy a copiarlo a mano, en otro papel. Y añadir una frase más.

.- ¿Cuál?

Pensé un instante. Después, escribí en letras grandes al final:

“Haz de tu vida un acto deliberado, no automático.”

Él asintió, solemne, como si hubiéramos decidido algo importante sin darnos cuenta.

 Nos despedimos sin demasiadas palabras. Caminé hacia la salida del parque sintiendo que había iniciado algo pequeño, casi ridículo, pero auténtico. Algo que quizás, dentro de un tiempo, tendría sentido.

A veces pienso que la vida entera es eso: un cúmulo de gestos invisibles que sólo se revelan cuando alguien los encuentra. Que cada uno de nosotros escribe una historia que no sabe quién leerá. Un mensaje dentro de una botella arrojada al océano del tiempo.

Ese día dejé el papel en la parada del autobús. Lo escondí entre el respaldo de un asiento y la ventana. Me alejé sin mirar atrás.

No sé quién será la próxima persona en encontrarlo.

No sé qué significará para ella.

No sé si lo guardará, lo tirará o lo convertirá en su propio ritual.

Lo único que sé es que, por un instante, sentí que yo también había dado algo.

No sé si suficiente. Pero algo.

Y tal vez, sólo tal vez, ese sea el comienzo de… casi todo.


Si quieres ver el resto de aportes al reto: https://adellabrac.es/reto-de-escritura-5-lineas-diciembre-2025/

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

6 comentarios sobre “Mi pequeño mantra compartido

  1. Hola, Marlen.
    Precioso relato. Qué importante es buscar nuestro propio mantra para combatir a diario, porque, a veces, cada día es una batalla.
    Me ha gustado mucho esa idea de ir dejando frases por el mundo para que sean pequeños detonantes, como gotitas de lluvia, que vayan activando ilusiones y esperanzas. Me ha recordado un cuento que tengo por ahí, a medio escribir, dónde los personajes van dejando notitas dentro de los libros de una biblioteca. Algún día encontraré su final.
    Muchas gracias por tus pequeñas notas-blogueras que consiguen el mismo efecto que en el cuento.
    Abrazo Grande.
    PD. Solo a una CuentaCuentos tan abilidosa como tú, encima vazco-argentina, le podían dar de sí tanto «5 líneas de texto». (Es broma, 😜😝😂).

    1. Hola Jose.
      Es cierto, cada día es una batalla a la que nos tenemos que enfrentar con todas las fuerzas posibles y todas las energías puestas en disfrutar y hacer disfrutar a quienes amamos. Lo sé, no siempre es fácil, pero poner toda la energía en ello es la forma. Lo de dejar frases por el mundo me encanta y lo he hecho más de una vez, también he dejado libros en bancos de plazas y es un placer espiar la reacción.
      ¿Así que eras tú quien había dejado la nota en el libro de la biblioteca?
      Me encantó la idea de que mis pequeñas notas blogueras pudieran tener la fuerza de movilizar mente y espíritu. ¡Ojalá fuera así! Ojalá con nuestras palabras llegáramos a calmar un dolor, una tristeza, a entusiasmar deseos y planes, a reflexionar y tomar decisiones positivas. ¡Te imaginas!
      PD: Que conste que el «Reto 5 Líneas» lo cumplí y lo puse en la web de Adella Brac. ¡5 líneas exactas y 485 caracteres con espacios! Pero me daba pena no subir esta, la versión completa. Se perdía mucho en el viaje. Y tú ya sabes que me gusta romper las normas y reglas estrictas. 🤣😂🤣 Un abrazo grandote.

  2. Bueno, hacer 5 líneas de lo anterior me parece un ejercicio tremendo de síntesis. La historia es preciosa e inspiradora. Hay rituales, mantras, o lecturas que nos ordenan por dentro y al estar «ordenados» podemos ver el mundo de otra forma, sin dejarnos avasallar por él. Enhorabuena Marlen, abrazo fuerte.

    1. Hola Ana
      En estos retos que implican una gran síntesis, siempre me pasa lo mismo: empiezo a escribir y luego corto y corto y corto. Pero participo en el reto con las 5 líneas y los 485 caracteres con espacios. Lo que pasa es que luego me quedo con pena de no dar a conocer el cuento completo y lo subo a mi blog como una entrada más. Ya sé, parece una trampa, pero me esfuerzo en lograr el reto respetando las reglas. Y eso me deja más conforme.
      Sí, lo has definido perfectamente: los rituales, los mantras nos ordenan los pensamientos y entonces la visión del mundo es otra muy diferente, tal vez reduciendo el dolor que nos produce la violencia que nos acosa diariamente.
      Gracias por tu comentario, un abrazo bien fuerte.

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