90 años después

El martes 14 de abril de 1931, tras las Elecciones Municipales del 12 de abril y sin derramar una gota de sangre, se proclamó la República desde los balcones ocupados por los nuevos concejales y el rey Alfonso XIII se vio obligado a abandonar el país. Abandonó España sin abdicar formalmente y se trasladó a París, fijando posteriormente su residencia en Roma. En enero de 1941 abdicó en favor de su tercer hijo, Juan de Borbón.

Ese mismo día 14 de abril, el comité revolucionario se convirtió en el Primer Gobierno Provisional de la Segunda República Española y detentó el poder político en España desde la caída de la Monarquía de Alfonso XIII y la proclamación de la República hasta la aprobación de la Constitución de 1931 el 9 de diciembre y la formación del primer gobierno ordinario el 15 de diciembre.

Hasta el 15 de octubre de 1931 el gobierno provisional estuvo presidido por Niceto Alcalá Zamora, y tras la dimisión de éste a causa de la redacción que se había dado al artículo 26 de la Constitución, que trataba la cuestión religiosa, le sucedió Manuel Azaña Díaz al frente del gobierno.

La ciudad guipuzcoana de Éibar fue la primera ciudad en alzar la bandera tricolor, la madrugada del martes 14 de abril de 1931, a las seis y media de la mañana.

La corporación municipal recién elegida en las elecciones del domingo (10 concejales socialistas, 8 republicanos y 1 del PNV) proclamó la Segunda República.

La bandera tricolor fue izada por el concejal más joven de la recién elegida corporación, Mateo Careaga, que era miembro del Grupo de Acción Republicana.

Este hecho suponía una profunda transformación de la distribución del poder, ya que por primera vez accedieron a él las clases medias y los trabajadores. 

La gente se dio cita en las plazas de ciudades y pueblos, para celebrar el resultado de las elecciones y proclamar festivamente la República. Una movilización emotiva, incontenible, que manifestaba el sentimiento que se había ido abriendo paso en la calle, en los cafés, los lugares de trabajo y en los corazones, más que en las sedes de los partidos.

La República no fue la conquista de un grupo político determinado, sino más bien el resultado de una movilización popular contra la Monarquía.

La Segunda República sufrió un severo aislamiento, ya que los grupos inversores extranjeros presionaron a los gobiernos de sus países de origen para que no apoyaran al nuevo régimen, temerosos de que las tendencias socialistas que cobraban importancia en su seno, terminaran por imponer una política de nacionalizaciones sobre sus negocios en España.

Y a pesar de que no hubo ninguna nacionalización durante el periodo republicano, sin embargo el respaldo de las potencias extranjeras alentó a muchos generales conservadores para que planificaran insurrecciones militares y golpes de estado como la Sanjurjada de 1932 y el golpe de 1936 que desembocó en la Guerra Civil Española.

Sin duda, la República cometió errores, como cualquier gobierno. Posiblemente, el mayor de ellos fue la incapacidad de sus dirigentes para ver venir las amenazas. Pero sin duda, fue un régimen mucho mejor que la corrupta monarquía de Alfonso XIII que impulsó dos dictaduras militares y que una guerra civil que impuso una dictadura de 40 años. Con ella se puso fin al mayor proyecto de modernización y emancipación de la historia española.

Ya lo dijo Alfonso XIII: “La República es una tormenta que pasará pronto”. Los monárquicos, la oligarquía, la iglesia y el ejército se encargaron de cumplirlo. Y, para más coña, no dejaron de culpabilizar a la víctima de su caída.

España pasó de ser una de las democracias más avanzadas, a ser una dictadura represiva y retrógrada que detuvo una reforma social, rural, cultural, científica y económica sin parangón hasta la fecha, destinada a reducir las desigualdades, llevar la educación a todos y todas, impulsar la emancipación de la mujer, convertir a los súbditos en ciudadanos y acabar con los privilegios.

90 años después, ¿quiénes recordamos sus logros? ¿Qué aprendimos de todo aquello?

El presente es un pequeño extracto del libro “En busca de un tiempo olvidado”, donde narro con textos e imágenes, la historia de mi familia y su participación en la Guerra Civil y el posterior exilio.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

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