Cuentos sufíes

Djalâl Al-Dîn Rûmî fue un célebre poeta místico musulmán persa y erudito religioso que nació en 1207 en la ciudad de Balj o Balkh, en la actual Afganistán y murió en la ciudad turca de Konya en 1273, razón por la cual se conmemora cada año el fallecimiento de este ilustre pensador y místico sufí del Islam en dicha ciudad de la Anatolia turca.

La importancia de Rûmî trasciende lo puramente nacional y étnico. A través de los siglos ha tenido una significativa influencia en la literatura persa, urdú y turca. Sus poemas son diariamente leídos en los países de habla persa como Irán, Afganistán y Tayikistán y han sido traducidos a varios idiomas.

Después de su muerte, sus seguidores fundaron la orden sufí Mevleví, mas conocidos como los “Derviches Giróvagos”, ya que realizan una meditación en movimiento llamada “semá” donde giran sobre sí mismos, acompañados por flautas y tambores.

La Semá representa un viaje místico de desarrollo espiritual, permitiendo el perfeccionamiento de la mente y el amor. En este viaje el buscador da vueltas simbólicamente hacia la verdad, crece con amor, abandona el ego, encuentra la verdad, y llega a la “Perfección”. Luego regresa de este viaje espiritual con mayor madurez, para amar y estar al servicio del conjunto de la creación, sin discriminación hacia las creencias, razas, clases y naciones.

En sus obras, Rûmî entreteje fábulas, escenas de la vida cotidiana, revelaciones del Corán y exégesis (interpretaciones de un tema científico, filosófico o religioso), formando un extenso e intrincado tapiz. Se le considera un ejemplo de un “insān kāmil”, término árabe para designar al ser humano completo. Creyó apasionadamente en el uso de la música, la poesía y el baile como medio de búsqueda para alcanzar a Dios.

El trabajo más importante de Rûmî es el “Masnavi-ye Manavi” (coplas espirituales), reunidas en seis volúmenes y considerada por muchos sufíes como el texto que está en segundo lugar en importancia tras el Corán. De hecho al Masnavi a menudo se lo llama el “Qur’an-e Parsi” (el Corán persa). Es considerada por muchos como uno de los trabajos más grandes de la poesía mística.

En el libro “Le Mesnevi” se recogen los cuentos sufís que Rûmî utilizaba para ilustrar sus enseñanzas. De él quiero compartir con vosotros el cuento “El elefante”.

Habían metido un elefante que venía de la India, en un establo oscuro. El pueblo, curioso de conocer tal animal, se precipitó al establo. Como no se veía nada a causa de la falta de luz, la gente se puso a tocar el animal. Uno de ellos tocó la trompa y dijo:

.- ¡Este animal parece un tubo enorme!

Otro tocó las orejas:

.- ¡Se parece más a un gran abanico!

Otro, que estaba tocando las patas, dijo:

.- ¡No! ¡Lo que llamamos un “elefante” es ciertamente una especie de columna!

Y así, cada uno de ellos lo describió a su manera. Es una pena que no tuvieran una vela, para ponerse de acuerdo.

En este cuento, los lugareños salieron del establo convencidos de que sabían perfectamente lo que era un elefante. La causa del error se debió a la falta de comunicación para compartir sus experiencias entre ellos, el no oír otras perspectivas más que la suya y la percepción que cada uno dio en función de su experiencia. ¿Pero el mío es el único punto de vista posible?

Rûmî usa este cuento para hacernos comprender que debemos tener conciencia de que nuestra verdad no es completa y que se complementa con las verdades de otros, para ilustrar la incapacidad del hombre para conocer la totalidad de la realidad, para desarrollar el principio de vivir en armonía con personas que tienen un sistema de creencias diferente y entender que la verdad puede ser dicha de diferentes maneras.

Si bien cada uno estaba en parte en lo cierto, todos estaban equivocados.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

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