Redada monstruosa

Todo empezó con una idea que, según Marcos, era “absolutamente genial y sin posibilidad de salir mal”. Cuando alguien dice eso, normalmente significa exactamente lo contrario.

La idea era simple: sorprender a Sofía en su cumpleaños número dieciséis. El plan consistía en que todo el grupo de amigos apareciera en su casa disfrazado de monstruos de terror justo a las nueve de la noche, tocaran el timbre, gritaran “¡FELIZ CUMPLEAÑOS!” al unísono e invadieran la casa con todo lo que llevaban para festejar, desde globos hasta los sandwichitos y las Coca Colas.

.- Va a ser épico —aseguró Marcos por el grupo de WhatsApp.

.- Va a ser ridículo —respondió Carla.

.- Ridículamente épico —corrigió él.

Y así, una semana después, a las ocho y cincuenta y cinco de la noche, siete criaturas aterradoras se encontraban paradas frente a la casa de Sofía.

Marcos que iba de zombi, con la cara pintada de verde y una camisa rota, sostenía su mano verde de zombi sobre el timbre cuando escuchó la voz de Carla que se había disfrazado de vampira elegante:

.- Eh… chicos… tenemos un pequeño problemita.

El “problemita” era un auto-patrulla estacionado justo detrás de ellos, con dos policías mirándolos como si hubieran llegado recién de otro planeta. Las luces azules y rojas empezaron a parpadear.

.- Buenas noches —dijo el oficial Ramírez, bajando del coche—. ¿Podrían explicarnos por qué hay un dinosaurio, un payaso psicópata y un fantasma torcido parados frente a esta casa?

.- No estamos torcidos —protestó Valentina desde debajo de la sábana de su disfraz de fantasma—. Es que no encuentro los agujeros de los ojos.

Tomás, disfrazado de un payaso terrorífico, no decía nada por miedo a que alguno de los policías hubiera visto alguna de las versiones de “It” de Stephen King.

Lucía iba de bruja e intentaba acomodar su enorme nariz postiza, mientras Diego… Diego había decidido ser “hombre lobo moderno”, lo que básicamente significaba que llevaba orejas peludas y zapatillas deportivas.

.- ¡Somos un grupo de amigos! —respondió Marcos, intentando sonar tranquilo—. Venimos a darle una sorpresa a Sofía por su cumpleaños.

.- ¡Ajá! —dijo la oficial Gómez, anotando en su libreta—. “Sorpresa”. Interesante palabra para describir a siete personas disfrazadas deambulando frente a una vivienda a las nueve de la noche. Recibimos una denuncia de un vecino que dijo textualmente: “Hay una pandilla de criaturas extrañas merodeando con intenciones sospechosas.”

.- Exacto —dijo Tomás, el payaso—. Suena peor de lo que es.

Nico, que llevaba un traje inflable de dinosaurio que hacía un ruido espantoso cada vez que respiraba, levantó una garra inflable.

.- Yo no estoy merodeando. Estoy sudando.

.- ¡Silencio, reptil! —ordenó Ramírez.

.- ¡No soy reptil! ¡Soy un velociraptor! —gritó Nico ofendido.

.- Eso es mucho peor —murmuró el policía.

.- Yo no veo nada —dijo Valentina desde debajo de la sábana—. Creo que me puse esto al revés.
.- Me estoy asfixiando —anunció Nico desde el interior del velociraptor. Luego sólo se escuchó un “psssssshhh” desinflado.

Justo entonces, la puerta de la casa se abrió.

Sofía apareció con pijama de ositos y cara de sueño.

.- ¿Qué es todo este ruido? —preguntó.

.- ¡SORPRESA! —gritaron los amigos.

.- ¡AAAAAAH! ¿Qué… qué… QUÉ ES ESTO? —gritó Sofía.

.- ¡AAAAAAH! —gritó la madre de Sofía, apareciendo detrás de ella.

.- ¡AAAAAAH! —gritó el padre, saliendo con una linterna y una escoba.

.- ¡AAAAAAH! —gritó el vecino del chalet de enfrente, que miraba por la ventana— ¡Nos invaden!.

.- ¡Dejen de gritar todos! —gritó el oficial Ramírez—. Señora, mantenga la calma —dijo el policía—Estamos investigando la situación.

El padre de Sofía gritó, blandiendo la escoba:

.- ¿Quiénes son ustedes y por qué hay un tiranosaurio en mi jardín?

.- ¡No soy un tiranosaurio! —repitió Nico—. ¡Soy un velociraptor!

.- ¡Eso no cambia nada! —gritó el padre.

Los vecinos empezaron a asomarse por las ventanas.

.- ¿Es una fiesta temática? —preguntó la señora del chalet de la esquina.

.- ¡No, es un ritual! —gritó el vecino del bulldog francés.

Hubo un silencio incómodo.

.- Sofi… somos nosotros —dijo Carla, levantándose los colmillos de vampira. Venimos a festejar tu cumple.

¡Ya! —dijo Sofía—. Ya me doy cuenta que son ustedes.

.- Sí —respondió Tomás, el payaso—. ¿Nos reconociste por la alegría en nuestros ojos?

.- No. Por el olor a desastre inminente.

La oficial Gómez carraspeó.

.- A ver, jóvenes. Esto es muy sospechoso. Tendremos que llevarlos a todos a la comisaría.

.- ¡¿A la comisaría?! —gritó Carla—. ¡Pero si sólo es un cumpleaños!

.- Explíquenselo al vecino que llamó diciendo que había un apocalipsis en proceso —respondió la policía.

Sofía, todavía en shock, empezó a reír.

.- Mamá, papá, tranquilos. Son mis amigos. Son idiotas, pero son mis amigos.

.- Eso no los exime de responsabilidad —dijo la oficial con seriedad.

En ese momento, el dinosaurio se tropezó con la manguera y cayó hacia atrás, como un edificio en demolición.

.- ¡HERIDO! —gritó Nico desde el suelo.

.- ¡Se está desmayando el lagarto gigante! —gritó la vecina del chalet de la esquina.

El otro policía se llevó una mano a la cabeza.

.- Esto se nos está yendo de control.

.- Señorita, —preguntó la oficial Gómez— ¿usted conoce a estas… criaturas?

.- Lamentablemente, sí —respondió Sofía—. Son mis amigos.

.- Entonces explique por qué un vecino llamó diciendo que había “un ataque paranormal organizado”.

El vecino del bulldog francés, don Ernesto, apareció en bata.

.- ¡Porque es verdad! —gritó—. ¡Miren esa cosa verde! —señalando a Marcos—. ¡Y ese lagarto gigante!

.- ¡No soy un lagarto! —protestó nuevamente Nico.

.- Señor —dijo Ramírez—, por favor, vuelva a su casa.

.- ¡No me callarán! —respondió el vecino, escondiéndose detrás de un arbusto.

La situación se estaba descontrolando.

.- Muy bien —anunció el policía—. Vamos a tener que llevarlos a todos a la comisaría para aclarar esto.

.- ¡¿A TODOS?! —gritaron los amigos.

.- Incluso al dinosaurio —añadió la oficial Gómez.

.- ¡No entro en el patrullero! —protestó Nico.

.- Se desinfla y entra —dijo el policía.

.- ¡JAMÁS! ¡No me desinflarán!

Fue en ese momento cuando Tomás, el payaso, tuvo una idea terrible.

.- Oficial… mire allá —dijo señalando hacia la esquina.

.- ¿Qué? —preguntó Ramírez, distraído.

.- ¡CORRAN! —gritó Tomás.

Y los siete amigos salieron disparados.

.- ¡DETÉNGANSE EN NOMBRE DE LA LEY! —gritó Gómez.

Se desató el caos.

El dinosaurio corría haciendo “pssshhh pssshhh”.

El fantasma chocó contra un árbol.

La bruja perdió la nariz postiza.

El payaso zigzagueaba como loco.

El zombi se tropezó con sus propios pies.

Y Diego, Diego que había perdido una oreja, corría más que ninguno con sus zapatillas deportivas.

.- ¡Esto es una persecución ridícula! —gritó Ramírez por el walkie talkie.

.- ¡Persecución de monstruos juveniles en curso! —respondió la Gómez.

El vecino Ernesto salió con una manguera.

.- ¡Yo los detengo!

Apuntó y empapó al dinosaurio.

.- ¡SOCORRO, ME DESINFLÓ! —gritó Nico cayendo al piso como un globo triste.

Los policías lograron alcanzar a Marcos y Carla.

.- Quedan oficialmente detenidos —dijo Ramírez.

.- ¡Pero es un cumpleaños! —protestó Carla.

.- ¡Eso lo decidirá el juez! —respondió dramáticamente el policía.

Mientras tanto, Sofía miraba todo desde la puerta con la boca abierta.

.- Este es el peor “mejor cumpleaños” de mi vida —dijo.

Su padre le puso una mano en el hombro.

.- ¡Pero es inolvidable!

De pronto, la madre de Sofía tomó una decisión heroica.

.- ¡BASTA! —gritó con voz de directora de escuela—. Nadie se lleva a nadie a ningún lado.

Todos se quedaron congelados.

.- Oficiales, estos chicos son torpes, ruidosos y claramente mal organizados… pero no son criminales.

El oficial Ramírez suspiró.

.- Señora, entienda: hay protocolos.

.- Y hay torta de chocolate —respondió ella.

Los policías se miraron.

.- ¿Con relleno? —preguntó la oficial Gómez.

.- Doble —dijo la madre.

Hubo un momento de tensión histórica.

Finalmente, Ramírez bajó las esposas.

.- Está bien. Pero que sea la última vez que organizan un circo del terror sin aviso previo.

.- ¡PROMETIDO! —gritaron todos.

El vecino Ernesto salió de entre los arbustos.

.- Yo igual no les creo nada.

.- Nadie le preguntó, don Ernesto —dijo Sofía.

Al final, todos entraron a la casa, menos el vecino que intentó colarse, pero no lo logró.

Nico fue re-inflado con un secador de pelo.

Valentina encontró por fin los agujeros de la sábana.

Marcos y Lucía colgaron los globos y las guirnaldas que habían traído.

Tomás prometió no volver a dar ideas.

Los policías aceptaron una porción de torta “sólo por protocolo”.

Sofía sopló las velas, rodeada de monstruos desprolijos y padres agotados.

.- Bueno —dijo—. Gracias por la sorpresa.

.- ¿Te gustó? —preguntó Marcos.

.- Digamos que sí —respondió ella—. Pero el año que viene… mejor regálenme un libro.

Afuera, don Ernesto seguía vigilando desde su ventana.

.- Yo sé lo que vi —murmuró—. Ese dinosaurio no era normal.

Y su bulldog refunfuñaba bajito, para darle toda la razón.


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En el blog “VadeReto” de Jose Ant. Sánchez existe este reto literario que me encanta.
Es una invitación a escribir, sólo un tema cada mes, que puedes desarrollar como más te guste.
El VadeReto de este mes propone relatos en los que tengan relevancia los DISFRACES.
Será preferible que el escenario de vuestros cuentos ocurra durante los Carnavales.

Pero como no quiero ser tiquismiquis, dejo libre vuestra imaginación para darle una vueltecita.
Sí será indispensable, irreemplazable, necesario, esencial, preciso, urgente, vital… que el disfraz sea el sujeto principal. Es decir, vuestro(s) personaje(s) tendrá(n) que usarlo de alguna forma: ocultamiento, robo, juego, fiesta, espectáculo, espionaje, justiciero, villano…
Por lo demás, todo queda a vuestra libre elección.
¡No os los perdáis! Podéis leer el resto de aportes aquí:

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

13 comentarios sobre “Redada monstruosa

  1. ¡Muy bueno, Marlen! 😂😂😂😂
    Has usado los disfraces para una historia tierna, divertida y disparatada. ¿Cómo si no puede ser una fiesta de cumple juvenil con sorpresa?
    Me han gustado mucho los detalles de cada niño con sus problemas con el disfraz. La fantochada de los polis y el vecino. La solución efectiva y práctica de la madre, ¿de quién si no? Y ese final, donde todos disfrutan de la fiesta y de los dulces.
    No sé por qué, pero, después de lo que comentaste en el Acervo, te vi por ahí a ti también disfrazada, aunque de incógnito. ¿Seguro que en lugar de Valentina, no eras tú la que iba debajo de la sábana? 😜
    Muchas Gracias por regalarnos una fiesta de cumpleaños tan original y divertida.
    Abrazo Grande.

    1. Hola Jose, pues sí, una fiesta de cumpleaños imaginada y programada por sus amigos no podía salir mal. Peeerooo…
      Empezando por los disfraces que, a esas edades, se improvisan con lo que tienes. Y que pueden hacer reír a todos, menos al que se pica. Y siguiendo los policías que, a veces, se exceden en sus funciones. O por el vecino picajoso al que le molesta el zumbido de una mosca.
      Menos mal que siempre hay una madre, que saca las castañas del fuego. Porque ya me imaginaba los padres de cada uno de los chicos en comisaría discutiendo con el bendito vecino. ¡¡Eso sí que hubiera sido épico!!
      Muchas gracias a ti por generar estos disparates.Un abrazo fuerte.
      PD: El comentario de Inma estaba esperando ser aprobado (No preguntes por qué). Y me lo encontré ahora, con el del VadeReto. ¡Lo siento! Ya se lo explico a ella.

  2. Jajajajja. Me ha encantado y como siempre son las madres las que resuelven todos los problemas.
    Me he imaginado totalmente la escena y sobre todo el vecino «apocalíptico». Ha estado geniallll. Muchas gracias

    1. Hola Inma, ya perdonarás, pero tu comentario estaba esperando la aprobación y me lo encontré ahora. Así que recibido sin problema.
      Me alegro que te haya gustado. Por supuesto nada podía salir mal en una fiesta organizada por chicos. ¡Menos mal que había una madre cumpliendo funciones de madre para resolver todos los inconvenientes! Eso sí, el vecino fisgón y malhumorado y su perro… se quedaron sin torta.
      Gracias a ti por pasarte y por tu comentario. Un abrazo, Marlen

  3. Hola Marlen,

    ¡La que se monta por una propuesta! A mí en mi terminada carrera hay dos expresiones que siempre me han dado miedo: «No se preocupe» y «No hay ningún problema». Ambas son claros indicios de que hay que preocuparse un poco más de lo normal y que va a haber más problemas de los esperados.

    Algo así le ha pasado a los amigos de Sofía. Todo muy bienintencionado, pero hay cosas que se escapan de lo previsto, como un vecino quisquilloso (ese si tenía que haber ido a comisaría) o que los disfraces no son tan cómodos como parecen. ¡Y menos mal que no han improvisado! Que si lo llegan a hacer acaban en la cárcel en vez de en la comisaría.

    Me ha parecido un relato muy bien contado, alegre y desenfadado. De cómo en ocasiones tenemos que enfrentarnos a situaciones que los demás hacen absurdas. Y lo reflejas en cuatro vertientes. ¿Qué hago? se dijo el vecino. ¿Qué hacemos? se dijeron los policías. ¿Que podemos hacer? Se dijeron los amigos ¿Cómo solucionamos esto? se dijeron los padres de Sofía. Quiero con esto decir que además me ha parecido un relato muy completo.

    Un saludo.

    1. Hola Luferura, totalmente de acuerdo contigo: «siempre me han dado miedo los: «No se preocupe» y «No hay ningún problema». Ambas son claros indicios de que hay que preocuparse un poco más de lo normal y que va a haber más problemas de los esperados.»
      Y en este caso, no podía fallar.
      Claro que uno podría acordarse del famoso refrán: ¡Lo que cuenta es la intención! En este caso, estaría muy bien empleado porque las intenciones eran las de agasajar a la amiga y pasarlo genial. Aunque por supuesto, también podríamos acordarnos del otro refrán que dice: «El infierno está lleno de buenas intenciones».
      Y debe de ser así, porque el vecino quisquilloso con su perro ladrador ¡parecen salidos del mismísimo infierno!
      ¡Mira que pensar que esa banda de monstruos les estaba invadiendo y había un apocalipsis en marcha!
      Menos mal que había una madre en escena para arreglar todo con una tarta de cumpleaños.
      Me has captado a la perfección: cada uno tenemos nuestra forma de enfrentarnos a los imprevistos y a las cosas que, por lo que sea, salen mal. Y tus preguntas lo explican muy claramente: es muy, pero que muy conveniente tener siempre cerca una madre que nos saque de apuros. 🤣😂
      Muchas gracias por tus palabras. Un abrazo fuerte, Marlen

    1. Hola Mirna
      Pues me alegro que te hayas reído un rato con la pandilla de amigos de Sofía. Porque yo me lo pasé genial imaginando los detalles. Así que ¡qué bien que alguien más lo ha aprovechado para escapar un poco de las noticias!
      Un abrazo.

  4. Hola Marlen, hasta ahora puedo leer tu aporte. Me encantó. Nos has regalado un relato lleno de malos entendidos (o percepciones). Me gusta el aire juvenil que le diste y la forma en la que la madre resuelve ese enredo y al final todos contentos. Una lectura muy agradable, te felicito.

    1. Hola Ana. Nunca es tarde… Sí, me apetecía divertirme un rato. Siempre viene bien desconectar un poco y en ciertos momentos, más.
      Y recordé cuando estudiaba la carrera y solía leer algún vaudeville, las obras de Georges Feydeau, de Eugène Labiche…
      Y, por supuesto sin pretender acercarme a ellos, quise que los enredos fueran la trama del relato.
      Muchas gracias por tus palabras. Un abrazo fuerte.

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