.- Un lunes de abril llegaron al campo de refugiados en el que vivíamos y empezaron a matar a los hombres. Uno de ellos fue mi marido. El martes atacaron los edificios civiles en los que nos refugiamos las mujeres con los niños. El miércoles lo incendiaron todo. A los hombres y niños adolescentes los detenían y mataban. A las mujeres y a las niñas las violaban delante de sus hijos y de sus esposos, cuenta Hawa Guma Hamad, de 49 años.
Es el relato del inicio de la tercera guerra civil de Sudán, que Guma vivió en la región sudanesa de Darfur. Como ella, casi dos millones de personas han huido de Sudán desde que el 15 de abril de 2023 dos generales se declarasen la guerra por desacuerdos en el reparto del poder. Ambas facciones usan los alimentos y las medicinas como arma de guerra en un país en el que más de la mitad de la población depende de la ayuda humanitaria.
Pero esa ayuda no llega, porque el mundo mira a otra parte. Hay guerras “más importantes”: la guerra de Rusia contra Ucrania, la de Israel contra Palestina. Y no estoy diciendo que no sean importantes, sino que en Darfur y en los campos de refugiados del Chad también mueren personas, adultos y niños. Y también son violadas mujeres y niñas.
Pero la importancia radica, no en el horror, sino en las consecuencias políticas y económicas que nos acarrean al “primer” mundo.
Guma introduce su mano en uno de los pliegues de la tela con la que cubre su cuerpo y su cabello. Extrae un folio doblado por la mitad. Es un dibujo hecho con bolígrafo azul. Una especie de retrato robot en el que un hombre aparece pintado de frente y de perfil. Cabeza rapada, barba larga, un punto grande en la frente.
.- Este era el aspecto de quienes nos atacaron. Lo dibujé para que no se me olvide. A muchos no los entendíamos, no eran sudaneses. Había gente blanca, gente de Libia, de República Centroafricana, de Nigeria, de Chad. Nos gritaban “¡esclavos!” mientras mataban a los hombres y violaban a las mujeres. Incendiaban las casas gritando “¡Allahu akbar!” (¡Allah es el más grande!).

Guma tiene una urgencia imperiosa por contar lo que ha vivido, como todos los refugiados que han logrado escapar del horror. Se agolpan y hasta hacen cola frente a quien llega de afuera, sobre todo si suponen que son periodistas, si tienen cámaras, si les escuchan.
La arena del desierto incendia los ojos legañosos de las niñas.
.- Mataron a mi esposo, a todos nuestros amigos y vecinos.
Lo dice mirando a los ojos, con la espalda erguida, intentando mantener su dignidad. Ellos vivían en El Geneina, la capital de Darfur Occidental, cuando se desató la tercera guerra civil de Sudán. También es la tercera contienda que ha vivido en carne propia. Cuando ella nació, Sudán se desangraba en una guerra que terminaría con un acuerdo de paz en 2005 y con la escisión de Sudán del Sur en 2011.
También es una superviviente del genocidio con el que el dictador Omar al Bashir respondió en 2003 a la rebelión armada de algunas minorías negras de Darfur. Pedían el fin de la discriminación política y económica que sufrían desde hacía siglos y, especialmente, desde el siglo XIX, cuando Sudán se convirtió en uno de los principales mercados de esclavos de África. Más de 300.000 personas, la inmensa mayoría civiles desarmados, fueron asesinadas entre 2003 y 2005.
Aquel fue uno de los crímenes de lesa humanidad por los que, por primera vez, la Corte Penal Internacional acusó a un jefe de Estado. Al Bashir nunca fue extraditado y, tras ser derrocado en 2019, cumple condena en su país por corrupción.
En 2018, la supresión de los subsidios al trigo y a los combustibles detonó la rabia de una población asfixiada por la corrupción y la represión del régimen que había desangrado y expoliado el país. Tras ocho meses de protestas, el Ejército y las RSF (grupo paramilitar Fuerzas de Apoyo Rápido) dieron un golpe de Estado contra el que había sido su principal valedor, el presidente Al Bashir. En la capital, Jartum, cientos de personas mantuvieron una acampada para exigir una transición democrática. La respuesta fue una masacre cometida, según todos los indicios, por las RSF.
La presión sostenida por la ciudadanía sudanesa, respaldada por la Unión Africana y la ONU, logró la constitución de un Consejo Soberano integrado por militares y civiles. Los primeros gobernarían durante veintiún meses y los segundos, durante los siguientes dieciocho. Para entonces, un régimen democrático debía echar a andar. Sin embargo, cuando estaba a punto de finalizar su mandato, el general de las Fuerzas Armadas Sudanesas Abdelfatah al Burhan, lanzó un nuevo golpe de Estado para concentrar en su persona todo el poder. Tras un año de discrepancias sobre los plazos de incorporación de las RSF en el Ejército y sus cuotas de poder en la estructura de mando, sus respectivos mandos arrastraron al país a una nueva guerra.
Las primeras ofensivas tuvieron lugar entre abril y junio de 2023.
.- Cuando mataron al gobernador de Darfur, supimos que no había escapatoria y nos vinimos a Chad. Aún sueño con cómo cortaban las cabezas. No consigo sentirme en paz. Tampoco segura. Aunque estemos en Chad, los milicianos árabes siguen entrando en el campo para robarnos, amenazarnos y asesinarnos.
Las RSF reciben apoyo de Emiratos Árabes Unidos, de Israel, de la Libia controlada por el comandante Jalifa Hafter y de Rusia a través de los mercenarios del Grupo Wagner, según informes de la Oficina de Inteligencia de Estados Unidos. En uno de ellos, se alerta de que la presencia de mercenarios llegados de distintos países del Sahel ha convertido a Sudán en un nuevo centro para el yihadismo.
Del lado de las Fuerzas Armadas de Sudán se encuentran Egipto y Ucrania, que incluso han enviado drones armados. Una internacionalización de los intereses implicados en el conflicto que dificulta las negociaciones y su resolución.
Estados Unidos, la Unión Europea y Alemania, los principales financiadores de Naciones Unidas, han priorizado los conflictos más determinantes en el corto plazo para sus países: Ucrania y Gaza.
En 2023, por primera vez desde su fundación, la ONU recibió menos fondos para emergencias humanitarias y para combatir el hambre que en el año anterior. Una tendencia que diversos expertos atribuyen al desgaste del concepto de “necesidad”, especialmente para regiones o países empobrecidos como Darfur o Sudán, de los que la opinión pública sólo suele ser informada cuando sufre hambrunas o conflictos.
Destinar fondos a paliar sus consecuencias no reporta votos ni reputación porque se los percibe como agujeros negros de violencia y destrucción. Tal es el desinterés, que el Programa Mundial de Alimentos trabaja con fondos a un mes vista, sin saber si en el siguiente podrá realizar un nuevo reparto de raciones cada vez más escasas, destinadas apenas a contener las hambrunas que creíamos superadas en la década de 1990.
Mohammed Abdel Abduma vivía del comercio de víveres en El Geneina y ahora se ha convertido en uno de los coordinadores del campo de Metché. Intenta crear normas de seguridad para evitar las agresiones sexuales. Y reflexiona sobre su situación:
.- No queremos depender de la ayuda exterior. No la necesitamos. Es humillante que la vida de nuestros hijos dependa de si el mes que viene va a llegar comida donada o no. Lo que necesitamos es que todos los extranjeros que están combatiendo en nuestro país se marchen. Que los países que envían armas, dinero, soldados, dejen de hacerlo. Si no, nunca vamos a poder volver a nuestro hogar.
Y lanza una pregunta retórica:
.- ¿Por qué no hablan de eso los países que, supuestamente, están promoviendo las negociaciones de paz?
Hola, Marlen.
Otra entrada necesaria para nunca olvidar.
Como ya hemos dicho muchas veces, no somos conscientes de lo afortunados que somos de vivir en el lugar y momento en el que estemos. Tranquilos, cómodos, acompañados, nutridos, satisfechos, mirándonos el ombligo. Pero qué triste y duro es el mundo en muchas partes.
Algunos sitios salen en los medios, sobre todo si «son de los nuestros»; otros salen menos, tal vez por vergüenza ajena; muchos ni siquiera se escuchan en susurros por las esquinas.
Mientras exista un lugar en el mundo en donde la gente sufra solo por haber nacido allí, en ese momento, con determinado color de piel o género, sin edad para defenderse o protestar, sin apoyo de nadie… ¿Cómo podemos llamarnos Humanidad?
Por desgracia, esto nunca cambiará, mientras en esas tierras haya algún tipo de interés económico o estratégico que los poderosos quieran controlar. Al final, estas vidas no vale más que el terreno que pisa o la utilidad de sus manos para enriquecer a otros.
Gracias por estas llamadas de atención, amiga. Nunca dejes de hacerlo.
Abrazo grande.
Hola Jose.
A veces me pregunto por qué siento la necesidad de escribir sobre temas como este. ¿Por qué no limitarme a los retos y algo de fantasía? La respuesta me la das tú y te lo agradezco enormemente. Sabes que soy, por naturaleza, positiva y optimista. Sabes que intento que los finales de mis cuentos tengan una lucecita encendida. Entonces ¿para qué? Precisamente, «para nunca olvidar». Para sacudir el suelo sobre el que nos paramos mirándonos el ombligo, bien comidos, con un techo sobre nuestras cabezas y un lugar cómodo donde sentarnos a leer y escuchar música. Para recordar que, mientras un interés económico o estratégico controle el lugar donde van a morir cientos, miles, estamos tragando sin decir nada, sin gritar ¡¡BASTA!!
Para eso necesito ¡GRITAR!. Y ¡REÍR! también ¡REÍR!. Pero no olvidarme de gritar, de hablar de ellos, de los que no son como nosotros, de los que nadie habla, ni se acuerda, de los que no vemos en la tele ni en las redes, de las mujeres que no logran dormir porque vuelven a vivirlo, de los niños que ya no lloran, de las niñas violadas, de los que, por no tener, no tienen ni futuro.
Hay momentos en que me da vergüenza pertenecer a la especie humana. Entonces me siento, los traigo a mi lado y escribo. Para no olvidar. ¡¡PARA NO OLVIDAR!!
Un abrazo grandote, grandote.
Desde luego, amiga.
Eres la voz de los que no podemos (o tal vez, atrevemos) a decir nada. En mi caso, porque ante estos desmanes, la tristeza, la impotencia, la ira, me cierra la garganta. Eres esa pequeña lucecita, al fondo de una tormenta, que nos deja una ilusoria esperanza de que volverá a salir el sol.
Esperemos tiempos mejores, siempre es posible, aunque para ello necesitemos personas mejores.
He visto un vídeo de un anuncio extranjero, en donde dos enemigos se alían para luchar contra un tercero; luego, los tres se unen ante un cuarto; y así hasta que todos se sienten compañeros en lucha contra un meteorito. Una pamplina, pero demasiado cierta. ¿Necesitaremos una invasión extraterrestre para dejar de lado tanta desigualdad y caminar unidos? Ya sabes mi respuesta. La misma que a aquella pregunta tan irónica: ¿Saldremos mejores de la Pandemia?
En fin, hagámonos compañeros de la Esperanza para atravesar este oscuro bosque, porque dicen que la Esperanza es la última que se pierde. 😉
Abrazón
Desde luego, amiga Marlen.
Eres la voz de los que no podemos (o tal vez, atrevemos) a decir nada. En mi caso, porque ante estos desmanes, la tristeza, la impotencia, la ira, me cierra la garganta. Eres esa pequeña lucecita, al fondo de una tormenta, que nos deja una ilusoria esperanza de que volverá a salir el sol.
Esperemos tiempos mejores, siempre es posible, aunque para ello necesitemos personas mejores.
He visto un vídeo de un anuncio extranjero, en donde dos enemigos se alían para luchar contra un tercero; luego, los tres se unen ante un cuarto; y así hasta que todos se sienten compañeros en lucha contra un meteorito. Una pamplina, pero demasiado cierta. ¿Necesitaremos una invasión extraterrestre para dejar de lado tanta desigualdad y caminar unidos? Ya sabes mi respuesta. La misma que a aquella pregunta tan irónica: ¿Saldremos mejores de la Pandemia?
En fin, hagámonos compañeros de la Esperanza para atravesar este oscuro bosque, porque dicen que la Esperanza es la última que se pierde. 😉
Abrazón
PD. Menos mal que me ha dado tiempo a copiar todo el comentario, porque me ha vuelto a pedir el inicio de sesión y salió en blanco. ¡WP está pashaaarloooo! (Si sale dos veces, borra el que menos te guste, XD).
Hola Amigo Jose.
No creo que sea por no atreverse, creo que en gran parte, es: Total ¿para qué, si no va a cambiar nada?. Y lo entiendo perfectamente. Es la rabia, es la impotencia, es otra forma de gritar, pero en silencio. Es lo que te pasa a ti. Lo que entristece es que tantos jóvenes se hayan dado por vencidos, antes de luchar, antes de protestar y gritar:¡No estoy de acuerdo! ¡Y no es que no te considere joven! 🤣😂🤣 Ya me entiendes. ¡Ves, tenía que poner una sonrisa!
Tienes razón, vuelve a salir el sol. Pienso como tú: «Esperemos tiempos mejores, siempre es posible, aunque para ello necesitemos personas mejores.» Y educación, ¡¡¡mejor educación!!! no enciclopedista, sino de valores. Ya me estoy metiendo en otro embrollo.
Lo del anuncio, no lo he visto. Pero estoy convencida que es una realidad. Y no hace falta una invasión extraterrestre. ¿Recuerdas cuando en pandemia, salíamos a los balcones a cantar, todos unidos en dulce armonía, hasta con el vecino del 4to que no lo soporta nadie por lo agrio y cascarrabias que es? Pues eso, acabada la alerta (que el COVID sigue vivito y coleando), ya ni nos acordamos de que todos dependemos de todos.
Bueno Amigo, Compañero de Esperanza, voy a preparar la cuerda para atarla y que no se pierda.
Un abrazo grandotote. Gracias por estar tan cerca.
PD. Tu comentario me llegó perfecto. Uno e inigualable. Pero WP está cada vez más chalado. La semana pasada los comentarios me salían en verde fosforito. ¡Te lo juro por Snoopy! ¿Sería WP, Safari, Mac OS Monterrey,o la mare que los parió (por no decirlo en argentino, que suena mucho peor) pero te aviso que están cerca, muy cerca de la invasión.
Hola, Marlen. Me ha gustado mucho tu relato, principalmente por el tono periodístico que le das. Sacando del anonimato a las víctimas, los responsables de tanta barbarie. Parece que hay un interés claro y evidente en eternizar al continente africano en el caos y la guerra, vivir en unas tierras poseedoras de tan inagotables recursos de toda índole no deja de ser un «auténtico castigo divino», y aunque pueda resultar evidente por diferentes motivos quienes son los reponsables de las tropelias que también narras, si uno tiene un poco de tiempo y visita cualquiera de las páginas que abordan nuestra huella ecológica, la de los países «occidentales» o desarrollados, el grupo de los brics, países en desarrollo o subdesarrollados. Parece meridianamente claro, que el estilo de vida de los ciudadanos de algunos países se desarrolla sobre la apropiación de recursos de otros paises de forma cuanto menos éticamente reprobable. Y la tendencia solo indica que va a ir a peor. Algo que por cierto es recurrente en la historia de la humanidad y que el desarrollo tecnológico y la modernidad apenas ha mitigado sino que aparentemente lo ha agravado incluso más.
Por si interesa cotillear, aquí dejo un enlace, bien ilustrativo.
https://data.footprintnetwork.org/#/
Gracias por compartir el relato, me ha gustado mucho. Un abrazo.
Hola Carles.
Acabo de recuperar tu comentario del spam.
Gracias por pasarte y por comentar. He visto el link que nos envías, ¡preocupante! aunque parece que a los gobernantes no les preocupa demasiado.
Es cierto que el estilo de vida de los ciudadanos de algunos países, se desarrolla sobre la apropiación de recursos de otros países de forma éticamente reprobable. Otros lo hacen poniendo ingentes cantidades de dinero sobre la mesa. Lo cierto es que siempre son los mismos los que tienen que pagar las consecuencias, los que deben emigrar, los que se quedan con el territorio y los recursos devastados.
No es mucho lo que el ciudadano de a pie puede hacer. Pero aún nos queda la opción de reflexionar y protestar. Aquello de:¡¡No con mi silencio!! Sigamos haciéndolo, las nuevas generaciones tienen que enterarse de estas noticias que no salen en los medios de comunicación.
Gracias a ti. Un abrazo.
Marlen
No cabe duda, Marlen. Por supuesto que estoy contigo en tu apreciación en cuanto a no autocensurarse y aportar dentro de nuestras posibilidades ese granito de arena que ayude a la consecución de este fin. Y si además con ello se promueve el debate de ideas, el análisis objetivo de nuestra realidad cotidiana y la solidaridad con los más necesitados y oprimidos, cualquier esfuerzo que lo impulse será más pleno, satisfactorio y eficaz. Personalmente, valoro en gran medida tu trabajo pues a mí me parece que suma un faro más, que brilla entre esta mayoría silenciada que formamos los que no aceptamos tales injusticias y manipulaciones.
De nuevo te doy las gracias por compartirlo. Un abrazo.
Gracias a ti. Un abrazo.