Cada enero, justo cuando el mundo empezaba a recuperarse de los excesos navideños y de la culpa por los propósitos abandonados el día 3, aparecía él: el Blue Monday, un lunes tan azul que, si fuera pintura, vendría con advertencia de toxicidad emocional.
La historia decía que era el día más deprimente del año, resultado de una fórmula matemática tan compleja que sólo podía haber sido inventada por alguien que jamás aprobó estadística. Pero la gente la repetía con la solemnidad con que se repite un diagnóstico médico. Porque, si lo decía internet, ¿cómo iba a ser mentira?
En la ciudad, las tiendas se preparaban para la fiesta de la depresión. Las farmacias colocaban en primera fila vitaminas “anti-tristeza estacional”, las cafeterías ofrecían “latte anímico con extra de esperanza” y los supermercados vendían paquetes de magdalenas con el sello: Especial Blue Monday: para consolarse sin culpa. Hasta los gimnasios lanzaban ofertas: “Inscríbete hoy, porque si no lo haces en el día más triste, no lo harás nunca”.
El único que no aceptaba nada era Don Ernesto, el librero del barrio. Cada año, llegaba a su local un vendedor corporativo con un maletín brillante y un entusiasmo que daba miedo.
.- Señor Ernesto —proclamaba—, este año sí tiene que sumarse a la campaña. Mire: cintas azules, posters melancólicos, descuentos terapéuticos. La tristeza vende.
Ernesto lo miraba por encima de los lentes, con esa calma de quien ha visto ya demasiadas modas intentando hacerse pasar por necesidad.
.- ¿Y si la gente simplemente lee un libro? —respondía.
El vendedor casi se desmaya.
.- ¡Pero eso no genera compra compulsiva! ¡La gente se entretiene demasiado con un libro, no vuelve hasta terminarlo!
Aquel año, cansado de tanta insistencia, Ernesto colgó un cartel improvisado en la puerta:
“Blue Monday: aquí no se vende tristeza. Sólo historias.”
Y, milagrosamente, la gente entró.
Algunos buscaban consuelo. Otros, escapatoria. Otros, simplemente un lugar donde no les ofrecieran un kit emocional de descuento. Ernesto les recomendaba libros con la misma filosofía de siempre.
.- Este no te va a curar nada, pero te va a acompañar mientras recuerdas que no necesitas que una propaganda te diga cuándo estar triste.
Por la tarde, mientras la ciudad seguía comprando objetos para combatir una pena que ni siquiera sentía antes de que la publicidad la nombrara, la librería estaba llena de personas que habían descubierto un secreto inquietante: a veces, la tristeza no se combate comprando, sino dejando de comprar explicaciones ajenas.
Y así, sin anuncios luminosos ni ofertas lacrimógenas, el pequeño local sobrevivió otro Blue Monday, convertido en un raro oasis donde la gente se daba cuenta de que la tristeza auténtica no necesitaba calendario… y que la fabricada venía, sospechosamente, con ticket de caja.

Mañana 19 de enero es Blue Monday, el tercer lunes del mes de enero, el día más deprimente del año. Surgió en el año 2005 como parte de una campaña publicitaria británica y se ha convertido en una referencia popular, aunque su fundamento científico sea inexistente.
Si bien es cierto que algunas personas pueden experimentar una mayor tristeza en esta época del año, debido a factores como el clima invernal, la falta de luz solar, la “cuesta de enero” o la vuelta a la rutina. Pero cualquier médico te puede aclarar que los altibajos emocionales son naturales. Y que no tienen que ver con la necesidad imperiosa de salir a hacer compras.
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