VadeReto (enero II)

VadeReto, ¿Jugamos a Inventar Historias? En el blog “Acervo de letras” de Jose Ant. Sánchez, existe este juego que me encanta. Es una invitación a escribir un tema cada mes, que puedes desarrollar como más te guste. Así que, aceptando el desafío y el envite de Jose, aquí os presento mi segundo relato que este mes va de NIEBLA.

No salgas de casa cuando hay niebla

La sacaron de casa con engaños, diciéndole que le tenían que hacer un estudio y la llevaban al hospital. La ambulancia les esperaba en la puerta. El médico le explicó que no necesitaba llevar la silla de ruedas. Su sobrina les apuraba, diciendo que tenía que ir al trabajo. Pero su sonrisa extraña, le hizo sentir mal.

Ese martes la niebla no dejaba ver ni la vereda de enfrente. Los árboles parecían flotar entre la nada y sus hojas se habían convertido en colgajos grises.

“No salgas de casa cuando hay niebla”. Eso le decía siempre su madre. Cosas de gallegos, supersticiones, pensaba ella. Pero ahora lo entiende. Si le hubiera hecho caso, tal vez todo sería diferente.

Acostada en la camilla de la ambulancia, no podía ver por dónde iban. Pero la distancia le parecía demasiado larga. La niebla se filtraba por la rendija de la puerta y le nublaba la vista.

.- ¿Adónde me llevan? Ya pasamos el hospital. Tengo frío. ¿Por qué no me dejaron traer mi abrigo?

.- No se preocupe, señora. Llegamos enseguida y allí va a tener todo lo que necesita.

.- Pero ¿allí dónde? ¿A dónde me llevan?

La puerta se abrió abruptamente y la niebla aprovechó para meterse adentro, adentro de la ambulancia, adentro de su cuerpo, adentro de su alma, para siempre.

Porque el nombre que leyó al pasar, “Geriátrico Rosa Mosqueta”, abrió la puerta de su alma al espanto y la desesperanza.

Le habían engañado. El médico ese tan simpático le había engañado, su sobrina le había engañado como siempre, su madre tenía razón, la niebla era mala compañía.

Una angustia con forma de losa de cementerio aplastó su ánimo.

Buscó su teléfono móvil, pero no le habían traído el bolso, ni los medicamentos, ni su libreta con los teléfonos amigos. Por no tener, no tenía ni siquiera su peine y su cepillo. ¡Nada! Estaba sola y ¡no tenía nada! En la habitación que le asignaron, otra mujer dormitaba y no contestó a su saludo.

Tenía ganas de hacer pis, pero como no tenía la silla de ruedas, pidió a una enfermera que la ayudara a llegar al baño. La respuesta le desconcertó:

.- Ahora le ponen el pañal.

.- ¿Qué pañal? Ella no usaba pañales como un bebé. Con casi 80 años, en su casa se movía sola, con su silla. Llegaba al baño, se lavaba sola y hacía sus cosas. También iba a la cocina y se calentaba la comida que le dejaba preparada Natalia. ¿Como se iba a hacer pis encima?

A partir de ese momento, la niebla comenzó a matarla por dentro. Ya le había dado su primer zarpazo, como una alimaña que va destruyendo lo que toca. La había sacado de su casa por la fuerza y desprendiéndose de todo lo que la había mantenido en pie estos años de alegrías, pérdidas y tristezas. Ella, mujer fuerte acostumbrada a los embates de la vida, había subsistido. Pero la indignidad de no poder hacer sus necesidades o limpiarse el culo, fue demasiado para ella.

A partir de ese instante, cada nueva pérdida fue una nueva herida, un desgarrón que la fue llevando a un tristísimo y solitario final. Perdió a los amigos que inútilmente intentaban comunicarse con ella, perdió las ganas de enterarse de lo que ocurría sin un periódico que le mostrara las últimas noticias, perdió el placer de escuchar música o ver una vieja película en el televisor que no tenía en la habitación, perdió la coquetería de unas gotas de perfume, perdió el apetito entre papillas preparadas sin amor, perdió el habla sin poder levantarse ni para ir a la sala común y charlar un rato, perdió la añoranza de cielos azules, soles y estrellas, con esa estremecedora niebla que se había instalado tras la ventana y dentro, muy dentro suyo.

Por fin, una mañana el sol hizo su aparición. No llegó a tiempo para despertar a Juana. La niebla, la maldita niebla le había robado su último suspiro. Su madre tenía razón.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

15 comentarios sobre “VadeReto (enero II)

  1. Muy bueno, incluso te diré que me gusta más que el otro, sin desmerecerlo. Contar la historia desde el punto de vista de la anciana creo que es muy acertado, la vuelve más real.
    Un abrazo y buen día.

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    1. Pues te diré que esta entrada tiene que ver contigo, Ángel. Ante un comentario mío a tu relato, JascNet me retó a que escribiera esta segunda versión. Así que me alegra que te haya gustado. Es curioso cómo una palabra puede despertar sentimientos tan distintos. Gracias por tu comentario y un abrazo para ti también.

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  2. Ufff 🥺🥺🥺🥺
    ¡Se ma cortao el alma!
    Espera que me tome un buchito del café… (literalmente, porque pal güisqui es mu temprano).

    Es durísimo, es intensamente dramático, pero al mismo tiempo, deliciosamente bello.
    Creo que este relato deberían leerlo obligatoriamente todos los que quieran internar a sus progenitores.
    Se me han helao los huesos, porque este es un «terror» muy real para mí, no queda tan lejos. Este y que me entierren vivo, que ya les tengo dicho, y suplicao a los míos, que me quemen y con las cenizas abonen hierbabuena, omeporfavó. Ojalá poder convencerlos de que me hagan una jubilación vikinga. 😅🤣
    Siempre digo que un relato es bueno si es capaz de transmitirte algo. El tuyo es sublime.
    👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼
    ¡Cómo se las gastan los vascos con los desafíos! 😂😂😂😂
    ¿Te lanzo otro? 😝
    Abrazo gordo y a sus pies Marlen Austen Lessing 😉😘

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  3. Tal vez, los terrores que uno arrastra, aparecen en los sueños y en el papel en blanco. Tal vez, como te pasa a ti, este es precisamente uno de los míos y surge al mirar un poquito pa´dentro. Por algo será que apenas me lo propusiste, salió tan rápido, como dictado por otro yo.
    O tal vez es que ante un órdago, uno se crece.¿Tú no has visto a los Mikeltxo y a los Iñaki levantar guijarros de mas de 300 kgr?
    Lo cierto es que me repito, pero gracias por pincharme. Y no me lances otro, que en algún momento tengo que comer. Ja Ja!! ¡¡Gracias Jose!! Un abrazo grandote.
    Y que conste que a Jane, ni a la suela de sus zapatos, pero cada vez tengo más claro que volcar mi alma sobre el papel, como en este caso, ¡¡me encanta!!

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  4. Ay, ay, ay… ¡Qué buen relato! estremece, llega al alma. Me gusta mucho cómo has usado la niebla como signo ominoso, como mensajero de lo terrible. Coincido con Jasc que este relato lo debieran leer todos aquellos que quieran «olvidar» a sus padres en un geriátrico. Un relato triste pero que toca muy profundo. Veo en los comentarios que hay otro, aún no lo leo, voy a por él. Saludos y enhorabuena.

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    1. Gracias Ana por comentar. Estoy de acuerdo con los dos, con Jose y contigo, tendría que ser obligatorio tomar conciencia, desde pequeños, de la importancia de nuestros mayores. Pero vivimos en una época en que no tenemos tiempo para estar con nuestros seres queridos y nos molestan los ancianos. Todo debe ser rápido, joven y guapo. ¡Qué tristeza! Ni con una pandemia como la que estamos viviendo, con la cantidad de gente mayor que ha muerto en la más absoluta soledad, aprendemos y corregimos. ¡Y pensar que en mi inocencia, creí que el COVID serviría para algo! Enfín, mientras haya algunos que la tenemos clara, ¡no todo está perdido! Un abrazo Ana.

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