La Concha de Donosti/San Sebastián

La playa de La Concha fue elegida en los años 2017/2018/2019 con el premio “Travellers’ Choice Best of the Best”por los usuarios de Tripadvisor, como la mejor playa de Europa y la sexta del mundo. Son los únicos premios de la industria de viajes basados ​​en millones de críticas y opiniones de viajeros de todo el mundo. Estos premios anuales reflejan” “lo mejor de lo mejor” por servicio, calidad y satisfacción del cliente, desde hoteles y alojamientos hasta destinos, atracciones, restaurantes y experiencias.

La Concha es una playa urbana de poco más de un kilómetro de longitud. Se caracteriza por ser de arena blanca y fina y por lo tranquilo de sus aguas en comparación con la playa de La Zurriola, otra de las tres que brinda la hermosa ciudad. Elegante y coqueta, es conocida en el mundo entero. Cuenta con servicios como vigilancia de socorristas, cabina colectiva, recipientes para poder echar la basura y fuentes para limpiarnos los pies repartidas a lo largo de toda la playa. Uno de los elementos característicos de la playa de La Concha es su barandilla, todo un símbolo de la ciudad.

En el siglo XIX, la realeza del norte de Europa descubrió el Mediterráneo. La zarina María Alexandrovna comenzó a veranear en la Riviera francesa, y arrastró todo un mundo tras ella: el rey Luis II de Baviera, su prima la emperatriz de Austria Sissi, el rey Leopoldo II de Bélgica, el príncipe de Gales…

En la corte de Madrid las cosas pintaban de otra manera. Aquí hay luz, sol y calor, de modo que los monarcas, cuando llegaba el verano, huían hacia el fresco del Cantábrico. Isabel II, la reina que ocupaba el trono desde los tres años, tenía problemas de piel, y unos doctores abiertos a la modernidad le aconsejaron ir a la playa. En 1845, proclamada mayor de edad, pero siendo en realidad una adolescente de catorce años, Isabel II inauguró los veraneos en San Sebastián, convirtiendo lo que hasta entonces era algo de excéntricos en una moda. La alta sociedad, que emula los usos de la realeza, comenzó a veranear en la ciudad. 

Los primeros años del siglo XX la Bahía de La Concha carecía de un entorno urbanizado moderno y las barandillas que separaban la playa del paseo estaban anticuadas. Lo único que existía eran las casetas de baño, que eran utilizadas por las familias más pudientes de la ciudad.

 El Ayuntamiento de Donostia, viendo la gran repercusión que estaba alcanzando la ciudad, decidió realizar una reforma integral del paseo de La Concha, incluyendo un nuevo diseño de la barandilla. Su deseo era que la zona luciera su mejor aspecto para recibir a los turistas.

La reforma del entorno de la bahía y el diseño de la barandilla fueron encargados al arquitecto municipal Juan Rafael Alday. nacido en un caserío de Ibaeta. Alday planteó una reforma integral, desde la ampliación y trazados del paseo, pasando por los obeliscos centrales, hasta el diseño de la nueva barandilla. Consiguió que la ciudad tuviera un estilo propio, elegante, acorde a los tiempos. Todos los elementos que perduran hasta hoy llevan la firma de este arquitecto donostiarra. La remodelación del paseo finalizó en el año 1916 y el rey Alfonso XIII acudió a San Sebastián para la inauguración oficial del paseo. 

Siendo mucho más que un elemento de herrería destinado a ofrecer seguridad y separar el paseo del acceso a la Playa, la barandilla de La Concha de San Sebastián es una obra de arte urbana, con ornamentos, formas y figuras que la hacen única.

En millones de fotos y formando parte de collares, pins, llaveros, trofeos, postales, camisetas…se ha convertido en el souvenir por excelencia de la ciudad.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

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