El rey Gundemaro el Inamovible no bajaba nunca al sótano. No porque estuviera prohibido —era parte del castillo—, sino porque allí vivía el monstruo. Y el monstruo, pensaba el rey, debía combatirse desde arriba, con decretos firmes, con soldados bien armados y con silencio.
.- Mientras no se hable de él, no crecerá —decía.
Pero el monstruo crecía.
Vivía en el sótano desde hacía años, quizás décadas. Nadie recordaba cuándo había aparecido por primera vez. Algunos decían que empezó como un murmullo, otros como un rumor, otros como una sombra que se movía cuando nadie miraba. Lo cierto era que, con el paso del tiempo, el monstruo había adquirido peso, olor, respiración. A veces gruñía. A veces lloraba.
Y la gente del reino lo sabía.
En las casas, al caer la noche, las madres bajaban la voz. Los padres cerraban ventanas innecesarias. Los niños aprendían pronto a no preguntar. En el mercado, los comerciantes evitaban ciertos temas. En la taberna, las conversaciones se interrumpían cuando alguien mencionaba “el sótano”.
.- No digas eso —susurraban—. Las paredes oyen.
El rey Gundemaro el Inamovible interpretaba aquel silencio como armonía, paz, orden.
.- El reino está tranquilo —afirmaba—. Nadie se queja.
El mago del reino, sin embargo, sabía leer otros signos.
Merlín —porque todos los magos importantes se llaman Merlín, aunque no sea su nombre— tenía la mala costumbre de escuchar. Escuchaba los pasos inseguros, las frases cortadas, los suspiros largos. Y sobre todo, escuchaba lo que no se decía.
Una mañana, el rey lo llamó.
.- Mago —dijo con voz grave—. El monstruo del sótano debe morir.
Merlín alzó una ceja.
.- ¿Morir? Qué palabra tan definitiva para algo que aún no ha sido presentado formalmente.
.- No bromees —gruñó el rey—. Mis soldados están asustados. La gente murmura. Quiero un hechizo. Algo… contundente.
.- Oh, tengo varios —respondió el mago, sacando un pergamino interminable—. Por ejemplo, el “Hechizo de la Mirada Terrible del Dragón Inflado”. Muy eficaz para impresionar. Absolutamente inútil para resolver problemas.
.- ¿Cómo que inútil?
.- ¡Ah, pero infunde respeto! Durante unos minutos. Luego todo sigue igual.
El rey Gundemaro suspiró, impaciente.
.- Haz algo serio, por favor.
Merlín asintió con gravedad exagerada.
.- Entonces usaremos el “Encantamiento del Silencio Absoluto y Definitivo”.
El mago levantó su bastón, murmuró palabras incomprensibles y, de pronto, todo quedó en silencio. No se oían pájaros, ni pasos, ni viento. El rey abrió la boca… y no salió sonido alguno.
Pasaron unos segundos incómodos.
Merlín rompió el hechizo con un chasquido.
.- ¿Ves? —dijo—. El silencio no elimina el monstruo. Sólo lo hace más ruidoso por dentro.
El rey frunció el ceño.
.- ¡No estoy para juegos!
.- Yo tampoco —respondió el mago—. Por eso no te propongo magia, sino una visita.
.- ¿Al sótano?
.- Exactamente.
Bajaron esa misma noche. El castillo parecía distinto desde las empinadas escaleras descendentes: más frío, más estrecho. Las antorchas iluminaban piedras húmedas. El aire olía a encierro.
.- ¿Oyes eso? —susurró el rey.
.- Sí —respondió Merlín—. Es el monstruo respirando.
El monstruo no atacó. No rugió. No saltó desde las sombras. Simplemente estaba allí, enorme, amorfo, con ojos que parecían hechos de recuerdos no comentados.
.- Es… horrible —murmuró el rey Gundemaro.
.- Lo sé —dijo el mago—. Se alimenta de órdenes sin explicación, de castigos sin palabras, de preguntas sin respuesta.
El rey retrocedió.
.- ¡Mátalo!
Merlín negó con la cabeza.
.- Antes, un último hechizo. El “Ritual del Espejo Incómodo de la Verdad Inconveniente”.
.- ¿Y ese qué hace?
.- Nada mágico. Sólo obliga a mirar.
El mago trazó un círculo. El monstruo se reflejó… y en su forma comenzaron a aparecer escenas: campesinos callando injusticias, soldados obedeciendo sin comprender, niños aprendiendo a no preguntar.
El rey Gundemaro se vio a sí mismo, firmando decretos sin escuchar, creyendo que las reglas, los mandamientos eran los que creaban la paz.
.- Yo… sólo quería proteger el reino —dijo, con voz un poco más baja.
.- Lo sé —respondió Merlín, con suavidad—. Pero el miedo crece donde no entra la palabra.
El monstruo se encogió un poco. Apenas.
.- ¿Y ahora? —preguntó el rey.
Merlín sonrió tristemente.
.- Ahora empieza el trabajo difícil. El “Hechizo del Hablar Claro Sin Gritar”. El “Encantamiento de Escuchar Aunque Duela”. El más peligroso de todos: el “Acto Mágico de Reconocer Errores”.
.- Esos no suenan muy… mágicos.
.- Es cierto, pero esos precisamente funcionan en este caso.
Días después, el rey Gundemaro habló al pueblo. No desde el balcón alto, sino en la plaza. No fue un discurso solemne ni perfecto. Se equivocó en algunas palabras, dudó en otras, y hubo silencios largos que nadie se atrevió a interrumpir. Pero, por primera vez, no habló para ordenar, sino para explicar. Y, sobre todo, para escuchar. Escuchó quejas. Admitió errores. Permitió preguntas.
Las gentes del reino comenzaron a decir cosas pequeñas al principio: injusticias mínimas, miedos antiguos, preguntas olvidadas. Luego, poco a poco, las palabras se hicieron más grandes. No hubo aplausos. Hubo algo más raro: atención.
Esa misma noche, el monstruo del sótano se movió.
No rugió. No desapareció de inmediato. No golpeó los muros. Pero dejó de crecer. Simplemente se encogió un poco, como si le faltara alimento. Sus ojos —hechos de secretos— se apagaron levemente. El miedo, privado del silencio, empezó a pasar hambre.
El rey volvió a bajar al sótano. Por primera vez, bajó solo. Esta vez, sin espada.
El monstruo lo miró. Ya no ocupaba toda la estancia. Ahora dejaba ver el suelo, las paredes, las grietas antiguas del castillo.
.- No te irás de inmediato —dijo el rey, con voz cansada—. Lo sé. Pero tampoco te haré más grande.
El monstruo no respondió. Nunca lo hacía. Pero respiró más despacio.
Cuando el rey salió, notó algo extraño: las escaleras parecían menos empinadas.
Merlín lo esperaba arriba, apoyado en su bastón.
.- ¿Lo mataste? —preguntó, fingiendo interés.
.- No —respondió el rey—. Pero ya no gobierna solo.
El mago sonrió, satisfecho.
Esa noche, en su taller de lectura y experimentos, Merlín escribió en su grimorio, con tinta que cambiaba de color: “El miedo no nace en la oscuridad, sino en el silencio que la protege. No se destruye con espadas ni con hechizos ruidosos. Se debilita cuando deja de ser invisible.
Todo reino tiene un sótano. La magia no consiste en sellarlo, sino en atreverse a bajar con luz.”
Y añadió, como advertencia final: “Nota: prohibido usar el “Hechizo de la Mirada Terrible del Dragón Inflado” en contextos serios. Provoca risas, no cambios.”
Desde entonces, el monstruo sigue allí. Más pequeño. Más débil. Pero vivo. Porque el miedo no desaparece del todo. Pero cuando se lo nombra, deja de mandar.
Al amanecer, una criada bajó al sótano para dejar una lámpara encendida. No era una orden del rey. Era una costumbre nueva.
La luz no expulsó al monstruo. Pero por primera vez, el sótano tenía una luz que no se apagaba.Y el miedo, acostumbrado a reinar en la oscuridad, aprendió algo inesperado: que cuando se lo ve, cuando se lo nombra, cuando se lo ilumina, ya no es un monstruo, sino un aviso.

En el blog “VadeReto” de Jose Ant. Sánchez existe este reto literario que me encanta.
Es una invitación a escribir, sólo un tema cada mes, que puedes desarrollar como más te guste.
El primer cuento del año para nuestro VadeReto debe cumplir las siguientes condiciones:
Entre los personajes del relato tiene que aparecer, al menos, un Rey y un Mago.
Los dos juntitos o revueltos, enfrentados o amigos, rivales o colegas… Pero los dos.
El género debe ser, preferentemente, la Fantasía. Aunque, si os apetece meter a los anteriores en una historia que sea de: terror, misterio, ciencia ficción, romanticismo, aventuras…
¡Vale, de acuerdo! Ya sabéis que aquí siempre estamos abiertos a vuestra imaginación y creatividad.
Por lo demás, todo queda a vuestra libre elección.
¡No os los perdáis! Podéis leer el resto de aportes aquí:
una gran lección de como gobernar. muy bueno felicidades
Hola Manuel. Creo firmemente que dentro de la tarea de gobernar, está la de acompañar a los diferentes grupos de población en sus necesidades. Y «la cultura» es una de las necesidades imprescindibles.
Muchas gracias por tu comentario. Un abrazo grande. Marlen
Sabiduría para adultos en un cuento para niños…muy bueno. Abrazo.
Hola Oscar. ¡Qué buena definición: «Sabiduría para adultos en un cuento para niños»! ¡¡Me encantó!!
Muchísimas gracias. Un abrazo fuerte. Marlen
¡Qué bonito, Tita Marlen!
Cuando nos reúnes al rededor de la fogata, en el patio, por mucho frío que haga, siempre nos calientas con tus historias.
Yo no he visto Rey, Mago, ni monstruos, sino niños disfrazados de ellos. Niños que aprenden con los relatos. Niños que sonríen con los finales bonitos. En definitiva, niños que salen de los corazones para recordar esas fábulas que tanto nos gustaban.
Felicidades, amiga. Este cuento hay que leerlo, pero, sobre todo, hay que contarlo. Contarlo a los niños grandes y pequeños que necesitan el hechizo de «El Corazón tierno y calentito, pero la Cabeza fría y reflexiva».
Ojalá poder usar el «Hechizo de la Mirada Terrible del Dragón Inflado», para aquellos Monstruos que se creen Reyes y usan su poder con maldad, solo para conseguir aumentar sus tesoros. Ojalá un Merlín que con su magia hiciera más sabia a la gente en sus decisiones y no pusiera su vida en manos de estos Monstruos.
Muchísimas gracias por alegrarnos el corazón de niños y calentar nuestra mente de adultos.
Abrazo Grande.
Hola Jose, ¡tanto tiempo!
Como hoy llovía y el frío se hacía notar, he decidido que la gran chimenea del salón acogiera nuestros deseos de cuentos y nuestras impaciencias por los scones con leche chocolatada. Espero que los cuentos caldeen el ambiente. A mí me has dejado reconfortada y calentita con tu precioso comentario. Los niños (grandes y chicos) están excitadísimos. Creo que el hechizo de «El Corazón tierno y calentito, pero la Cabeza fría y reflexiva» ha hecho efecto.
Desde esta mañana estoy intentando hablar con Merlín para que, a petición tuya y mía, use el «Hechizo de la Mirada Terrible del Dragón Inflado», para aquellos Monstruos que se creen Reyes y usan su poder con maldad, sólo para conseguir aumentar sus tesoros.» Me ha parecido un hechizo creado a propósito para ciertos personajillos, pero es sólo una suposición. Aunque pareciera que conoces muy bien a Merlín y le descubres las palabras antes de que las pronuncie 🤣😂🤣.
Muchísimas gracias a ti por tus comentarios. Mi ego también se une a mi agradecimiento. Besarkada haundi bat, lagun.
Hola Marlen, ¡qué gusto leerte! Tu relato tiene un gran mensaje que no se circunscribe a la tarea de «gobernar» a otros. Creo que se puede aplicar para los individuos, las familias, etc. Esos monstruos no se pueden arreglar en la oscuridad donde reinan, hay que sacarlos a la luz y examinarlos, explicarlos, modificar lo que haya que modificarse, (siempre desde el amor), y su poder, como bien dice tu cuento, decrecerá. Me encantó tu participación, Marlen. Abrazo fuerte.
Hola Ana
¡Cómo me alegro que te haya gustado el cuento! Cuando vi el tema de este mes, pensé en un cuento muy actual, con un rey que se cree rey del universo. Y menos mal que no me decidí por él, porque hubiera coincidido con Marta. Pero luego estuve pensando en un tema más general y que siempre está de moda. Los miedos nos atañen a todos y atacan cuando estamos desprotegidos, cuando nos negamos a enfrentarlos y los escondemos en el sótano. Buen motivo para hablar de ellos. Esperemos que en algún momento de nuestra vida seamos más conscientes de ello y seamos capaces de reaccionar.
Muchas gracias por tu comentario. Un abrazo fuerte.
¡Qué bonito, Marlen! Un cuento precioso, lleno de simbolismo y con un gran mensaje. Me ha encantado: el tono, el fondo, la atmósfera que envuelve la historia y la forma sobre todo en que el rey derrota al monstruo…. Una maravilla de relato. Felicidades.
Hola Marta, muchas gracias por acercarte y por tu comentario.
El miedo es un monstruo horrible que paraliza y no deja reaccionar. Y hay que ser consciente para aceptar lo que está pasando y valiente para reaccionar de forma adecuada. La violencia no es el camino. Pero muchas veces es importante tener cerca un Merlín que encauce los pensamientos con palabras, reflexiones, cuentos. Y ser un Merlín es un privilegio al alcance de cualquiera que quiera hacer este mundo más disfrutable.
Un abrazo fuerte, Marlen