Ir al dentista me inspira (II)

El otro día os contaba que me puse a pensar en una frase trivial, escuchada al azar en la sala de espera del dentista. Y hoy estuve otra vez en el consultorio. ¡Así que prepararos!

La frase que escuché hoy era: “.-No sé lo que voy a hacer. Estoy bajoneada, para el carajo. Al final, acá no me queda nadie. Y allá, casi tampoco.”

Lo primero que pensé es que la chica que hablaba era argentina, su lenguaje la delataba. Lo segundo es que, anclada en un sitio que no era el suyo, dudaba sobre la decisión de seguir intentándolo aquí o volver a su país. Y lo tercero es que se trataba de una emigrante o de una exiliada, que aunque muchas veces se utilicen como sinónimos, no tienen mucho que ver.

Históricamente, las migraciones son un instrumento para mejorar las condiciones de vida, concepto mucho más general que el de la simple mejora de las condiciones económicas. Pero también se puede migrar para huir de un empeoramiento de las condiciones de vida: es el caso de los perseguidos por motivos políticos, religiosos o los expulsados por las turbulencias bélicas, como las guerras.

¿Os suena de algo? ¿Habéis visto los noticieros últimamente? Más de 1.500.000 ucranianos han debido abandonar todo e iniciar su exilio, huyendo de los bombardeos y la guerra.

Los nuevos fenómenos migratorios ponen en entredicho la distinción jurídica entre exilio y migración. Esto se debe a que se han multiplicado los motivos que impulsan a colectivos humanos a huir de su región o país: ambientales, de género, religiosos, bélicos, de seguridad, etc.

Emigrante es quien se ve empujado a abandonar su país por falta de oportunidades. Esto es así, independientemente de que ese afectado sea un subsahariano que llega a las costas de Tarifa en una patera o un español que vuela a Berlín con un smartphone y dos másteres o al abuelo de éste, que hace seis décadas también llegó a Berlín, aunque en ferrocarril, con una maleta de cartón atada con una cuerda y un bocadillo envuelto en papel de estraza.

Exiliado es quien se ve obligado a abandonar su país no por falta de oportunidades, sino por motivos de persecución política o de cualquier tipo.

La emigración y el exilio son realidades distintas, pero no porque la primera sea menos digna ni menos dura (hay tanto emigrantes como exiliados, que viven de forma más o menos confortable, lo mismo que hay tanto emigrantes como exiliados que viven en condiciones prácticamente infrahumanas). Tampoco porque sea menos denunciable.

Sino porque el emigrante se va (empujado por la falta de oportunidades, pero se va) y al exiliado lo echan, (no le queda más remedio que abandonar su país si quiere conservar su vida o su libertad).

Y otra gran diferencia es que el exiliado no podrá regresar a su país, ni siquiera de visita o de vacaciones, mientras dure esa amenaza contra su vida y su libertad. En la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su artículo 9 manifiesta que “nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado” y que “toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país”. El exilio es considerado entonces, una condición violatoria de los derechos humanos.

La condición de exiliado no la da el color de la piel ni la procedencia geográfica ni el mayor nivel académico, intelectual o cultural, sino la persecución que obliga al afectado a abandonar su país para instalarse en otro.

Hay que decir que el emigrante tiene experiencias propias que no son exactamente las mismas que las del exiliado, aunque puedan coincidir a veces.

No todos los que emigran huyen de su país. Se emigra también con plena conciencia de que lo que se está haciendo es un acto, más o menos libre, de la voluntad.

El exiliado no elige su país de acogida, las circunstancias se lo proporcionan. Por el contrario, el emigrante elige o le facilitan la elección del país donde vivirá. Puede volver a su país natal, aunque corre el riesgo de la asimilación en el país de acogida.

Por otro lado, el sentimiento de agradecimiento en el exiliado hacia el país que le hospeda hace que nunca hable mal de él. Mi abuelo, exiliado republicano en Argentina, decidió agradecer a su modo, el cobijo que le prestó a él y a su familia, tomando la nacionalidad argentina, aunque murió añorando su tierra, sin poderla volver a pisar.

El componente político, y por lo general militante de una parte importante de los exiliados, impone una forma de presentarse en la sociedad receptora, “Se está en tanto no cambian las condiciones que obligaron a exiliarse”, “El compromiso social y político está allá, en la otra tierra, en donde se tiene el corazón, pero no en donde se vive”. Sin embargo, pese a una idea compartida de que así son los exiliados, hay que recordar, por ejemplo, la participación de exiliados españoles en la Europa de la II Guerra Mundial.

En el exiliado, al igual que en el emigrante, hay desgarros existenciales, pero no adoptan la misma forma. El amor/odio del exiliado hacia su país natal o hacia el país que ha provocado su exilio, es normalmente más fuerte que en el emigrado y en este, más notoria la nostalgia y la morriña. 

En el exilio normalmente hay personalidades de la cultura, la política, la vida pública, cosa que casi nunca pasa en las migraciones, mucho más anónimas. De ahí que en los emigrantes sus experiencias nos sean más desconocidas, pero existen.

La frase final de la chica de la consulta del dentista: “Al final, acá no me queda nadie. Y allá, casi tampoco.” define una realidad que de alguna forma une a emigrantes y exiliados. El desarraigo produce sentimientos de aislamiento, soledad, pérdida de afectos tanto familiares, como de amistad (aunque se creen nuevos, en el nuevo lugar) y de espacios conocidos, porque quien se ha criado en un entorno (sea cual sea), recordará por siempre sus rincones habituales y los añorará, aunque le cueste reconocerlo.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

6 comentarios sobre “Ir al dentista me inspira (II)

  1. Kaixo egun on, Marlen. (o en argentino: Ché, ¿le ganaste la contienda a la almohada?)

    Pocos apuntes quedan por hacer en esta maravillosa y completa entrada.

    Al leer la frasesita de la esperanta del dentista yo también pensé (del tirón) que era argentina, porque habláis filosofando. 😜
    Y eso eres tú, además de una grandísima CuentaCuentos, una concienzuda filósofa.
    ¿Qué se quieran cargar esta asignatura, la Filosofía, de los colegios? En lugar de modificarla y enseñar a los niños a debatir sobre las cosas, la vida y dejarse de monsergas con tanta historia de la Filosofía. 🤦🏻‍♂️

    Creo que la diferencia más importante, más grave, más cicatrizante, de las que comentas, es la voluntariedad. Sin distinguir entre los dos términos, decidir irse de tu hogar o que te obliguen determinará tu futuro. De la mismo forma, que hacerlo por mejorar tus condiciones, que hacerlo por supervivencia, porque dónde estás no tienes vida.

    Jode mucho que en estos tiempos «tan modernos» se hable tanto de globalización, cuando cada vez hay más distinción de clases, de riquezas y de derechos fundamentales. Creo que tanto la migración como el exilio, sobre todo cuando se hace por las nefastas condiciones que se tiene en el país de hogar, son un clarísimo fracaso de la humanidad. No avanzamos en esto y, por desgracia, creo que retrocedemos a pasos agigantados.

    Veremos lo que nos depara esta guerra que creemos tan lejana, pensando que no nos afectará. De momento, se está cargando la vida y el futuro de muchos inocentes que vivían, hasta hace muy poquito, cómodamente y sin peligro.
    ¡Cabrones gobernantes! (lo dejo que me caliento 🤬😡).

    Un abrazo, Marlen.
    🤗😊👍🏻

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    1. Kaixo Jose, zer moduz? Empiezo por el final. ¡Cabrones gobernantes! que sólo calculan mirándose los bolsillos, en lugar de levantar la vista y ver el tristísimo espectáculos de la tragedia de su pueblo. A mí también me calienta, y me deja la tristeza instalada adentro.
      En cuanto a la emigración y el exilio, totalmente de acuerdo contigo en que es una hipocresía que se hable tanto de globalización, cuando clases sociales y poder económico determinan no sólo tu futuro, sino el de tus descendientes. ¡El no haber logrado aún el respeto de los derechos fundamentales es, sin duda, el mayor fracaso de la humanidad! ¿Somos tan idiotas para no entenderlo? ¿Somos tan débiles para no intentar conseguirlo?
      Como siempre, gracias por tus palabras. También coincido contigo en que el día que terminen de sacar la Filosofía de las aulas, este mundo será bastante peor de lo que hoy vivimos. Es innegable los beneficios que tiene la educación filosófica en el desarrollo intelectual, personal y social de los niños y adolescentes. Pero claro, la filosofía enseña a pensar y no queremos personas que piensen o pongan en duda lo que nos dicen desde arriba ¿no?
      Enfin, necesito algo de chocolate para subir el ánimo. Besarkada handi bat, adiskide.

      P.D.: ¡Me encantó lo de «Ché, ¿le ganaste la contienda a la almohada?». Es tan, pero tan visualmente descriptivo.

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    1. Desde luego Lola, el último párrafo de la entrada define exactamente lo que pienso. Quise establecer diferencias entre las dos formas de desarraigo, pero en conclusión, son dos realidades que marcarán tu futuro y el fracaso de una humanidad inhumana.
      Un abrazo para ti también y gracias por entrar y comentar.

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