Le Corbusier ideó un plan para Buenos Aires

En París era visto como una persona que trabajaba para construirles casas a los ricos y en el ámbito artístico en el que se movía era tildado frecuentemente de burgués. Hacia finales de la década de 1920, el arquitecto Charles-Édouard Jeanneret-Gris, más conocido como Le Corbusier y décadas después considerado el padre de la arquitectura moderna, se encontraba estancado: quería demostrar que no era sólo un hombre dedicado al diseño de viviendas sofisticadas, que lo suyo estaba más relacionado con pensar las ciudades y las formas en las que los seres humanos podían habitarlas.

Le Corbusier en Buenos Aires 1929

Cuando, en 1929, recibió de parte de una escritora argentina llamada Victoria Ocampo un ofrecimiento para visitar Buenos Aires y brindar allí una serie de conferencias sobre su trabajo, no lo dudó un segundo. Le había llegado, desde una ciudad entonces pujante y en constante crecimiento, la oportunidad para demostrar sus teorías, ampliar la influencia de sus ideas y obtener nuevos clientes para llevar adelante proyectos a gran escala.

Tanto fue el entusiasmo que no tardó en empezar a delinear un ambicioso plan urbanístico para cambiar para siempre Buenos Aires. Una de las frases que repetía era: “Frente a Nueva York que es la luz en Estados Unidos, en el sur Buenos Aires”.

Apenas vio desde el barco en el que viajaba el diseño de la capital argentina, diagnosticando que Buenos Aires estaba enferma, el arquitecto percibió que él podía transformarse en una suerte de médico. Eran tierras con enormes posibilidades y riqueza. No pasó mucho tiempo hasta que esa apreciación incipiente cobrara la forma de una obsesión.

Tras entablar vínculos y amistades con grandes personalidades de la escena argentina, Buenos Aires se le presentó en ese entonces con un gran potencial y esplendor económico consolidándose como terreno fértil para plasmar sus ideas de urbanismo moderno. Su sueño se centraría en hacer de Buenos Aires una ciudad moderna.

Como gran visionario, además de considerar que se debían incrementar los espacios verdes en todos los barrios y que la ciudad recuperara su vista al río, destacó que era importante darle prioridad al sur porteño, una zona que, en su mirada, estaba deteriorada y regenerarla a través de un tejido nuevo dejando aquellos edificios significativos.

Por esos días, la capital argentina se había convertido, junto a Chicago y Nueva York en los Estados Unidos, en una de las ciudades con mayor recepción migratoria en todo el mundo y el urbanista también consideró que era necesario controlar el crecimiento de la población, aspirando a lograr una ciudad más compacta y apuntando a generar una ciudad frente al río a través de la idea de la “Ciudad de los negocios”, con islas donde se ubicarían edificios oficiales.

Sin embargo, no había una oferta formal de las autoridades locales para llevar adelante el plan para Buenos Aires que Le Corbusier seguía tramando. Él de todas maneras se reunía con personajes influyentes, mientras daba sus conferencias e incluso llegó a proyectar la publicación de un libro con el material que fue recolectando.

La última de sus presentaciones públicas tuvo lugar el 19 de octubre y al poco tiempo volvió a París. Desde allí, obsesionado, continuó enviando cartas a Buenos Aires para que su plan urbano no fuera olvidado. Pero los tiempos no lo acompañaron: el mundo se asomaba a la Gran Depresión y en la Argentina tenía lugar el primer golpe de Estado, que el 6 de septiembre de 1930 derrocó al presidente constitucional Hipólito Yrigoyen.

A su regreso a Paris, Le Corbusier desarrolló varios intentos por continuar con el plan y tras la revolución producida por el golpe militar, verá viable su desarrollo a pesar de que un universo de silencios y carente de respuestas desde Argentina, perderá la ilusión poco a poco.

En 1937, dos jóvenes arquitectos argentinos llegaron a París en viaje de estudios, con ganas de conocer a Le Corbusier, quien para entonces seguía en ascenso con su carrera. El europeo no tardó en reclutarlos y convencerlos de que debían ayudarlo a avanzar con el plan para la renovación de Buenos Aires.

Siendo muy jóvenes, Juan Kurchan (arquitecto, urbanista y diseñador argentino) y su amigo Jorge Ferrari Hardoy(arquitecto y diseñador argentino especialista en diseño interior) se presentarán en Paris con la aspiración de trabajar en su estudio, y terminarán desarrollando el “Plan para Buenos Aires” a través de la información proporcionada por Ítala Fulvia Villa, compañera de estudios de Kurchan y Ferrari Hardoy que contribuyó con información y documentación fotográfica para el proyecto, asentando como idea principal concentrar la ciudad, delimitando un sector, elevando la densidad e incrementando la cantidad de habitantes por hectárea.

Cuando Le Corbusier y los dos jóvenes arquitectos llegaron en 1938 a Buenos Aires y se les unió el arquitecto español Antonio Bonet Castellana, lideraron la creación del “Grupo Austral”, un colectivo de arquitectos que ejerció una gran influencia en el panorama de la arquitectura y el diseño latinoamericanos, tanto a través de sus obras y diseños como por sus publicaciones. Y concibieron el prototipo del sillón BKF o Butterfly, en acero y cuero, símbolo del diseño industrial argentino en el mundo, que se convirtió en un icono de la modernidad aplicada a los espacios interiores.

Sillón BKF o Butterfly

Le Corbusier realizó una presentación oficial del Plan de Buenos Aires en forma pública con la intención de fomentar el interés de las autoridades para poder concretarlo. Trabajando dentro de su estudio, Kurchan, Ferrari Hardoy y Bonet concentraron sus esfuerzos en el Grupo Austral con un colectivo de arquitectos, artistas, músicos e industriales, con pensamientos revolucionarios.

Con el ascenso de Juan Domingo Perón en 1946, Guillermo Borda será designado Secretario de Planeamiento Urbano y consultará con Ferrari Hardoy sobre una idea rectora para Buenos Aires. Él volverá a traer el plan que habían realizado con Le Corbusier y se formará en ese entonces el “Estudio del Plan para Buenos Aires” (EPBA), un organismo de estudios del que Le Corbusier quedó fuera. Tras innumerables intentos frustrados, Le Corbusier terminó alejándose de la escena por última vez.

Ya convertido en una especie de mito de la arquitectura, Le Corbusier tuvo su revancha en el país. En 1949 fue convocado para diseñar la vivienda familiar de un prestigioso cirujano, Pedro Curutchet, en la ciudad de La Plata. Las obras concluyeron en 1952 y el arquitecto, que mandó su propuesta desde París, nunca llegó a ver su creación terminada.

En 2016, la Casa Curutchet, única construcción de Le Corbusier en toda Latinoamérica, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, junto con otras 16 obras del urbanista desplegadas por todo el mundo.

Buenos Aires, una ciudad que, como toda gran ciudad en el mundo, se encuentra en continua transformación y cambio, fue estudiada y sobre ella proyectó Le Corbusier, uno de los más claros exponentes de la arquitectura moderna mundial, un visionario que se obsesionó con una ciudad ubicada en medio de dos líneas infinitas: de un lado la Pampa, del otro el Río de la Plata, hasta llegar a tramar para ella un proyecto imposible.

Os traigo un documental llamado “La ciudad frente al río” de Enrico Gras, filmado en 1949. Es digno de ver los planes que se ideaban para remodelar la ciudad de Buenos Aires hace 75 años.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

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