En Tenochtitlán, se alzaba una pirámide dedicada a sus dioses, a ellos ofrendaban la sangre de sus sacrificios.
Hasta allí llegaría para inmolar mi existencia.
Hacía demasiado que luchaba con mis adicciones y pensamientos.
Había llegado el momento de acabar con la lucha, rezar por la liberación, abrazar la curación, el renacimiento.
En mi equipaje, el libro de mi padre. Entre sus hojas, la flor de cactus regalo de mi madre, para que no diera tantas vueltas a las cosas.
En mi cuello, la punta de flecha de obsidiana préstamo de mi abuela.
La Piedra de Dios me otorgaría coraje.
Agradezco al “Blog de Lidia” su divertida iniciativa que nos desafía
con la propuesta “Escribir jugando”.
La idea es escribir un microrrelato o una poesía de no más de 100 palabras (sin incluir el título), en el que aparezca la idea y el objeto correspondientes al mes.
Cada mes un nuevo reto. En este caso para el mes de mayo, las consignas son: Carta: Universal Fantasy Tarot: 4 of SWORDS.
Mineral: Punta de flecha de obsidiana.
Y como opcional: algo relacionado con la flor de cactus: Inner Cleasing Cactus.

Hola, Marlen. Tu microrrelato es muy potente. No lo parece, pero hay un sacrificio que permitirá a tu protagonista renacer. Va muy bien acompañado para enfrentarse a tal reto vital, con sus ancestros muy presentes. Es como una sanación de todo el linaje… Solo espero que su alma pueda transmutar lo que intenta soltar el personaje. Muy profundo e interesante, Marlen. Muchas gracias por tu aportación al desafío de este mes. Te mando un abrazo grande.
Hola Lidia.
Eso era lo que quería transmitir exactamente y me alegro mucho de que te haya llegado: el sacrificio del protagonista, que sabe lo que va a hacer y cómo debe hacerlo, bien protegido, salvará su alma y se unirá a sus ancestros para volver a un nuevo ciclo.
Gracias a ti, por incitarnos con estos retos.
Un abrazo grande, Lidia.
Hola, Marlen.
Un relato corto, pero muy reflexivo.
Ese sacrificio puede interpretarse de muchas formas: físico, mental, espiritual…
Más allá de la ofrenda sanguínea, está el cambio continuo, la resurrección que muchas veces hacemos cada mañana, tan necesaria y tan difícil.
Muy interesante, en ese momento del sacrificio, la evocación de sus padres, culpables de su nacimiento, para ofrecerle ese renacer.
Enhorabuena.
Abrazo grande.
Hola Jose.
Son este tipo de relatos los que me cuesta más escribir. Me cuesta contar tanto, todo lo que me inspira el tema, en tan pocas palabras.
Y me quedo con las ganas que, muchas veces, afloran en los comentarios. El tema del sacrificio, de la auto-inmolación que lleva al renacimiento da para mucho. Y el de la protección de los ancestros también.
Gracias por tu comentario, como siempre.
Un abrazo grandote.
Desahogar la mente, el alma puede llegar a ser un gran sacrificio. Un texto que no deja indiferente. Me encantó. Un abrazo
Hola Nuria.
Me alegra que te haya gustado. Gracias por tu comentario. Un abrazo.
Hola Marlen, llevo un rato leyendo cosas y entré en tu blog y vi la foto y la reconocí inmediatamente: las ruinas de la zona ceremonial de los mexicas en su ciudad Tenochtitlán.
Tu relato es excelente y me gusta la idea de la muerte como potenciadora de un cambio, de un renacer, de hecho de esa forma era como se concebía la muerte en esa cultura.
Dos precisiones: Creo que tu protagonista es un indígena y si es un indígena el término «espada» confunde un poco. Los mexicas no tenían un arma de esa naturaleza, esas vinieron con los españoles. Luchaban con arco y flecha, lanzas, y sobre todo, macanas que tenían filosas puntas de obsidiana incrustadas, no eran propiamente espada. Al decir espada uno podría pensar que se trata de un español y dudo que ellos quisieran ir a inmolarse por los dioses de sus enemigos.
Como te comenté antes me encanta que captaste la esencia de la muerte en el mundo prehispanico, pues para ellos la vida no cesaba al dejar de palpitar el corazón o dejar de respirar. La vida continuaba de otra forma, la prueba está en nuestras fiestas de «muertos» donde esperamos que ellos regresen y departan con nosotros.
Me super- gustó tu relato, tocaste una tecla que me encanta: la de las culturas prehispánicas mesoamericanas.
Abrazo cariñoso…
Hola Ana.
Muchas gracias por tu comentario. El tema de los pueblos originarios americanos, su entorno, sus costumbres, su cultura es algo que no suele tratarse mucho y a mí me parece fascinante. ¡Las culturas prehispánicas tienen tantísimo de lo que hablar y aprender!
En cuanto a las espadas, no lo escribí literalmente, sino como una expresión «guardar las espadas» que significa «acabar con las hostilidades, dejar de luchar». Y aún sabiendo que los mexicas no usaban espadas, no me di cuenta que se prestaba a confusión. Ya lo he cambiado, porque no era eso lo que pretendía escribir. Gracias por hacérmelo ver. Uno de los amuletos que le otorgué al protagonista fue la punta de flecha de obsidiana. ¡Todo un símbolo y un arma de su pueblo!
Me alegra mucho haber podido captar la esencia de la muerte en esas civilizaciones. Otro de los temas que me atrae tratar por contraposición con la postura «occidental» al respecto.
Me alegra mucho que te haya gustado el microrrelato, especialmente a ti, que conoces de lo que estaba hablando.
Un abrazo cariñoso para ti también.
Gracias a ti por tu genial relato y aclararme lo de «guardar las espadas».