Cuando la vista de un pezón escandaliza más que la de una muerte

Hace años (desde el golpe militar de 1976 hasta la derrota en la guerra de Malvinas de 1982) se hizo famoso en Argentina un personaje llamado “Tato”. Era el sensor del Ente de Calificación Cinematográfico que seleccionaba las escenas de películas o programas de televisión que no podían ser vistas porque eran consideradas indecorosas, estaban en contra de las buenas costumbres y la moral. Así que las cortaba y no las dejaba emitir.

Si hoy nombraran un cargo así en nuestra televisión, pondríamos el grito en el cielo. Pero no nos damos cuenta que no hace falta nombrar a nadie, porque nosotros mismos nos hemos convertido en sensores de la moral. Y nos escandalizan escenas de sexo o la vista de un seno, mucho más que la muerte en directo. Que conste que la muerte me parece tan natural como el nacimiento o la vida misma. Lo que me preocupa es que no nos indignemos o no reaccionemos ante los cadáveres de los que llegan en patera a nuestras playas o los muertos en la guerra de turno, pero se disparen los comentarios ante un pezón.

Hace unos años, dos periodistas gaditanos reaccionaron contra la pasividad con la que Occidente asiste a la tragedia de los refugiados que mueren en nuestras costas haciendo una performance que dio mucho que hablar. La playa Santa María del Mar de Cádiz amaneció con unos 50 extras representando la muerte de las víctimas. No eran las playas de Zuara en Libia, ni las de Italia. Y, por suerte, las personas que yacían sobre la arena no corrieron la misma suerte que los miles de emigrantes que pierden la vida en el mar, que huyen, que sufren, tratando de hallar un nuevo futuro. Desde la famosa foto del niño sirio, Aylan, ¿cuántos niños como él han muerto? 

¡Contra la insensibilidad, acción!

Según la Wikipedia, en un sentido amplio, se considera la censura como la supresión de material de comunicación que puede ser considerado ofensivo, dañino, inconveniente o innecesario para el gobierno o los medios de comunicación, según lo determinado por un censor.

Si bien hay distinto tipo de justificaciones para una censura, me estoy refiriendo aquí a la censura moral que considera obscenas ciertas expresiones o imágenes que ofenden la moral imperante.

Aún se sigue hablando del escándalo de Janet Jackson en la emisión de la Super Bowl del 2004, cuando Justin Timberlake le sacó parte del atuendo y expuso por un instante su seno derecho frente a la audiencia televisiva.

Hace unos meses, en el Musée d´Orsay, en París, se prohibió a una mujer ingresar porque el escote de su vestido era provocador. Se ve que ninguna de sus autoridades se ha dignado dar una vuelta por sus salas. Ya veréis la foto de dos de sus cuadros famosos: “Almuerzo sobre la hierba” de Édouard Manet o “El origen del mundo” de Gustave Courbet. Si no me las censuran, claro.

En el cine, la música y el arte en general, la censura ha sido aplicada por los estados, las religiones, los sistemas educativos, las familias y los grupos de presión. Pero con el tiempo nuestra visión de lo artístico cambia y con ella, la idea de lo censurable también cambia. Aparte de las justificaciones de la pornografía, el lenguaje y la violencia, algunas películas se censuran debido al cambio de actitudes raciales o de corrección política a fin de evitar los estereotipos étnicos o de género.

En Estados Unidos existe la Motion Picture Association of America (MPAA) que es una asociación fundada en 1922, que se constituyó para velar por los intereses de los estudios cinematográficos. Una de sus labores iniciales fue la de instituir el Código Hays, un acuerdo por el cual los contenidos y la forma de las películas de Hollywood deberían abarcar una serie de valores y normas acordes con el modo de vida estadounidense. En un principio, estos valores eran de carácter progresista: antibelicismo, protección de las clases bajas, denuncia de los abusos de los poderosos, etc. Pero con la crisis económica de 1929 que asoló los EEUU hasta el fin de la segunda guerra mundial y el advenimiento del Macartismo, la caza de brujas de Hollywood, se generó una ola de conservadurismo en la producción de Hollywood que duró hasta el advenimiento del llamado “cine independiente estadounidense”.

Escritores como Noam Chomsky argumentan que los medios de comunicación que son propiedad de corporaciones, usan sistemáticamente la autocensura debido a las presiones de los mercados. Está claro que los creadores de algunas expresiones artísticas eliminan de su obra material que su gobierno podría encontrar controvertido, por miedo a ser sancionados por los gobernantes o para satisfacer las expectativas de un mercado en particular. Por ejemplo, cuando los editores de un periódico (consciente o inconscientemente) evitan ciertos temas que podrían enojar a sus anunciantes o a su empresa matriz y así proteger sus ingresos.

En cuanto a la autocensura, a veces se da por miedo a las consecuencias o por el temor de que nos tachen de locos. Pero en la mayoría de casos, ni siquiera nos damos cuenta de nuestra actitud y es que las opiniones de la generalidad se instalan tan firmemente y sin que seamos conscientes de ello, que nos descubrimos afirmando o negando cosas sin haberlas analizado realmente, sin haber reflexionado sobre si lo que decimos corresponde a nuestra forma de pensar o sólo estamos repitiendo lemas inculcados desde los medios o las redes sociales.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

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