Cuando las denuncias eran eternas

Recuerdo que cuando llegué por primera vez a Colonia, me quedé enamorada de la catedral, casi tanto como de la catedral de Chartres. Es que los templos góticos me encantan y su interior me sume en una paz que envuelve en colores a todos los que se aventuran a recorrerlo.

Por otro lado, tenía interés en ver cómo había sido restaurada, luego de la destrucción de una de las torres y de algunos vitreaux en los bombardeos aliados de la Segunda Guerra Mundial.

Lo que no sabía y me enteré bastante tiempo después, al leer un tweet que se hizo viral hace unos años, es que en el Ayuntamiento de la ciudad, el más antiguo de Alemania con una historia que abarca unos 900 años, un hombre de piedra decoraba su torre causando revuelo entre propios y extraños.

Vayamos por partes. El ayuntamiento se encuentra en el lugar donde se levantaba el antiguo pretorio romano, que hasta el año 475 era la sede de los gobernadores romanos de la Germania Inferior. Pero el edificio quedó destruido por un terremoto en el siglo VIII.​ En el año 1330, se construyó un salón de reuniones, sede del Rathaus y entre 1407 y 1414, encargada por los gremios, se erigió la torre, sede del Senado y espacio de almacenamiento de documentos. La loggia fue lo último en edificarse (mediados del XVI) y sirve de entrada al Ayuntamiento.

En uno de los muros de la torre, hay una de las gárgolas más bizarras de la historia de la arquitectura. Se trata de una figura masculina con sus propios genitales en su boca, es decir que está haciéndose una auto-felación. La obra en cuestión está a una altura de unos pocos metros, es bastante pequeña y está escondida detrás de una estatua más grande de un obispo. Un hombrecito de piedra en el Ayuntamiento de Colonia mira a los turistas, transeúntes y parejas de novios que acaban de decir que sí. Una vez que lo hayas descubierto, te reirás como un crío. Y luego te preguntarás: ¿Qué está haciendo allí?

Nadie sabe, a ciencia cierta, por qué está allí. Al parecer, se trata de la venganza de los maestros constructores contra el arzobispo de la ciudad Konrad von Hochstaden por subir los impuestos de la cerveza. O tal vez, al estar sugerentemente colocada debajo de la figura del arzobispo, quisieron indicar que el príncipe de la iglesia no había llevado una vida demasiado casta.

Pero hay un detalle que no concuerda: la estatua del arzobispo es más reciente. Después de que la torre del ayuntamiento de Colonia fuera destruida en gran parte en la Segunda Guerra Mundial, la ciudad decidió reconstruirla y decorarla con grandes de la historia de la ciudad. En la Edad Media había santos en estos lugares. La figura en cuestión debajo del arzobispo tiene solo unas pocas décadas, pero es una copia de un original mucho más antiguo de alrededor de 1410 que se conserva dentro de la torre. Entonces no es una fantasía de los tiempos modernos, sino que en realidad se creó en la Edad Media.

El arzobispo Von Hochstaden (1205-1261) fue un personaje controvertido y no demasiado querido en su época. Intervino activamente en los asuntos políticos y religiosos de la época y, si bien salió victorioso en la mayoría de sus disputas, su estilo intrigante y traicionero le granjeó mala fama.

Las gárgolas con motivos obscenos eran habituales en las catedrales góticas y su función podía ser denunciar la lascivia y la promiscuidad, en ocasiones de los propios religiosos.

Los motivos de índole sexual eran tolerados por las autoridades de la época, en un equivalente decorativo equivalente a la libertad permitida en Carnaval. Según explica el historiador de arte Ulrich Krings: “Era un motivo muy popular, se trataba de enseñarle el culo a las autoridades, literalmente. Con una sexualidad cruda y explícita se transmitía que no les importaban las nociones de moralidad o el orden impuesto por las autoridades”. Las figuras provocativas, por otro lado, en su mayoría aludían a los siete pecados capitales, en este caso a la lujuria.

Lo cierto es que, por un motivo o por otro, la figura sigue suscitando el asombro de los turistas. Aunque, como explica la guía de la ciudad: “Cuando hago un recorrido escolar, no necesariamente voy a esta figura”.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

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