Edmundo llevaba semanas con el reloj de su abuelo.
Estaba roto, pero era lo único que le quedaba de él.
Cada vez que alguien le preguntaba la hora, inventaba respuestas absurdas.
Un día, descansando en el parque, encontró un hatillo.
Dentro, una pañoleta grande y un manual de reparación de relojes, escrito en un lenguaje incomprensible.
Decidió seguir las ilustraciones.
Con manecillas nuevas, tras muchos intentos, el reloj comenzó a funcionar.
Al hacerlo, el hatillo tembló y se transformó en una maletita llena de relojes antiguos.
Edmundo se convirtió en la sensación del barrio, arreglando relojes con métodos disparatados.
Agradezco al “Blog de Lidia” su divertida iniciativa que nos desafía
con la propuesta “Escribir jugando”.
La idea es escribir un microrrelato o una poesía de no más de 100 palabras (sin incluir el título), en el que aparezca la idea y el objeto correspondientes al mes.
Cada mes un nuevo reto. En este caso para el mes de junio, las consignas son: la imagen del reloj sin agujas y el hatillo.

Hola Marlen, me gustó mucho. ¡Qué bien acomodaste los elementos del reto! Te salio una historia entrañable y muy bien llevada. Enhorabuena.
Hola Ana.
¡Qué bien que te gustara el micro!
Mi padre, en algún momento, arreglaba relojes para sacarse unos pesos y completar el sueldo que tenía. Creo que estaba cerca para ayudarme.Gracias por el comentario. Un abrazo
¡Hola, Marlen! El destino nos encuentra allí donde estemos para traernos esa «misión» que debemos hacer en la vida. Tu protagonista, sin duda alguna, tenía que reparar relojes y así lo hizo siguiendo las pistas del «Universo».
Muy buen reto, Marlen. Muchas gracias por tu aporte al desafío de este mes. Te mando un abrazo.
Hola Lidia.
Sin duda, el destino nos da siempre la oportunidad. Lo importante es estar atento para no dejarla pasar.Y Edmundo, por algún motivo, llevaba consigo el reloj de su abuelo. ¿Premonición? ¡Quién sabe!
Me alegro que te haya gustado. Gracias a ti, por ofrecernos estos retos que nos incentivan. Un abrazo.
Marlen
Hola, Marlen.
Creo que en esta historia se unieron dos cosas preciosas: el recuerdo del abuelo y las ganas de darle la vida a ese objeto que lo representa. El destino, a veces, se empeña en ayudarnos, solo hay que dejarse llevar.
A ver si viene en forma de tsunami y me pega a mí un buen empujón. 😂🤣
Excelente micro, entrañable y lleno de amor. Felicidades.
Abrazo grande con manos de relojero.
Hola Jose.
Sí, es cierto. Lo importantes que son los pequeños objetos-fetiche, que nos dejan para que nos recuerden que nuestros seres amados siguen estando cerca. Mi casa es lo menos minimalista que puede existir, empezando por el rincón de las fotos.
Y en este micro está presente especialmente mi padre. En un momento en que la situación económica era dura, a él se le ocurrió ponerse a arreglar relojes. No sé dónde lo aprendió, o si lo aprendió siquiera. Lo que sé es que me encantaba cómo los desarmaba con su infinita paciencia y sus pequeñas herramientas de gnomo y todos, sin excepción, acababan recobrando la vida.
Por eso está lleno de amor, que espero te llegue, no en forma de arrasador tsunami, sino en forma de xirimiri que te va impregnando despacito, sin que te des cuenta, hasta que te saca una inspiración con sonrisa incorporada.
Un abrazo grandote y muchas gracias por comentar.
Y al final logró su objetivo y reparó el reloj. Precioso micro. Un abrazo
Hola Nuria.
Sí, el reloj del abuelo Patxiku volvió a dar las horas y Edmundo se volvió relojero. ¡Misión cumplida!
Un abrazo para ti también.
Siempre he creído que los objetos que nos dieron los seres queridos que ya se fueron conservan una especie de magia muy especial, y que pueden ayudarnos de una u otra forma. Tú lo has expresado muy bien con este bello relato.
Gracias por compartirlo.
Un abrazo.
Hola Daniel.
Sí, yo pienso lo mismo.Las energías existen, están en las personas, en los lugares y también en las cosas que nos acompañan, sobre todo cuando esas cosas han pertenecido a seres amados. De alguna forma, siguen con nosotros.
Me alegro que te haya gustado. Gracias a ti por tu comentario. Un abrazo grande.
Marlen