El edificio imposible

Liliane, la persona que subió esta imagen a Pinterest, aclara en sus comentarios que es una arquitectura egipcia que está en El Cairo, Egipto. En cuanto a las críticas recibidas, de ser arquitectónicamente «imposible», escribe que esta fachada no tiene nada que ver con el diseño interior y que, además, es bastante antigua.

Santo Tomás de Aquino (1224-1274) presbítero, fraile, profesor, teólogo, filósofo y jurista católico que escribió la “Summa theologiae”, un compendio de la doctrina católica, utilizaba frecuentemente en sus obras y en su forma latina, la expresión “Nullus tenetur ad impossibile” (Nadie está obligado a hacer lo imposible). La aparición de la expresión se remonta, por lo tanto, al menos a la época medieval, y pertenecería al ámbito de la teología y la filosofía.

¿Imposible? Mi madre, para acabar una discusión y mantener su punto de vista, solía decir “Lo que no puede ser, no puede ser y además, es imposible.”

Nadie puede tener la obligación de realizar un acto si no es factible. No se puede esperar que alguien logre lo imposible.

Según el ingeniero aeronaval Igor Sikorsky, uno de los padres de la aviación, el abejorro desafiaría las leyes de la física y la aerodinámica. La relación matemática entre las alas y el peso del abejorro nos demuestra que volar es imposible para él, pero el abejorro lo ignora, por eso vuela.

Desde 1990, Charles Ellington, profesor de mecánica animal de la Universidad de Cambridge, se ha preguntado cómo un ser tan pesado podría volar con alas tan pequeñas y conseguir batir sus alas hasta 200 veces por segundo.

Si obviamente tenemos en cuenta el único fenómeno de elevación y ciertos parámetros mecánicos de la aeronáutica, el abejorro no podría volar. Pero esto sería cierto si no contáramos con otros fenómenos como la depresión que el latido de las alas provoca a alta velocidad. Por lo tanto, es gracias a una conjunción de fenómenos que el pequeño insecto alcanza hasta 20 km/hra.

Igor Sikorsky no tenía las herramientas necesarias en ese momento, aún no podía entender cómo era posible. Ahora sabemos que logran volar gracias a los músculos particularmente eficientes y al combustible muy rico en azúcares que es el néctar de las flores.

Se atribuye a Mark Twain la frase: «No sabían que era imposible, así que lo hicieron».

¡Es cierto! Si el abejorro hubiera sido consciente de esta teoría, tal vez no volaría. Básicamente, fue gracias a su ignorancia de las leyes de la aerodinámica, su audacia o su inconsciencia que podía hacerlo.

Según parece, esta teoría se utilizó en la década de 1950 para animar a los equipos de la NASA con una foto de un abejorro que se colocó en las instalaciones de la agencia del gobierno norteamericano responsable del programa espacial. No sé si esta anécdota es cierta, pero ha servido para que los seguidores del pensamiento positivo demuestren su poder.

En la NASA, como en la vida misma, nadie sabe realmente lo que se puede o no se puede hacer. Las innovaciones se suceden y lo que era imposible ayer, se ha hecho posible hoy. Cuando yo empecé a trabajar en computación, había ingenieros que afirmaban que sería imposible llegar a una memoria de un gigabyte debido al calor generado. Hoy en día, no sólo hablamos de gigabyte, sino de terabyte, petabyte, exabyte y hasta de otras unidades mayores como el zettabyte o el yottabyte, que son las dos unidades que siguen en tamaño al exabyte, y que son tan grandes que prácticamente no se utilizan más allá de campos teóricos o en supercomputación.

El hecho de que actualmente algo no sea posible, no significa que no sea posible mañana. Así que vamos a darle una vuelta de tuerca al inicio de nuestra conversación. Si pienso que todo es posible, a nadie se puede obligar a no intentar todo lo posible para conseguir lo imposible.

Al final, como dijo Oscar Wilde: “Siempre hay que apuntar a la luna, porque incluso en caso de fracaso, aterrizamos en las estrellas”. Entonces, ¿por qué no?

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

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