La felicidad está hecha de pequeñas cosas

Las viviendas de lujo han aumentado sus precios de forma astronómica. Una gran ubicación, unas buenas vistas, mucha luz, un mobiliario de diseño, elementos artísticos y arquitectónicos, seguridad, elementos de confort como piscina o jardín… El lujo va ligado a cosas que hacen únicas esas propiedades.

En un momento en el que el lujo, para muchos, es tener acceso a una vivienda en alquiler o propiedad, sea del tamaño que sea y esté donde esté, algunos privilegiados pueden buscar y comprar casas de alto standing. 

Decía el gran Groucho Marx que “la felicidad está hecha de pequeñas cosas: un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna…”. Fuera de bromas, no todas las casas con 15 habitaciones y miles de metros cuadrados de parcela o con un precio desorbitado, pueden asegurar la felicidad de quien puede comprarla.

La comunidad de “Yryapu” (Ruido de Agua), una pequeña aldea indígena de origen guaraní, se encuentra en las afueras de la ciudad de Puerto Iguazú, en la provincia de Misiones (Argentina), a pocos minutos de las Cataratas de Iguazú, una de las siete maravillas naturales del mundo y a tan sólo unos kilómetros de la Triple Frontera compartida con Brasil y Paraguay.

Esta zona se caracteriza por las elevadas temperaturas, la humedad agobiante y un entorno selvático. Allí, en el extremo norte de la región del Litoral, unas 100 familias aborígenes construyeron sus chozas sobre la tierra rojiza, manteniendo su organización ancestral y los típicos rituales espirituales.

El lugar cuenta con una cancha de fútbol, una escuela bilingüe dependiente del Gobierno provincial y precarias viviendas de madera, algunas instaladas con cañas de bambú.

Junto a los hogares, plantaciones de alimentos que se consumen dentro de la comunidad. Y entre las casas, de un árbol a otro, las mujeres tienden la ropa que fue lavada en el río, para dejarla secar, mientras los niños corretean en los senderos.

El barullo infantil se escucha en todo momento. De fondo, también suena una ceremonia tradicional, los chamanes dan las gracias a ‘Ñanderú’ (el dios supremo) y a ‘Ñamandú’ (el sol). Los vecinos sonríen y una mujer nos invita a su choza montada con tablones de madera. Aunque no tiene mucho para dar, ofrece tereré (una bebida fría con yerba mate y jugo de fruta, ideal para el verano) junto a una porción de miel, que se produce de forma natural en la zona y se come succionando.

Quince jóvenes de la aldea trabajan bajo un calor extenuante, para instalar un sistema que garantice el recurso hídrico entre su gente: una simple manguera. Parece poco, pero colocar ese artilugio, que simulará ser una cañería, es toda una proeza para estos sencillos habitantes. Los pobladores podrán, a partir de ahora, ir a buscar agua al centro del poblado y no a kilómetros de distancia.

Me pregunto si aún viviendo en esas condiciones, serán felices.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

8 comentarios sobre “La felicidad está hecha de pequeñas cosas

  1. Ya sabes, no es más rico quién más tiene, sino quien menos necesita. De todas formas, entre esos dos extremos que presentas hay mil tonos de gris y, para serte sincero, después de tantos años trabajando con mediciones y planos, todavía no he visto en ninguno como se convierte una casa en un hogar: debe ser que eso siempre lo aporta el cliente.
    Un abrazo!!

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    1. Creo, Isra, que no es más rico quien más tiene sino quien ha aprendido a disfrutar de lo que tiene, tanto en el plano material, como en los afectos. Por lo menos, es lo que los años me han enseñado. Y por supuesto, entre los dos extremos hay mil formas diferentes de vida. Pero en todas ellas, es válido lo anterior. Disfrutar más, no significa acumular más.
      En cuanto a convertir una casa en hogar, no hay arquitecto ni decorador que pueda lograrlo. Eso, como tú bien dices, siempre lo aporta el cliente, o más bien los seres que comparten su alma con lo que hay dentro de un hogar, con sus muebles, sus libros, sus recuerdos y fotografías, con el aroma de la comida compartida y las risas y lágrimas que han llenado sus espacios.
      Gracias por entrar y comentar. ¡¡Un abrazo Isra!!

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  2. Egun On, Marlen.
    Al leer el título, te iba a hacer la grashieta de Groucho, pero ya he visto que también te ha inspirado. 😜
    Preciosísima entrada. Me encantan estos paraísos naturales que sobreviven ante la aplastante «civilización».
    La verdad es que cada vez creo más en la aseveración de que no es más feliz quién más tiene, sino quién está satisfecho con lo que tiene.
    Creo que es fundamental tener las necesidades mínimas cubiertas. Ya se sabe: casa, comida y salud. Pero siempre es necesario añadir algún pequeño homenaje de vez en cuando. Sobre todo para salir de la rutina diaria.
    Cuando veo a algún chavalín de estas aldeas bailar, cantar y reír con esas preciosas sonrisas que tienen, no dejo de compararlo con nuestros hijos y pensar en qué pasaría si intercambiáramos los papeles. Creo que en el fondo los dos serían infelices, porque están adaptados a un modo de vida distinto.
    El problema del mundo actual es que se promueve la adicción al consumismo y al desear más. Y cuando se tiene, despreciarlo y anhelar otra cosa. Son muchos los que viven, e incluso se enriquecen, con este modo de vida.
    En el fondo, no son culpables nuestros hijos, sino nosotros que queremos que ellos no carezcan de lo que padecimos nosotros. Y nos pasamos, claro.
    Creo que pasar una temporadita con estas comunidades indígenas debería ser casi obligatorio. Nos situaría en contexto. Nos haría comprender la desigualdad. Nos activaría la solidaridad. Nos haría apreciar muchísimo lo que tenemos. Nos… muchas cosas, pero a la semana casi todos estarían dando boqueás como los peces fuera del agua, deseando volver a la ansiada y maravillosa «civilización».
    A mí, en concreto, me haría mucho bien. De forma activa, ayudando. Creo que me regalaría años de vida. Pero lo mismo mi cuerpo se queja demasiado. 😂😂😂
    Felicidades por la entrada, por las maravillosas fotos y por el conocimiento de estas maravillas. Siempre maestra, siempre enseñando, siempre enriqueciendo nuestros corazones. Esa es Trujamán.
    Besarkada, muxu eta asteburu on. 🤗😊😘👍🏻

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    1. Yo también creo, Jose, en eso de que no es más feliz quien más tiene, sino quien está satisfecho con lo que tiene, quien sabe disfrutar de lo que tiene, compartiéndolo con quien está a su lado. Esos críos de aldeas perdidas que bailan, cantan y te regalan sus risas, que se acercan a ti con ganas de escucharte y de contarte cómo se divierten con lo que tienen. Si intercambiáramos los papeles con nuestros niños, posiblemente los dos serían infelices en un primer momento porque se tendrían que adaptar y los cambios no son fáciles. Pero, tal vez un tiempo después, el niño de la aldea estaría encandilado por todo lo de alrededor, mientras el de la ciudad andaría trepando a los árboles. O tal vez, no. Porque en definitiva, todo depende de la capacidad que hayan desarrollado para sacar provecho a lo que nos rodea. Y esa es una de las cosas importantes que nosotros, como adultos, tendríamos que aprender a inculcar en nuestros críos.
      En cuanto a pasar una temporadita en un ambiente así, tuve la oportunidad de convivir un par de semanas con la gente de un conventillo de Buenos Aires. Al principio, todo me hacía sentir que quería salir corriendo: en busca de un lugar con menos gritos, de un baño que no tuviera que compartir con tanta gente, de que respetaran un rincón donde tuviera algo de privacidad. Fueron mucho más esas cosas las que extrañé, que cualquier cosa material. Pero poco a poco la realidad me fue ganando y cuando terminamos el trabajo que nos habíamos propuesto y me fui, me costó mucho el dejarlos.Eso si, mantuvimos por bastante tiempo nuestra deliciosa relación.
      ¡Disfrutar! ¡Compartir! ¡Jugar en el mundo con lo y los que tenemos a nuestro alcance! ¡Aprender! Bueno, un poco lo que hacemos aquí, con nuestros textos y nuestros comentarios.
      Como siempre, gracias por tus palabras Jose.
      Asko gozatzen duzula zure larunbata. Besarkada bat haur zoriontsuari!

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      1. Ay, Marlen.
        Ojalá poder disfrutar de esa experiencia. Aunque creo que me golpearia la pena al marcharme o ver que no puedo ayudarles en más. Ojalá tener 20 o 30 años menos y un cuerpo para la aventura. Me iba del tirón (expresión gaditana que quiere decir: ¿hoy? No, ayer, que ya estás tardando 😝).
        La despedida, hasta que llegue a casa y me lo chive san gugel… 🤷🏻‍♂️😂
        Abrazote sureño. 🤗

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  3. Cuando dejé de vivir con ellos esos días, las paredes estaban en su sitio, sin humedades y pintadas de blanco. Todos grandes y chicos, trabajamos como negros, pero nos divertimos muchísimo. Y como seguíamos viviendo en la misma ciudad, cada dos por tres compartíamos una guitarreada con pizza. No era lo mismo, porque compartir el día a día fue muy especial, nos unió mucho, pero quedó una hermosa amistad.
    Era otra época y teníamos otros años. A esta altura de la vida, doy las gracias por haber vivido intensamente cada época que me tocó vivir. Y seguir haciéndolo. ¡Mientras el cuerpo aguante! Abrazo grandote.

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  4. Hola Marlen, tengo un libro en mi lista de -wishlist- para leer, que se llama justo así como tu título: La felicidad de las pequeñas cosas, es del autor Ansel Grun, yo he leído varios títulos de él y es uno de mis favoritos, … por lo que te leo, a lo mejor te gustaría leer

    Siempre me encanta lo que compartes, siento que a pesar de la diferencia entre ambas, tenemos muchas cosas en común.

    Te mando un abrazo. Gracias por seguir escribiendo y compartiendo.

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  5. Hola Julieta, estuve mirando el libro que me recomiendas de Ansel Grün, y me gustó lo que propone: «Muchas veces es suficiente con ver las cosas desde otra perspectiva para sentirse cómodo con uno mismo y con su vida. Para esto juega un papel importante la actitud ante la gratitud: quien está agradecido por el día de hoy, también puede encontrar la felicidad en las pequeñas cosas, sin importar lo difícil que sea el momento.» Estoy totalmente de acuerdo. Lo pongo en mi lista de lectura. ¡No me alcanza el tiempo!
    Me alegra que te guste lo que escribo y te agradezco que comentes las entradas. Las diferencias, a veces, son sólo «ver las cosas desde otra perspectiva», como dice Grün. Y, de todas formas, reflexionar sobre lo que otro propone, enriquece mucho. Así que gracias a ti y yo también te mando un abrazo fuerte.

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