Una cita con la vida

Me volví adicta ferviente…

A la tranquilidad… a la libertad… a la paz y a la soledad.

A no tener que dar explicaciones de nada a nadie.

A ser feliz con alguien, sin nadie o a pesar de alguien.

Me volví adicta ferviente…

A regalarme todo el tiempo y espacio que desee y necesite.

A no mendigar atención, ni cariño.

A no regalar a cualquiera la oportunidad de entrar en mi mundo, en mi mente o en mi corazón. 

A disfrutar de los días de lluvia, como de los días de sol.

Me volví adicta ferviente…

A brillar con luz propia, a valerme por mí misma.

A olvidarme del calendario y creer que siempre es domingo.

A sonreír y agradecer por todo.

A disfrutar de cada segundo, antes de que se vuelva pasado.

Aprendí que tener amor propio no es pensar que eres perfecta o que eres físicamente hermosa. Eso es vanidad.

El amor propio es la evaluación que uno hace de si mismo. Y está relacionado con la autoestima.

Si tiendes a valorarte de manera negativa o pesimista, si tienes baja autoestima, entrarás en un estado de resignación y una cierta pasividad ante tus perspectivas de mejora.

Por el contrario, si te inclinas hacia una visión del “Yo” demasiado optimista o inflada, si tienes una autoestima demasiado alta, también puedes tener problemas.

La clave está en tener una autoestima equilibrada, ajustada a las capacidades reales de uno y a las características morales que nos definen de verdad, saber cuáles de aquellas cosas que nos reprochamos son realmente importantes para nosotros, y no simple fruto de la presión social.

Tener amor propio es aceptarse, respetarse, reconociendo y apreciando lo bueno que hemos conseguido a partir de nuestros propios méritos, transformar las inseguridades en metas, rodearse de gente que te aprecie.

Tener amor propio es reconocer la verdad.

Cuando examinas tus carencias, tus límites, tus defectos y te aceptas, eres feliz a pesar de todo.

A todo eso… Me volví adicta ferviente… poco a poco…

Mafalda y sus reflexiones

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

5 comentarios sobre “Una cita con la vida

    1. Buenas noches Nuria.
      Mafalda es como mi hermanita pequeña, la sigo desde que nació. Sus ideas sobre los abusos de poder, las injusticias sociales o el autoritarismo siguen tan vigentes como cuando las pronunciaba por primera vez. Y me sigue encantando abrir cualquiera de mis ajados libritos y repasar alguna de sus historietas.
      Un abrazo.

      Le gusta a 1 persona

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