Hoy quiero que hablemos de la postura actual sobre “creer o no creer”. No, no vamos a hablar sobre religión. Aunque también, ¿por qué no?
“Si no lo veo, no lo creo” dijo Santo Tomás de Aquino y mi abuela Meme, ejemplo de incredulidad, que mostraba su asombro o sorpresa ante aquello desconocido que le contaban que había ocurrido y que era difícil de imaginar o predecir. Por ejemplo, sobre los OVNIS y la posibilidad de vida fuera de nuestro planeta. Pero no, tampoco va de extraterrestres.
Hoy os voy a contar lo que logró hacer Salvatore Garau, pintor italiano contemporáneo nacido en Santa Giusta (provincia de Oristano, Italia), que tiene obras expuestas en las colecciones de varios museos italianos, como el Museo del Novecento en Milán, el Museo d´arte moderna di Bologna y el Padiglione d’Arte Contemporanea en Milán.
En 2021 él vendió esto:

¡Sí, esto! Una estatua.
¿No la ves?
Pues claro, es ¡una estatua invisible!
Una estatua invisible, bautizada “Io Sono” (Yo soy). ¿El precio de esta obra? 14.820€. Tampoco es tanto.
La galería Art-Rite, que realizó la venta, informó que el comprador recibiría un certificado de autenticación firmado y sellado por Garau.
https://www.art-rite.it/en/lot/14067/71/1
Lo reseñable es que hay un coleccionista privado que decidió comprar esta “estatua invisible”. ¡Después de todo, es su dinero! La identidad del comprador sigue siendo desconocida. Lo que se sabe es que el artista le dio instrucciones estrictas: “Instalar la obra en una casa privada, en una habitación vacía, libre de cualquier obstrucción, en un área de unos 5 pies de largo por 5 pies de ancho. No hay requisitos especiales de iluminación o clima.”
Aunque ha recibido muchas críticas por la venta, Garau sostiene que su obra de arte no es “nada”, sino más bien un “vacío”. Y justifica la existencia de su obra con la filosofía y la existencia de Dios: “El vacío no es más que un espacio lleno de energía, e incluso si lo vaciamos y no queda nada, según el principio de incertidumbre de Heisenberg, ese “nada” tiene peso. Por lo tanto, tiene una energía que se condensa y se convierte en partículas que están en nosotros. Después de todo, ¿no estamos dando forma a un Dios que nunca hemos visto?»
En el mundo del arte no hay reglas, sólo opiniones y preferencias. Ya hemos hablado en alguna otra entrada sobre Banksy.
Pero el arte invisible no es algo inventado por Garau. En 1958, Yves Klein, un artista francés del movimiento neodadaísta y uno de los fundadores del Nouveau Réalisme (Nuevo realismo), optó por mostrar la nada. Su obra “Le vide” (El vacío) era un espacio vacío en la galería Iris Clert de París. Nada más y nada menos. Si esperabas encontrar algo, incluso algo pequeño, el espacio en sí era la exposición.

La noche de la inauguración fue en sí misma un acontecimiento memorable. La ventana exterior estaba pintada en el famoso azul IKB (International Klein Blue, un color ultramar creado por Klein) y el vestíbulo de entrada estaba enmarcado con una enorme cortina de teatro azul. Los guardias republicanos dieron la bienvenida a los visitantes en la puerta y los cócteles azules de cortesía estaban a mano. Gracias a una gran campaña publicitaria, casi 3000 personas aparecieron y abarrotó la calle y el espacio de la galería. El famoso escritor y pensador Albert Camus fue uno de los invitados y escribió las palabras «avec le vide, les pleins pouvoirs» (con el vacío, plenos poderes) en el libro de los visitantes.
El vaciado fue para Klein un manifiesto de inmaterialidad, un concepto central en su pensamiento influenciado por la filosofía zen. Durante su carrera buscó abrazar el vacío y el espacio utilizando diferentes medios como pintura, escultura o actuación. Esculturas invisibles, cuadros sin pintura, libros sin palabras, composiciones musicales sin música, permaneciendo tan sólo la cáscara, tal y como si estuviera allí el arte.
Digamos que el Arte Invisible basa su “no visible presencia” en la existencia de una presencia artística que se percibe en el espacio, un modo de expansión del espíritu artístico y una forma estupenda para estimular la imaginación del espectador, que no ve nada, pero intuye, siente y, tal vez, se ríe del arte.
Y metidos en este mundo, no podíamos dejar de nombrar a Andy Warhol, el artista plástico estadounidense que desempeñó un papel crucial en el nacimiento y desarrollo del Pop Art. Quien, tras una exitosa carrera como ilustrador profesional, adquirió fama mundial por su trabajo en pintura, cine de vanguardia y literatura, notoriedad que vino respaldada por una hábil relación con los medios y por su rol como gurú de la modernidad.

¿Cómo iba a desperdiciar esta oportunidad de provocar? En 1985, Andy Warhol creó “The Invisible Sculpture”. El concepto de su escultura invisible era mostrar que la ausencia de algo podría ser arte. Warhol se paró brevemente en un pedestal en el famoso club nocturno Area en el centro de la ciudad de Nueva York, luego se bajó del zócalo y se alejó dejando sólo el pedestal y una pequeña etiqueta en la pared que decía “Andy Warhol, EEUU, Invisible Sculpture, Mixed Media, 1985. Tras bajarse del zócalo, rodeó el pedestal de cámaras que detectaban el movimiento, lo que significa que el único lugar en el que se podía uno mover sin que saltasen las alarmas era precisamente encima de ese pedestal. En su declaración dijo que su aura permanecería con el pedestal.
Aclaro, por evitar suspicacias, que ni aplaudo, ni juzgo el Arte Invisible. Eso sí, una cosa es segura: que el feliz propietario de la obra de Salvatore Garau, por lo menos, ahorró bastante en gastos de transporte.
Por si estás interesado/a en este tipo de arte, te puede interesar el “MONA Museum of Non Visible Art”.
Muy interesante…Un abrazo!
Hola lady-p
Me alegro que te haya parecido interesante.
Un abrazo para ti también. Marlen.
¿Quizás sea una forma de reproducir esa misma nada en la que estamos durante la meditación? Muy interesante la entrada. Un abrazo.
Hola Carlos.
Sí, quizas sea una forma de reproducir esa misma nada en la que entramos al escuchar un discurso pre-electoral. Y no es tan productivo como la meditación.
Esto del Arte Invisible a mi también me parece algo interesante, trato de entender a quienes lo aprecian y lo compran.
Un abrazo para ti también. Marlen.
Jelou, Marlen.
No me gusta esto que llaman «arte moderno»; aunque confieso abiertamente que tampoco lo comprendo.
Cuando me hablan de ciertos cuadros, pinturas, esculturas… que para valorarlas hay que entenderlas porque… papas con cahne, siempre me acuerdo del cuento «El Traje Nuevo del Emperador» (también conocido como «El Rey Desnudo»), de Hans Christian Andersen. Hasta que no llega un niño, con su tierna inocencia, demostrando, sin embargo, su sabiduría, no se dan cuenta todos que estaban tomándolos por tontos; incluido el emperador.
Aquí creo que no pasará porque no le harían caso al niño para confirmar que son tontos. Pero bueno, tal vez el tonto sea yo por no entender un vaso medio lleno, una silla sin una pata o esas esculturas invisibles. Eso sí, a todos aquellos que pagan una millonada por estas cosas, les metía el 200% de impuestos para ayudas sociales o humanitarias. Al menos, que despilfarren ayudando a los demás.
Es evidente que un mismo cuadro, cuento, escultura o cualquier creación artística se puede interpretar de distinta manera, según quien la contemple. Pero estas cosas me hacen pensar en el auténtico valor del creador. Genios capaces de vender humo. Como aquellos buhoneros que vendían crecepelos para calvos, pociones de amor infalibles o de la juventud eternas, o mejunjes para la virilidad garantizados.
Pero qué se puede esperar de gentes que siguen confiando en los mismos políticos que les prometen que la próxima vez no engañarán, defraudarán, robaran o se corromperán. Por supuesto, ¡ahí tienes mi voto por los próximos 100 años!
Aunque estas son las palabras de alguien «mu mayó», ya lo pensaba hace 40 años. Tengo una imaginación desbordante, pero me cabrea bastante cuando me dan o quieren dar coba.
Como decía mi abuela (¿o era mi padre?) los que se gastan estas millonadas en shuminás, no pasan hambre ni necesidad.
Cosas de esta especie animal tan inteligente y racional.
Me pongo el casco para los sartenazos.
Abraaazoooo
Hola Jose.
Como le decía a Carlos, esto del Arte Invisible (incluyo el Arte Moderno, en general) a mi me parece algo interesante y trato de descifrar si se trata de una concepción filosófica superior a mi entendimiento, a mi sensibilidad. O, como tú dices: «Genios capaces de vender humo. Como aquellos buhoneros que vendían crecepelos para calvos, pociones de amor infalibles o de la juventud eternas, o mejunjes para la virilidad garantizados.» Que, a propósito, sigue habiéndolos aunque ahora la plaza del pueblo se ha transformado en una pantalla. Por eso ni aplaudo, ni juzgo. Libertad para elegir lo que te gusta y lo que estás dispuesto a pagar.
La verdad es que a mí tampoco me gusta todo el arte moderno. Pero no me extraña, tampoco me gusta todo el arte «antiguo». En cuanto a entender, hay cuadros, esculturas, músicas, películas, libros que no los entiendo pero me conmueven o tocan mi parte sensible. No soy capaz de explicar el porqué, pero tampoco tengo la necesidad de explicarlo. Con sentir, me basta.
No me gusta el dodecafonismo. Y creo que nunca me gustará (ya sé: nunca digas nunca). Escuchar a Schöenberg es un suplicio. No me gusta Alberto Ginastera y sin embargo, escuchar su «La danza de la moza donosa» me conmueve profundamente.
No creo que se trate de «tontos» por no entender, o estúpidamente confiados, sólo del sentimiento que te genera la obra. Y los que sólo lo hacen «por el paripé», allá ellos, será su forma de lograr placer.
Y quítate el casco que no permito el uso de sartenes más que para el amaiketako.
Un abrazo grandotote, bien VISIBLE a través del espacio.
Interesante post Marlen!. Feliz dia.
Gracias por comentar, Daniel.
Hola Marlem, cuando salió la noticia en la televisión, lo primero que pensé fue que el supuesto y digo supuesto porque la estatua jamás se verá, es un avispado artista que se aprovechó para sacar dinerito al tonto que se la compró… El arte es arte, pero lo inexistente no es arte, a ver si ahora van a vender una Druna invisible de la edad de piedra. Madre mía, que mundo más loco. Excelente post. Un abrazo
Hola Nuria.
Sí claro, es lo primero que pensé yo también. Pero luego me puse a pensar y por eso escribí la entrada. Porque me puse a pensar cuántas cosas son invisibles y creemos o creen en ellas, cuántas cosas siendo invisibles nos confortan o nos dan placer. Y ¿quién soy yo para decidir que es una estafa y que es un tonto el comprador? Así que abrí la caja para ver lo que pensabais.
Tienes razón: ¡Qué mundo más loco! Un abrazo.
Mañana publico una entrada en blanco… en fin… que hagan lo que quieran, si hay público ¿Por qué no? Quien se sienta parte de eso bien, quien no bien también. Como dijo Wilde lo importante es que se hable de uno, bien o mal pero que se hable.