El coliving

Ante la inestabilidad económica y laboral generada por la llegada de la pandemia, el acceso a la vivienda en propiedad implica cada vez más obstáculos para muchos, teniendo en cuenta el ahorro con el que se debe contar para hacer frente al pago inicial de la operación y el requisito de estabilidad económica que demandan las entidades financieras para otorgar préstamos.

Este panorama, unido a los cambios en las demandas de vivienda, que en muchos casos incluyen espacios para el ocio o para teletrabajar, ha incidido en el repunte del interés por la creación de nuevos modelos de alquiler.

El coliving, que surgió en Dinamarca en los años 60, y se ha expandido a la mayoría de los países europeos, es un modelo de vivienda que fomenta el hecho de vivir en comunidad, pero de forma independiente. Es decir, las personas que habitan el alojamiento disponen de su propio estudio o habitación con baño, comprado o alquilado, pero comparten espacios comunes. ¿Os acordáis de los espacios de coworking, en los que personas de diferentes profesiones comparten un mismo lugar de trabajo?. Así pues, mantienen su privacidad, pero a la vez, cohabitan con otras personas.

En general, son mini departamentos nuevos de unos veinte metros cuadrados, amueblados, con baño incluido, y algunos, incluso con una pequeña cocina, que cuestan unos 350 o 400€ al mes. Sus instalaciones son las que les dan el plus añadido: cocina, salones, comedores, salas de juegos, gimnasios, zonas de coworking para estudiar o trabajar y hasta huertos urbanos.

Este modelo de vivienda ofrece la privacidad de un apartamento, pero con la comodidad de tener espacios amplios, zonas específicas para trabajar o estudiar, servicio de limpieza e incluso de lavandería. Se adecúan perfectamente a la demanda y el estilo de vida de los jóvenes que, entre otras cosas, priorizan la movilidad geográfica, el coste moderado, la flexibilidad y el deseo de conocer nuevas personas y vivir nuevas experiencias.

Pero no únicamente los millennials se están subiendo al carro de los nuevos tipos de vivienda. Hay un mercado emergente, que se está empezando a perfilar: el de las personas mayores que, después de décadas trabajando sin parar, quieren disfrutar de los beneficios de una vida tranquila. Y, o bien porque no disponen de los ingresos suficientes, porque el banco no les concede una hipoteca debido a su edad, o simplemente porque prefieren una vida menos solitaria, deciden tomar el camino del coliving (aunque alguien les tenga que explicar lo que es esto).

Es por ello que entre este grupo de gente se han puesto de moda iniciativas de todo tipo, como comprar o alquilar un espacio en estos nuevos edificios creados para tal fin. O incluso, comprar un edificio o un pueblo junto con varios jubilados más, para poder convertirse en propietarios y disfrutar de su tiempo de retiro en compañía, pero compartiendo gastos y manteniendo su privacidad.

Mudarse a un piso adaptado más cómodo, a una casa de campo o a un departamento cerca de la playa, son algunos de los objetivos que tienen muchas personas que se jubilan. Pero todo depende de las circunstancias de cada uno. No sólo es cuestión de disponer de ahorros suficientes o de una propiedad para vender, y de una pensión que les permita mantener su nivel de vida. A cierta edad, en una sociedad en la que cada uno estamos más aislados, la progresiva falta de seres queridos y amigos, la falta de tiempo de las nuevas generaciones para acompañar y ayudar a los mayores, y las necesidades que van aumentando con los años, se vuelve imprescindible algo más.

Una persona que, sin vivir permanentemente con él o ella, se ocupe de los pequeños arreglos del hogar, que cuando le apetezca, cocine y le lleve la comida o le ayude a hacer la compra, alguien que le acompañe al médico o a un espectáculo, que quiera simplemente charlar un rato, tomando un café, alguien con coche para los desplazamientos, alguien a quien acudir en caso de emergencia o en caso de querer festejar un cumpleaños…

Así empezaron a surgir nuevas ideas. Hace un par de años, cuatro matrimonios jubilados hicieron construir un edificio entero sólo para ellos, en el barrio de Poblenou, en Barcelona. Un lugar donde disfrutar de la jubilación en grupo, pero manteniendo su propia intimidad. El edificio tiene cinco pisos y zonas comunitarias, como un patio para hacer reuniones, sótanos, trasteros, una piscina y una cocina al aire libre.

En otro caso, el grupo de jubilados no construyó un edificio, sino que compró un pequeño pueblo cerca de Lugo, que llevaba abandonado más de cincuenta años. Pagaron alrededor de 140.000€ para adquirir toda la aldea, con la idea de rehabilitar las viviendas y así, poder retirarse todos juntos, y disfrutar en compañía lejos de la ciudad.

Pero el coliving no está reñido con el lujo. Se está vendiendo una promoción de viviendas creadas a partir de la rehabilitación integral de la antigua Fábrica Tous, construida en el barrio del Raval de Barcelona, a principios del siglo XIX y conocida por ser una de las factorías textiles más importantes de España. La fábrica se ha convertido en un conjunto de 50 lofts de diseño, de entre 50 y 100m2 y de 1 a 3 habitaciones. Además, todos ellos se han concebido bajo la premisa de ofrecer una gran versatilidad, para adaptarse a los gustos de cada propietario. Así, pueden ampliarse o reducirse los espacios, según convenga, mediante armarios móviles, puertas corredizas y todo tipo de mobiliario. Incluso, al tener techos de entre 3 y 5 metros de altura, ofrecen la posibilidad de instalar altillos, para disponer de más capacidad de almacenamiento.

Solariums y terrazas dan acceso a las zonas comunes: jardines, piscina, huertos urbanos para el auto-consumo, pasajes arbolados, jardines verticales, un espacio de coworking, una amplia sala polivalente, en la que poder hacer yoga, deporte, organizar eventos. El precio va desde los 289.000€ hasta los 591.000€.¿Estamos ante una evolución de la arquitectura? ¿En qué se diferencia un coliving de un piso compartido (aparte del nombre que suena muy… inglés?). Tal vez en que el coliving ofrece la posibilidad de compartir espacios comunes, a la vez que permite disfrutar de la privacidad de tener un departamento con baño propio, tal vez en una distribución armónica de los espacios privados, para fomentar la interacción social y maximizar los espacios comunes. Tal vez sólo estamos en una época en la que lo importante, es la forma en la que se vende algo que conocemos de toda la vida.

Antes le llamaban vecindad

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

4 comentarios sobre “El coliving

  1. Apa, Marlen.
    Había oído hablar de esa forma de convivir, aunque no por su anglicismo, claro, pero no sabía que ya se estaba implantando. La verdad es que es muy interesante. Sigue existiendo el espacio íntimo y se añade la accesibilidad de los comunes.
    En el caso de la «gente de edad» (los jóvenes por lo visto están congelados 😝) es todavía más interesante. Mucho más que los asilos y residencias que, en muchos casos, son pre-salas del yamentiendes.
    Este último caso me ha recordado el libro «El Club del Crimen de los Jueves», de Richard Osman (que te recomiendo). La comodidad de una vida en común, no exenta de lujos, les da tiempo y ganas a estos «viejetes» para resolver casos policiales. Muy simpática.
    El problema de la vivienda es el mismo de tantas cosas, demasiada gente haciendo negocios con ellas y transformándola de bien de máxima necesidad en artículo de lujo.
    Buenísima entrada, como siempre. Feliz domingo y mejor entrada de semana.
    Besarkada bat. 🤗😊👍🏻

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  2. Hola Jose, ya perdonarás, pero recién me siento a leer todo lo atrasado y contestar. Desde luego, para los SASI (por si aún no habías leído mi entrada de hoy) es muy interesante la posibilidad de compartir espacios comunes y actividades divertidas, como jugar a Hercule Poirot (me chifla), pero manteniendo cada uno su privacidad. Y sin tener que caer en las «tuyamentiendes». Claro que, como tú bien dices, la transformación de artículos de máxima necesidad en artículos de lujo, distorsiona las buenas ideas. Y después están los que creen saberlo «TODO», pero por las dudas, no preguntan a los interesados.
    Hace algunos años, acompañé a una amiga a ver la posibilidad de alquilar un «piso tutelado». Son viviendas agrupadas que ofrecen un servicio de atención integral a personas mayores autónomas o a personas con alguna discapacidad física o intelectual que tienen un alto nivel de autonomía, pero necesitan, aun así, apoyo o supervisión para ser completamente independientes.
    El primer problema que nos encontramos es que no podía llevar a su perrito compañero del alma. Cosa que no entiendo, porque si se responsabiliza de su cuidado, no tiene por qué abandonarlo después de haber compartido media vida.
    El segundo problema es que el espacio no permitía ni moverse, de lo super-pequeño que era. Si querías recibir a dos amigos, tenías que hacerlo en la sala común, porque no entraban. Ni pensar de llevar sus muebles, ni sus recuerdos.
    El tercero es que te obligaban a comer y cenar en el comedor común. Ni siquiera tenían cocina, sólo un armario con una cafetera y lugar para unas tazas. El agobio que sentías, me hizo acordar a los hoteles cápsula de Japón.
    No sé quién diseña las cosas, pero desde luego, los hay con muy poca empatía. Creo que la idea es buena, si se hace con cabeza. Y además una solución a un problema que, cada vez, incumbe a mas gente. Mi amiga terminó alquilando un piso normal, se llevó su txakurra con ella y vivió los años que le quedaban pidiendo favores a unos y otros.
    ¡Una pena, porque seguro que esos pisos costarán mucho a las arcas provinciales, pero la mitad estaban vacíos! Esperemos que vayan apareciendo soluciones mas realistas y agradables.
    Besarkada handi bat!

    P.D Me apunto «El Club del Crimen de los Jueves» en mi lista de lectura. Seguro que me gusta. El tema promete.

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    1. Jelou, again, Marlen.
      Pues yo ando peor que tú. Tengo el buzón de los emails lleno y con más tensión que los botones de la camisa, por la zona barriguil. 😝😂
      Pero ya te iré leyendo los atrasos poco a poco.
      El tema de los espacios individuales está ya demasiado modernizado. Las casas cada vez más pequeñas, menos sitio en los medios de transporte y ni que hablar de los aseos públicos, dónde yo tengo que entrar y salir como los tapones de vino, con sacacorchos.
      En el caso que comentas, la intención inicial es clara, menos metros cuadrados por piso y más pisos por vender/alquilar, usea más dinero, supuestamente, de beneficio. Todo funciona igual.
      El problema es que algunos necesitamos pasillos de doble ancho y no fracturarnos la frente con los tabiques al estornudar. Pero ya sabes, mientras los de abajo vivimos en cuchitriles que no podemos pagar, los de arriba disfrutan de espacios que ni queriendo pueden empachar de muebles.
      Ay, quién pudiera coger una primitiva, aunque fuera la prima de un Neandertal.
      Abrashasho reondito gaditano. 🤗😊👍🏻

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  3. ¡¡¡Ja Ja Ja!!! Es que te estoy imaginando y me muero de risa. Entre la fractura de frente con los tabiques al estornudar y las contorsiones para entrar o salir primero de la ducha y después del baño. ¡¡¡Ja Ja Ja!!!
    Por supuesto, lo que se busca es el mayor beneficio posible y se pasan el bienestar o comodidad del que va a alquilar o comprar por… allí. Y no es que necesitemos pasillos de doble ancho, lo que necesitamos es medidas normales, teniendo en cuenta a quién los va a utilizar. ¿Tú te crees que con una silla de ruedas pasabas por aquellos pasillos? ¡Ni por asomo! ¿Y no estaban destinados también a personas con alguna discapacidad física? Por supuesto, tampoco podrían acostarse, porque la silla no entraría en el dormitorio.
    Yo me pregunto: si yo, que no soy arquitecta, me di cuenta de todas esas barbaridades sólo por entrar a ver el piso, ¿dónde y qué han estudiado quienes los han diseñado? Enfin, que no me doy más cuerda porque me va a sentar mal la comida.
    Abrashasho reondito, para poder dar la vuelta a tanta corpulencia. ¡¡¡Ja Ja Ja!!! Que conste que me lo has puesto en bandeja.
    P.D. ¿Por lo menos, juegas a la Primitiva?

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