Aromas de incienso y culpa

En la década de 1500, el monje se arrodilló en silencio, en la penumbra.

Las paredes de piedra atestiguaban las confesiones susurradas con temor.

Rodrigo, con voz temblorosa, reveló sus luchas internas y haber cedido a la tentación de la envidia, permitiendo que el resentimiento creciera en su corazón hacia un hermano monje que recibía el reconocimiento de la comunidad por sus virtudes.

Este corrosivo pecado había envenenado su paz interior y amenazaba con fracturar la armonía del mismo monasterio.

El camino de la penitencia fue el primer paso hacia la búsqueda de la redención.


Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

2 comentarios sobre “Aromas de incienso y culpa

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