Ambición, avaricia, egoísmo son antídotos de la felicidad. Pero seguimos educando a los niños para que sean ambiciosos: “Sé el primero, llega a la cumbre y serás feliz”. Y yo te pregunto si has visto a alguien en la cumbre, que además sea feliz.
Recordaba el otro día un bello tapiz que está en el Museo Larreta de Buenos Aires y representa el “Diálogo entre Alejandro Magno y Diógenes”. ¿Era feliz Alejandro Magno cuando conquistó el mundo? Fue uno de los hombres más infelices que hayan vivido sobre la tierra.
Curiosamente, al ver la dicha de Diógenes, sintió envidia. ¿Sentir envidia de un mendigo? Diógenes, por no tener, no tenía más que una manta para cubrirse. Buscaba alcanzar la felicidad deshaciéndose de todo lo superfluo. Vivía en un tonel, comía junto a los perros y caminaba descalzo provisto solamente de una manta. Despreció cualquier tipo de comodidad y no tuvo consideración ni siquiera con Alejandro Magno. Luego de aquel famoso encuentro en el que el cínico le pidió apartarse del sol, cuentan que el rey de Macedonia quedó tan impresionado que expresó “Si no fuera Alejandro, me gustaría ser Diógenes”.
Un día Diógenes fue al río con un platillo para las limosnas. Tenía sed, hacía calor, y quería beber agua. Por el camino, al llegar a la orilla, pasó un perro corriendo, jadeante, se lanzó al río, se dio un buen baño y bebió agua hasta hartarse. A Diógenes se le ocurrió esta idea: «Ese perro es más libre que yo».
No tiene que llevar un plato para las limosnas. Y si él puede arreglárselas sin plato, ¿por qué no voy a hacerlo yo? Esto es lo único que tengo, y siempre tengo que andar vigilándolo para que no me lo roben.
Incluso por la noche tengo que tocar a tientas un par de veces para comprobar que no se lo han llevado». Arrojó el platillo al río y se inclinó ante el perro, para agradecerle el gran mensaje de la existencia que le había transmitido.
Ese hombre, que no tenía nada, le dio envidia a Alejandro. ¡Qué desdichado debía de ser!

Alejandro le confesó a Diógenes:
.-Si Dios me concede que vuelva a nacer, le pediré que, por favor, no me haga Alejandro, sino Diógenes.
Diógenes soltó una carcajada y llamó al perro (porque se habían hecho amigos y vivían juntos) y le dijo:
.-Fíjate las tonterías que dice. En la siguiente vida quiere ser Diógenes. ¿Por qué en la siguiente vida? ¿Por qué retrasarlo? ¿Quién sabe nada de la próxima vida? Si incluso el próximo día es incierto, el momento próximo es incierto… ¿qué decir de la próxima vida? Si de verdad quieres ser un Diógenes, puedes serlo ahora mismo, aquí mismo. Tira tu ropa al río y olvídate de tanto conquistar el mundo. Ésa es la mayor de las estupideces y tú lo sabes. Y has reconocido que eres desgraciado, has reconocido que Diógenes se encuentra en un estado mucho mejor, mucho más dichoso. Así que, ¿por qué no ser un Diógenes ahora mismo? Túmbate aquí, a la orilla del río, donde estoy tomando el sol. Hay sitio en la orilla para los dos.
Naturalmente, Alejandro no podía aceptar la invitación.
.- Gracias por la invitación. Ahora mismo no puedo, pero en la próxima vida…
Diógenes le preguntó: .- ¿Adonde vas? ¿Qué harás después de haber conquistado el mundo? Alejandro contestó: .- Entonces descansaré.
Diógenes dijo: .- Pues me parece absurdo. Si es lo que yo estoy haciendo ahora mismo, descansar.
Si Alejandro Magno no era feliz, si los Rockefeller y los que tienen grandes fortunas no son felices… Si las personas que tienen todo el dinero del mundo, todo el poder del mundo, no son felices…
La felicidad no tiene nada que ver con el éxito. La felicidad no tiene nada que ver con el dinero, el poder, el prestigio. Es una dimensión completamente distinta.
La felicidad tiene que ver con tu consciencia.
Hay un dicho: Ignora, sé feliz, conoce y llora. Porque se supone que los seres más felices son más ignorantes que los demás. Tiene su lógica, pero yo creo que no es así. Creo que la felicidad verdadera no es igual que la felicidad del ignorante.
Tampoco creo que la felicidad resida en ser indiferente. Ser esclavo de creencias restrictivas que llenan mi vida de limitaciones o ser conformista porque me niego a conocer que existe otro mundo mejor, eso es típico del ser que no tiene sueños ni aspiraciones en la vida.
No considero que la indiferencia sea lo mismo que la ignorancia. Entiendo la indiferencia como que no te importa esa cosa, y la ignorancia es que la desconoces. Una vez leí algo que me gustó, sobre qué es lo contrario al amor. Lo lógico sería decir que es el odio. Pero todos conocemos el dicho: “Del amor al odio sólo hay un paso”.
En realidad, el escrito decía que lo contrario del amor es la indiferencia, pasar de lo más importante en la vida, a lo que te da igual. De hecho, el amor, implica que te importa más la otra persona que tú mismo ¿Y el odio que tiene que ver con el amor? Pues al igual que el amor, sólo puedes odiar a quien te importa. ¿Curioso no?
Bueno creo que algunos condicionantes sí que tiene disfrutar de la felicidad, pongamos una conexión a Internet para reflexionar con tus entradas y unos ingresos para pagar la electricidad y otras minucias necesarias. Pero lo de Alejandro y otros más es complejo de tocar las narices al personal en general. Un abrazo.
Hola Carlos.
Bueno, yo creo que eso no es ambición, sino el deseo de cubrir lo necesario para la supervivencia, de acuerdo a tu forma de vida. Estoy de acuerdo contigo en que lo de Alejandro y unos cuantos más, es otra cosa. Y a diario comprobamos que la ambición no es cosa del pasado, ni mucho menos.
Gracias por tu comentario. Un abrazo.
Hola, Marlen.
Tendría poco que añadir, dado que ya hemos hablado de esto y estamos bastante de acuerdo. Sin embargo, ya sabes que uno empieza a tirar del trocito de lana y se queda sin jersey. XD
Ya sabemos como nos educan, y siguen educando, a nuestros niños, en escuelas, en la calle, en los medios, en las familias… Para competir y para compararse. Queremos que sean mejores que los demás y para eso siempre es necesario irse comparando con ellos. Grandísimo error, por supuesto.
La Ambición, con mayúscula inicial, tiene que ver con uno mismo. Ambición de mejorar, de hacer las cosas lo mejor posible, sentirte satisfecho con lo que haces, amar a la gente y el entorno que te rodea, sentirte merecedor del amor de estos… Esas sí son ambiciones interesantes y necesarias. Porque tampoco creo en esa indiferencia de ser un tiesto más en medio de la calle.
Hoy en día te insultan si te dicen que eres gordo, bajo, feo, tonto, lento, pasivo… curiosamente, estos adjetivos no tienen sentido si no es con la comparación. Porque no se es gordo/feo/…/tonto, se es más o menos gordo/feo/…/tonto que otro.
Pero esta es la ley del consumismo y el etiquetado. Y ya sabemos a quiénes les interesa que así siga siendo.
Es más feliz el que está en paz consigo mismo, se contenta con lo que tiene y se adapta a lo que la vida le va poniendo por delante. Levantarte cada día sabiendo que hiciste bien en el anterior.
Ni la riqueza, ni la fama, ni la propiedad, ni siquiera la compañía (a menos que sea buena y contrastada) dan la felicidad.
Por último, una frase que escuché y me encantó: «La Felicidad no se encuentra, se disfruta en el camino de su búsqueda».
Yo soy muy feliz al leerte, porque pones por escrito muchas de las cosas que pienso, porque tienes una forma de ver la vida sana y deliciosa que me hace comprender que no soy el único extraterrestre entre tantos cuerdos.
Abrazo ashushado y lleno de felicidad.
Hola Jose.
Sí, al final mis reflexiones suelen llegar a los valores tradicionales, a aquello que creo más importante en la vida y que, de una forma u otra, no entiendo que se desdeñe de una manera tan estúpida. ¿Por qué seguir educando como se educa? ¿Qué intereses están forzando la competencia atroz y, por lo tanto, la comparación permanente con el otro? ¿Qué se pretende ganar con eso? ¿Robotitos que se esfuercen más allá de sus posibilidades para lograr la sonrisa de la madre, del jefe, del grupo de amigos, de la sociedad?
¿Y cómo educar a un niño en esta sociedad de la competencia forzada? porque no escapar es la mejor manera para agobiarse intentando ser el mejor en una carrera en la que todos los caballos son iguales. Siendo auténtico, me dirás. ¿Y qué significa ser auténtico? ¿Qué es ser auténtico? ¿Ser uno mismo? ¿Qué es ser uno mismo? ¿Vivir bajo las propias reglas y no las de los otros? Y ahí nos metemos en el mundo de quienes, con el latiguillo fácil de «Es que yo soy así» encubren a un individuo con ínfulas de superioridad o con ganas de cubrir inseguridades, haciendo ruido para llamar la atención.
Y vuelvo a lo mismo: ¿Cómo educar a un niño en esta sociedad de la competencia forzada? Es que no se esfuerza, te dice la maestra. No le importa. Tal vez precisamente por eso, porque no le importa la medalla, lo que le importa es descubrir la inmensidad del universo. La enseñanza actual renuncia a educar personas y se contenta con educar competencias, destrezas o habilidades.
Enfin, que me gusta la frase que traes al comentario: «La Felicidad no se encuentra, se disfruta en el camino de su búsqueda.» Y me gusta enfrascarme en nuestras charlas. Porque estoy segura de que existen los extraterrestres (no podemos ser tan necios en creer que somos los únicos). Pero encontrar otro extraterrestre en este mundo de cuerdos, y poder disfrutar del camino compartiendo charla, es un verdadero placer.
Buenas noches, Amigo. Que sueñes bonito.