Kodoku (Soledad)

Las dos caras de la soledad: la provocada por la situación social o por circunstancias personales que nos llevan a sentirnos solos, aunque la multitud nos rodee. Y la otra, la buscada y elegida. O por lo menos, si no es buscada, la disfrutada.

Ese azote silencioso

Cuando pienso en la noción de “soledad no deseada”, me invaden las imágenes de un video japonés llamado “Tony Takitani”, dirigido por Jun Ichikawa, basada en un cuento de Haruki Murakami, con música de Ryuichi Sakamoto, que trata de 孤独 Kodoku. 

No hay palabras, sólo música y la descripción angustiante de una vida en una soledad no deseada.


Celebrar la soledad disfrutada

Aquí estoy, mi querido diario, un día más, sentada en el maravilloso piso de ese edificio del que me enamoré a primera vista, frente a los enormes ventanales más propios de una edificación industrial, con techos altos y la luz del atardecer que todo lo invade, hablando conmigo misma de lo que la vida me va regalando. ¡Y pensar que, según el chico de la inmobiliaria, a todo el que venía a verlo le asustaban los espacios tan grandes y vacíos!

Esta mañana, haciendo la cola en la carnicería del mercado, me encontré con el vecino del 3º, creo que se llama Silvio, aunque no estoy segura. Pero sí sé que es un señor mayor al que la soledad le acompaña desde hace poco. Enviudó después de 55 años y está reaprendiendo a vivir.

Estar con alguien te da seguridad y cierta estabilidad. Dicen que no estamos hechos para vivir solos, aunque a él le está gustando. Desde hace unos días ha roto con algunas de sus rutinas y ahora escucha la radio mientras desayuna huevos revueltos con trocitos pequeños de bacon, baja al mercado con lo que tenga puesto, ha cambiado la butaca de sitio y, antes de acostarse, mira en la televisión los documentales de viajes que le llevan a recorrer ciudades y pueblos que piensa visitar cuando se decida por cuál le gusta especialmente. Vive el momento sin más. El carnicero le tiene una envidia sana, aunque eso de “envidia” y “sana” juntos siempre me ha parecido una estupidez.

¡Qué tema el de la soledad! nos persigue a todos, aunque algunos la esquivan y le huyen, otros la rozan y, los menos, la afrontan, la afrontamos, sin paños calientes. ¡Pero bueno Géraldine, qué raro tú hablando de soledades!

Amo la soledad tanto como el bullicio de las fiestas o las conversaciones con amigos. Estar sola es un estado de paz, una oportunidad para desconectar del ruido del mundo y conectar con mi propio ser.

Es que me da vergüenza admitirlo, pero a veces… muchas veces, me gusta estar sola. Será que soy una solitaria empedernida. Y no es que no me guste estar con los amigos o conocer gente agradable con la cual poder charlar, comer o tomar algo. Por cierto, tengo que llamar a Paula para ver qué llevo el sábado a la cena. Y confirmar con Antonio cuándo van a festejar el cumpleaños de Antoñito.

Me encanta la soledad que mi hogar me ofrece, un refugio donde puedo ser yo misma sin interrupciones, celebrando cada instante: entreabrir los ojos con el primer rayo de sol, cuando la ciudad aún no ha despertado, abrir las ventanas y disfrutar del silencio matutino, de los desayunos con una taza de té, un zumo de naranja y unas tostadas con queso y música de los Beatles, visitar la librería de la otra manzana, donde el dueño conoce mis gustos y me deja hojear tranquila antes de hacerme un comentario y elegir, caminar sin rumbo por el parque al atardecer, escuchando el crujir de las hojas bajo mis pies, robando fotografías de instantes fugaces, disfrutar de cocinar a los sones del violonchelo de Hauser y las noches silenciosas leyendo un libro mientras la ciudad duerme.

Amo cocinar para mí misma, un ritual que me hace sentir mimada y bien alimentada. En mi soledad, puedo entregarme a mis pequeñas rutinas sin interrupciones: leer durante horas, escribir mis pensamientos más íntimos en mi diario, escuchar la música que me llega al alma, a veces en un susurro, a veces sintiendo que la melodía hace temblar las paredes.

Me encanta perderme en mis reflexiones, explorando ideas y sentimientos que rara vez comparto con otros. Es en esos momentos de introspección cuando encuentro respuestas a preguntas que ni siquiera sabía que tenía.

Una de las cosas que más me gusta hacer, y que nadie más parece entender, es pasar horas contemplando el cielo desde mis ventanales. Me fascina cómo el azul se transforma en una paleta infinita de colores al atardecer y cómo las estrellas emergen tímidamente para llenar la noche de misterio. Para mí, mirar el cielo es como meditar, es mi manera de recordar lo pequeña que soy en el vasto universo y, al mismo tiempo, lo grandiosa que puede ser mi conexión con todo lo que me rodea.

Pero cuando permito que mis pensamientos afloren en palabras, aparece la mirada condescendiente, ese gesto torpe que dice ¡Pobre mujer!, ¡qué sola está!, esa amabilidad forzada.

Mi amigo Alexandre dice que depende de cómo se interpreten las cosas, que la gente, a veces, intenta comprender y empatizar. Y será una tontería, pero yo lo noto cuando flota en el aire, cuando alguien endulza la voz al hablarme o me pone gesto de pena.

Creo que a mucha gente le da envidia ese saber difuminarse con la sociedad, sola y sin miedo al cambio y a lo que el futuro me tenga programado.

“Soy suficiente para mí misma», me digo con una sonrisa cada vez que enciendo una vela para cenar. Disfruto de mi propia compañía, reflexionando sobre la vida, meditando sobre los misterios que otros sólo rozan con sus pensamientos fugaces. Para mí, la soledad no es un vacío, sino una presencia llena de posibilidades. Escucho mis propios pensamientos como si fueran conversaciones con un viejo amigo. He aprendido a amar la quietud, a escuchar el silencio. Puedo bailar descalza por la sala, perderme en la música sin preocuparme de quién me mira. Puedo reír a carcajadas de mis propias elucubraciones, o llorar si lo necesito, sin que nadie me juzgue.

Esa soledad, que para otros sería insoportable, es para mí un refugio, una fuente de fuerza. Y no es que no busque la compañía de los demás. No es que no valore a las personas en mi vida. Pero he aprendido que mi mayor compañía, la más leal y comprensiva, siempre seré yo misma. En la quietud de mi soledad, he encontrado un hogar en mi propio corazón.

Cada plato que preparo es un pequeño homenaje a mi autonomía, una celebración de mi independencia. Me sirvo una copa de vino y brindo, saboreando cada sorbo con la satisfacción de saber que todo lo que tengo, lo he conseguido trabajando, con mi propio esfuerzo.

Esta noche, una sensación extraña me invade. La familiaridad de mi entorno comienza a tornarse inquietante, como si algo no encajara del todo. Sacudo la cabeza, tratando de ahuyentar la sensación, pero no desaparece. Es como si el aire en la habitación se hubiera vuelto más denso, más pesado. De repente, siento un escalofrío recorrer mi espalda.

Me doy cuenta de que no estoy tan sola como pensaba. Siempre he sentido una presencia en mi casa, pero la había atribuido a mi imaginación. Esta noche, sin embargo, esa presencia se hace más fuerte, casi palpable.

Acabo de levantarme del escritorio, el corazón latiendo con fuerza. Me he girado hacia el espejo del pasillo, y lo que vi, reflejada en el cristal, junto a mi propia imagen, es una figura que no pertenece ya a este mundo. No estaba asustada. No era miedo lo que sentía, sino una curiosidad serena, como si en el fondo siempre hubiera sabido que estaba destinada a este encuentro. Él sonríe. Es un reflejo de mí misma, pero a la vez, diferente. Es la soledad personificada, el compañero silencioso que está conmigo todo este tiempo, celebrando cada instante de aislamiento, pero ahora, revelándose como algo más que una simple sensación.

«Siempre estuve aquí», nunca estuviste sola.»

Sonrío yo también. Por primera vez, entiendo que la soledad ha sido mi verdadera compañía, una presencia que me ha protegido, que me ha cuidado en cada momento, mi amiga más fiel. Siento cómo la calma del piso me envuelve en un abrazo invisible.

Me voy a la cama, confirmando la idea de que en mi aislamiento he encontrado una conexión más profunda que cualquier relación humana. En esta soledad, me siento más completa que nunca.


VadeReto, El Acervo de los Cuenta Cuentos
En el blog “Acervo de letras” de Jose Ant. Sánchez, existe este reto literario que me encanta. Es una invitación a escribir, sólo un tema

cada mes que puedes desarrollar como más te guste.
Para este VadeReto, Jose nos propone:
Se acaban las vacaciones, para la mayoría, y comienza el ritual del nuevo curso:
Afrontar nuevos estudios, reincorporarse al trabajo, alejarse del mar o la montaña,
volver a la monotonía de compañeros de trabajo, regresar a los lugares habituales, encerrarse en casas desanimadas… Sin embargo, hay personas para las que este mes representa volver a algo que ansían, odian o simplemente aceptan. Porque en las vacaciones se suelen reunir con amigos, familiares, conocidos, antiguos camaradas… Pero al regresar a la cotidianidad, todos se quedan y ellos se van.De esto vamos a trata en el VadeReto de este mes, porque tendréis que escribir sobre:La Soledad

No os los perdáis! Podéis leer el resto de aportes aquí:

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

32 comentarios sobre “Kodoku (Soledad)

  1. Hola, Marlen.

    Dos grandísimas historias para este interesante reto.

    En la primera, nos muestras el peligro de la Soledad. El vídeo es demoledor, tanto las imágenes como la música te perforan hasta el alma. Su contundencia te genera una desazón que va del estómago hasta la garganta y hasta te altera la respiración. En algunos momentos, es terriblemente agobiante, como la historia que cuenta. La realización es genial y sabiendo que está basada en un relato de mi admirado Murakami, lo entiendo todo mejor.

    El segundo relato es el contraste total. La Soledad buscada y disfrutada, aunque también puede ser una forma de adaptación. Somos muchos los que encontramos en la Soledad un Refugio. Impuesta es un castigo, elegida es una satisfacción.

    Me han gustado mucho estas frases: «Soy suficiente para mí misma»; «la soledad no es un vacío, sino una presencia llena de posibilidades». Le dan sentido, perfectamente, a esta otra forma de sentir la Soledad.

    Por último, esas presencias etéreas que siempre nos rodean. Ya sean posibles fantasmas que se niegan a abandonarnos, recuerdos que nos negamos a olvidar, sensaciones que nos traen imágenes del pasado… Como dices, nos hacen compañía y forman parte de esa Soledad que nos cobija.

    Las ilustraciones son preciosas y le dan un plus a este maravilloso reto. Enhorabuena.

    Muchas gracias por otro regalo para el VadeReto.

    Abrazo grande.

    1. Hola Jose.
      La primer historia tiene muchos pequeños detalles que escenifican la soledad más terrible y angustiosa. El gesto de llevar la comida al frigorífico y volver a sacarla para volver a comer en la más absoluta soledad, sin un gesto diferente, sin una palabra… Cada vez que veo este video siento la angustia de la soledad. No he encontrado el relato de Murakami sobre el que se basa, a mí también me gusta Murakami. Pero la música de Ryuichi Sakamoto creo que acompaña de un modo magistral. Transmite también mucha angustia.
      En cuanto a la segunda historia, tu frase «Impuesta es un castigo, elegida es una satisfacción.» es perfecta. Tenía curiosidad en cómo interpretábais la presencia en el espejo: fantasma del pasado, reflejo de la protagonista, el ayer de la protagonista confirmando el bienestar encontrado en su actual modo de vida, la soledad compañera de vida… Lo cierto es que la soledad en estos casos, acompaña, protege, ofrece refugio, calma ansiedades, permite reaccionar libremente, completa el puzzle que vamos formando segundo a segundo.
      Gracias a ti por incentivarnos y por tus opiniones.
      Un abrazo grandote en medio de una tormenta de viento, lluvia torrencial, rayos y truenos.

      1. Jelou de nuevo, miss Marlen.

        Podría decirte que lo he buscado yo de forma ardua y concienzuda, peo ya deberías saber que no sé mentir.
        Le he preguntado al solícito ChatGPT y me ha contestado esto:

        «El corto cinematográfico Kodoku («Solitude») está basado en el relato «El año de los espaguetis» (The Year of Spaghetti), que es parte de la colección de cuentos Sauce ciego, mujer dormida (Blind Willow, Sleeping Woman) de Haruki Murakami. Este relato explora la soledad y la desconexión humana a través de la historia de un hombre que pasa todo un año cocinando espaguetis, un acto que se convierte en una especie de ritual para enfrentar su aislamiento».

        Tengo el libro de relatos y parece que sí, es una historia muy parecida a la que cuenta el vídeo.
        Está entre mis pendientes, como casi todos. 😅

        No hay ná como sé amigo de una IA. 😜😝

        1. Hola Jose.
          La verdad es que no se me había ocurrido buscar en el ChatGPT, pero cada vez me encuentro, como en este caso, mejores respuestas a las búsquedas. Habrá que tenerlo en cuenta.
          Ahora entiendo la escena del video que te comentaba, en la que va al frigorífico a dejar la comida y vuelve nuevamente a la mesa con el mismo cuenco.La rutina repetida millones de veces, sin un detalle distinto, sin una palabra ni un sonido. ¡Agobiante!
          Gracias por el dato.
          Un abrazo desde un soleado Buenos Aires.

  2. Me encanta, Marlen. Atrapas las dos caras de la soledad de una forma maravillosa. Lo angustiosa que puede resultar pero también la posibilidad de disfrutar de ella sin miedo. Me han gustado mucho las reflexiones que pones en boca de la protagonista del segundo relato y coincido absolutamente con ellas. Hay mucho prejuicio en este tema cuando en realidad se trata solo de adaptarse a las circunstancias de la vida y tratar de sacarles el mejor partido posible. Todo es cuestión de actitud, finalmente. Un beso y enhorabuena por tu historia.

    1. Hola Marta.
      Gracias por tus palabras. Me alegro mucho que, de alguna forma, te veas reflejada en el sentir de la protagonista. Y sí, coincido en que hay mucho prejuicio en cuanto a la gente que vive sola y no se la ve sufrir por su soledad, sobre todo si son mujeres. Más de una vez he escuchado el: ¿No te sientes sola? e intuyo el: ¿Pobre, qué sola está!. Desde luego, como bien dices: «Todo es cuestión de actitud.» y de disfrutar lo que la vida te va ofreciendo.
      Un abrazo grandote.
      Marlen

    1. ¡Qué bien! ¡Me alegro que te hayas sentido identificado con la historia! (espero que haya sido con la segunda historia y no con la primera).
      Gracias a ti por acercarte y dejar tu comentario.
      Un abrazo grande.
      Marlen

  3. ¡Hola, Marlen! Bueno, menudo «relato». Lo entrecomillo porque esto es más que un relato, es casi una declaración de intenciones de lo que es la soledad en sus dos caras. Me ha gustado más la segunda parte, pero la primera es tan real como letal. Otra cosa, lo de Kodoku lo conocía y por eso te dije que quería leer tu relato más despacio. Me parece una de las historias más terribles de las muchas terribles que tiene esta cultura. Menos mal que para compensar nos has puesto la apacible música del grandísimo Ryuichi Skamoto, cuya banda sonora de «Feliz Navidad, Mr. Laurence», es una de las obras que figuran en mi lista de favoritos, la que me pongo cada día para escribir.

    Un texto impresionante, felicidades.

    Saludos. AlmaLeonor_LP

    1. Hola Alma Leonor.
      «Kodoku» no es una obra muy conocida, sin embargo a mí me parece un tratado completo sobre lo que es la soledad agobiante, la que no te permite respirar, la que no necesita palabras para expresar TODO. «Letal», como dices tú.
      ¡Qué bien que ya conozcas al fantástico Ryuichi Skamoto! ¡Todo lo que se puede expresar con una simple melodía!
      Gracias por pasar por El blog del Trujamán, gracias por tu comentario.
      Un abrazo fuerte.
      Marlen

  4. Es una historia excelente Marlen, mostraste en tu publicación dos caras de la soledad, la de sentirse bien con uno mismo y la que te agobia aun estando entre mucha gente. Me encantó el video, no necesita palabras solo las imágenes y la música. Realmente muy bueno todo, un abrazo.

    Patricia F.

  5. Hola Marlen, debo decirte que me encantó, por un lado me sentí identificada pues yo soy un poco así, me gusta estar sola y en mi casa y algunos otros lugares, disfruto muchísimo de mi propia compañía jejeje.

    Me gusta cuando tu prota siente que hay una presencia y al final resulta que es la soledad haciéndose «palpable». Por supuesto que nunca estamos solos, ella nos acompaña y nos llena. Enhorabuena por tu relato. Saludos.

    1. Hola Ana.
      Me alegra mucho que te haya llegado la entrada de Kodoku. Y que te hayas sentido identificada con la protagonista. ¡No eres la única, evidentemente! Y creo firmemente que quien no lo ha experimentado, no lo entenderá. Pero claro, no se puede llegar a todo el mundo.
      Gracias por tus palabras. Un abrazo fuerte desde la soleada Buenos Aires.

        1. Sí, Ana. Un viaje corto, pero muy agradable porque se vuelven a reforzar afectos de familiares y amigos. Y vuelvo a pisar las calles de mi Buenos Aires y los campos de mi amada Patagonia. ¡Lo estoy disfrutando a pleno!

  6. Hola Marlen: hermosos relatos. Voy por la soledad buscada y disfrutada. A mi también me gusta homenajearme cuando estoy sola y lo disfruto muchísimo. en un montón de pasajes de este relato me identifiqué. Gracias por compartirlo. Te espero por mi blog «Alas de Papel» que estoy estrenando. También participo de algunos retos, así que si pasas a leerlos me harás feliz. Te dejo un abrazote enorme. Susana

    https://elisabetsusanadesimonerelatos.blogspot.com

    1. Hola Susana.
      Me alegro que te haya gustado la entrada de las soledades y que seas de las que entienden y disfrutan de ese privilegio.
      Pasaré por tu blog a leerte.
      Gracias por tu comentario. Un abrazo grande.
      Marlen

  7. Dos caras de la soledad que tiene muchas aristas tal y como tu has plasmado. Hay una soledad impuesta que muchas veces se rechaza y otra elegida que se disfruta. Buen punto de vista!

    Un abrazo!

  8. ¡Hola Marlen! Dos maneras de vivir la soledad muy diferentes y que has contrapuesto muy bien en la aportación que haces a este reto. El vídeo es demoledor y angustiante mientras que el relato que nos compartes después es un rayo de esperanza, una oda a la soledad deseada y disfrutada.

    Un saludo.

  9. Maite del blog «La piedra en el agua. Poesía y prosa poética Maite Sánchez Romero» ha dejado su comentario que transcribo y comento:

    No te puedo comentar en el blog, ni siquiera en mi wordpress. Te dejo aquí mi comentario; dime si has podido leerlo…

    Espléndida entrada!

    Tiene las dos caras de la moneda… El vídeo es demoledor. La música sumada a las imágenes son angustiosas.

    Luego, una lee tu relato, uf… y es como si abriera la ventana y entrara un gran rayo de sol…

    Me ha encantado. Haces un resumen precioso de la misma autorrealización; creo que sólo alguien completamente autorrealizado puede sentirse tan bien consigo mismo. La soledad entonces es una compañera necesaria, indispensable para profundizar en todo, para descansar, para la propia superación , para la creatividad, etc… Yo he interpretado al ser del espejo como a la misma Soledad, a tu lado, fiel, cuidando de ti.

    Fenomenal, me he sentido muy identificada con tu personaje (¿o contigo? 

    Un fuerte abrazo! 

    1. Hola Maite.

      Sí, a veces WordPress y compañía actúan intentando volvernos locos. ¡No lo conseguirán!

      La primer parte de la entrada a mí también me agobia mucho y me entristece. Quise dar las dos versiones de la soledad y me despaché a gusto en la segunda, para ahuyentar esa primer cara de la moneda. Reflexionar y aceptar la amistad de la soledad lleva mucha reflexión y muchas experiencias vividas que, a cierta edad, es preferible haberlas aprendido. Desde joven entendí que lo mejor que podía hacer en esta vida era hacerme amiga de mí misma y escucharme, escuchar mi interior, mis instintos, mi bagage. Y, la verdad es que no me ha ido nada mal hasta ahora. Esa sensación de estar a gusto conmigo, ¡es increíblemente hermosa y reconfortante! ¡Imprescindible!

      Estoy de acuerdo contigo. Por tus palabras te siento muy cerca y me alegro mucho que un pequeño blog, algo inofensivo que pensamos no llega muy lejos, logre unir a dos seres que comparten vivencias en este maravilloso universo. ¡La vida te da sorpresas maravillosas!

      Muchas gracias por acercarte a mi txoko y por tus palabras. Un abrazo muy fuerte.

      Marlen

  10. Qué gran relato, Marlen. Lo he leído mientras escuchaba la música del vídeo que has compartido y me ha emocionado mucho. Es verdad que hay que distinguir la soledad deseada de la no deseada. Pero, creo que la soledad siempre nos acompaña, aunque estemos rodeados de personas que nos quieren.

    Por eso me ha gustado mucho esta historia en la que la protagonista aprende a disfrutar de la soledad, que en realidad no lo es porque nosotros mismos nos hacemos compañía. Especialmente me ha gustado esto que dice tu personaje: «Pero he aprendido que mi mayor compañía, la más leal y comprensiva, siempre seré yo misma. En la quietud de mi soledad, he encontrado un hogar en mi propio corazón». Y también me ha gustado mucho esta otra frase: «Cada plato que preparo es un pequeño homenaje a mi autonomía, una celebración de mi independencia». No todo el mundo tiene la suerte de disfrutar de esa autonomía e independencia.

    Así que me ha parecido muy acertada la forma en que has abordado el tema de la soledad, una palabra que nos asusta y que solemos identificar como algo muy negativo. Con tu historia, la soledad gana posiciones e incluso llega a adquirir una personalidad propia.  

    Me encantó. ¡Un abrazo!

    1. Hola Cristina
      Muchas gracias por tus palabras. Tienes razón, deseada o no, la soledad siempre nos acompaña, aunque no nos demos cuenta o no queramos verla, encubriéndola con trabajos y ocupaciones para olvidarla. Por eso el reflejo en el espejo.
      Me gustan las frases que has escogido del texto. Y acotas que: «No todo el mundo tiene la suerte de disfrutar de esa autonomía e independencia.» Es cierto, a veces, la vida se empeña en poner trabas para que no puedas disfrutar de esa posibilidad. Aunque también, muchas veces, ese disfrute es un aprendizaje de tomar decisiones con valentía, de aceptar y aceptarse. ¡Cuántas personas conocemos que no se deciden a romper una relación que les hace daño, por miedo a la soledad!
      Me alegro que la soledad gane algún punto en esta vida que nos toca y vamos forjando. Si mi relato ayuda en lograrlo, me siento más que satisfecha. Y me alegro también que te haya gustado.
      Un abrazo fuerte.
      Marlen

Responder a Cristina RubioCancelar respuesta

error: Content is protected !!

Descubre más desde El blog del Trujamán

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo