El cielo y el infierno en Buenos Aires

Si vas paseando por la Avenida de Mayo de Buenos Aires, te llamará la atención la cantidad de cúpulas que puedes ver en los edificios. Pero de eso hablaremos otro día. Hoy voy a llevarte a conocer una preciosa cúpula que está en un hermoso edificio de la Avenida de Mayo porteña.

Y además vamos a hablar de una obra literaria universal que siempre me ha apasionado: la Divina Comedia de Dante Alighieri. O mejor dicho, de la relación entre el Palacio Barolo y la Divina Comedia. Literatura y arquitectura, dos pasiones maravillosas en un solo lugar. ¿Te gusta la idea? Pues empecemos por el principio.

El Palacio Barolo está en la Avenida de Mayo 1370 y es una joya de la arquitectura que lleva el nombre de quien lo soñó. Luis Barolo fue un italiano radicado en la Argentina que se dedicaba a la importación de telas y luego instaló la primera hilandería de lana peinada del país, cultivando algodón en el Chaco y estableciendo una fábrica de casimires. Pero no sólo era un empresario que tenía una muy buena posición económica, sino que también era un ferviente admirador de Dante Alighieri y de su obra.

Él decidió construir este edificio con fines netamente comerciales y su construcción comenzó en el año 1919 y terminó en 1923. Tiene 24 plantas (22 pisos y 2 subsuelos) en donde, hasta el día de hoy, sólo funcionan oficinas. 

El Palacio fue el primer edificio de la ciudad en tener su propia usina para abastecerse de energía eléctrica y fue el primer rascacielos de Sudamérica con una altura total de 100 metros, posibles gracias a una concesión especial otorgada por el intendente Luis Cantilo en 1921, ya que superaba en casi cuatro veces la máxima permitida por la avenida. El punto más alto de la cúpula alcanza los 90 metros, llegando a los 100 metros con un gran faro giratorio de 300.000 bujías que lo hace visible desde Uruguay. En el segundo subsuelo aún se conservan las instalaciones originales de 1923.

Hay que recordar que 100 son los cantos de la Divina Comedia y empezamos a hablar también de esta obra poética que narra un viaje imaginario de Dante a sus 35 años, “la mitad del camino de la vida” según sus palabras, a los reinos de ultratumba: el infierno, el purgatorio y el paraíso.

Como dato curioso, debéis saber que Luis Barolo se encontraba preocupado por las guerras que podían sucederse en Europa por aquellos años y desesperado por construir un lugar para albergar los restos del Dante que descansan en la Basílica de San Francesco en Ravenna, Italia. Esto nunca llegó a concretarse, pero quedó como parte del mito del Palacio.

La Divina Comedia es una alegoría que tiene como finalidad principal enseñar a los hombres cuáles son los pecados del alma humana y cuál es el camino para encontrar la verdad y conseguir la salvación.

Mario Palanti fue un arquitecto y pintor milanés que llegó a la Argentina a los 24 años, entre cuyos trabajos más importantes figuran el Palacio Barolo, el Hotel Castelar, un edificio en la esquina de Santa Fe y Callao, otro edificio en la Avenida Rivadavia con dos atlantes que sostienen el balcón del segundo piso y el Palacio Salvo de Montevideo. Palanti también era un estudioso de la Divina Comedia y llenó el Barolo con referencias.

Es interesante ir descubriendo detalles. Por ejemplo, la “A” de la palabra ascensor es un símbolo masónico formado por una escuadra y un compás. Las rejas de las escaleras están formadas por flechas que conducen hacia abajo. Y no nos olvidemos que al palacio se accede por mosaicos que conforman un tablero.

La distribución del edificio está basada en la métrica de la Divina Comedia. En arquitectura esto se conoce como un “Danteum”, haciendo referencia al monumento en honor al poeta proyectado en 1938, en Roma, que establecía una relación de estructuras comunes (proporciones y medidas) entre la obra y el poema de Dante.

La planta del edificio está construida en base a la sección áurea y al número de oro o divina proporción, que es un número irracional, representado por la letra griega φ (phi). Y que se encuentra tanto en algunas figuras geométricas, como en la naturaleza: en las nervaduras de las hojas de algunos árboles, en el grosor de las ramas, en el caparazón de un caracol, en las florecitas que forman parte de una flor de girasol…

El edificio se divide en 2 bloques, con 11 oficinas por bloque en cada uno de los niveles. 22 es la métrica utilizada por Dante en los 100 cantos.

Las 14 citas que podrás ver en latín en las bóvedas, fueron extraídas de 9 obras distintas (la Biblia, Virgilio, el acompañante y guía de Dante en su viaje, la obra del propio Dante…), y dan testimonio del sentido espiritual con el que fue construido el edificio, determinando su carácter y función: un templo laico que promueve las artes liberales.

Al igual que en la obra del Dante, el Palacio se encuentra dividido en tres: infierno, purgatorio y paraíso.

Las 9 bóvedas (3 hacia la Avda. de Mayo, 3 hacia Hipólito Yrigoyen, la bóveda central que se extiende hacia la cúpula, y las 2 que contienen las escaleras hacia los laterales) simbolizan los 9 pasos de iniciación y las 9 jerarquías infernales.

Entre las bóvedas transversales, sobre las columnas, se ubican 4 lámparas sostenidas por 4 cóndores y 2 dragones, un macho y una hembra. Estos representan los principios alquímicos: el mercurio y el azufre y sus atributos.

La bóveda central se encuentra sobre un punto de bronce en la que se ubicaba, originalmente, una estatua de un cóndor con el cuerpo del Dante elevándolo al paraíso. El actual propietario de la pieza es un coleccionista marplatense, que se niega a venderla a los propietarios del edificio.

El vestíbulo representa al infierno. Se estructura desde una cúpula central y sus 9 arcos abovedados que dan paso a las bóvedas de acceso, con imponentes portales sobre ambas calles.

Saliendo del Infierno se ingresa al purgatorio en donde las almas comienzan a purificarse. En los tres primeros pisos, uno se encuentra con colores de la bandera italiana y símbolos masónicos en las paredes. Los pisos superiores y la cúpula simbolizan los 7 niveles del purgatorio, haciendo referencia a los 7 pecados capitales.

A medida que vayas subiendo por las escaleras de mármol de Carrara decoradas con herrajes, vitraux, lámparas y molduras o por sus espectaculares 9 ascensores, irás viendo cómo cambia la ornamentación de los pisos.

La cúpula está inspirada en el templo Rajarani Bhubaneshvar (India siglo XII), para representar el amor tántrico entre Dante y su amada Beatriche.

Sin lugar a dudas, el paraíso es la parte más interesante del recorrido. Las escaleras comienzan a convertirse en pasadizos estrechos. Según cuenta la leyenda, no se puede llegar a él sin hacer sacrificios. Al faro se accede por una muy estrecha escalera de caracol.

Desde unos pequeños balcones tendrás una vista panorámica de la ciudad de Buenos Aires, desde diferentes ángulos.

Subir al Faro, que todavía funciona y que representa los 9 coros angelicales, es una de las experiencias más increíbles. Fue construido con la intención de dar la bienvenida a los visitantes que llegan del Océano Atlántico al estuario del Río de la Plata.

En la simbología del edificio, el faro es la luz divina, es el Dios que señala el camino y la culminación del viaje.

Sobre el faro se erige una figura de la Cruz del Sur, que se encuentra alineada con la constelación real los primeros días de junio a las 19:45hrs.

El Faro es de vidrio y desde él se puede ver la ciudad de una forma maravillosa. Es como estar más cerca de ese cielo del hemisferio sur tan plagado de estrellas. La mejor hora para visitarlo es el atardecer.

Pero esto no termina allí. Por si te apetece completar la experiencia, en el piso 16 del palacio, podrás disfrutar del Salón 1923, que debe su nombre al año en el que culminó la obra de este edificio. Allí podrás disfrutar de unas increíbles vistas de la ciudad y de exquisitos cocktails. Los días miércoles y jueves suele haber shows de jazz y tango. Además, si te interesa hay visitas guiadas que puedes contratar.

¡Y no te olvides de releer la Divina Comedia antes de visitarlo! Te resultará más fácil descubrir los detalles escondidos.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

2 comentarios sobre “El cielo y el infierno en Buenos Aires

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