Presagio funesto (I)

Hacía bastante tiempo que me había aficionado a echar las cartas. Cuando salíamos de la facultad a tomar algo con los amigos, entre curso y curso, y sobre todo en épocas cercanas a los exámenes, me pedían que les vaticinara los temas que iban a tocar o cómo les iba a ir con este o aquel profesor,

Formaba parte del entretenimiento y, a veces, me sentía como el payaso del circo que, tenga o no ganas, tiene que hacer reír. Muchas de esas veces, decía que me había olvidado las cartas en casa, aunque las tuviera bien guardadas en el paño de terciopelo morado, dentro de la mochila.

Malvina era la única que se daba cuenta. Ella me sonreía y todo a mi alrededor recobraba la calma. Una bruma azul muy clara bajaba en esos momentos y nos envolvía mientras ella sonreía, yo sonreía y el mundo se apaciguaba.

Con mis amigos era diferente. Ellos se lo tomaban en serio, entendían que el Tarot era una cosa que no había que tomarlo a broma, una ciencia que yo había descubierto que dominaba, algo que no había buscado pero que me había tocado en la lotería de la vida.

En general no me pedían que lo hiciéramos, pero cuando alguno tenía un problema de verdad, no una chorrada cualquiera, sino algo que le estaba dando miedo resolver, buscaba el momento para estar a solas y me hablaba del favor que necesitaba.

Eran momentos especiales donde todos participábamos, porque la energía que me transmitían era muy fuerte y lo que nos pasaba a cada uno, nos importaba a todos. Solíamos meternos en mi pieza, una habitación enorme con posters en las paredes, unos cuantos pufs sobre la alfombra, muchísimos libros. Yo no sé de dónde salían tantos libros, bueno, si lo sé, porque yo los compraba, pero no sé por qué me gustaban tanto y cuando pasaba por las librerías “de viejo” de Avenida de Mayo no podía dejar de revolver en los estantes y, sobre todo, en las mesas de saldos donde me daba pena que los libros se mezclaran y se empolvaran. No podía dejar de leer algunas contratapas, no podía dejar de acomodarlos en un costado y no podía dejar de rescatar del olvido a algunos de aquellos ejemplares que ya no servían para casi nadie. Viejos, sucios, manoseados, escritos en sus bordes y subrayados. Me encantaban los libros subrayados. Otro ser los había leído y había compartido sus ideas, sus sensaciones, sus reflexiones que me llegaban a través del tiempo y la distancia, a veces a través de mucha distancia. En una de esas cacerías encontré uno de mis libros esenciales, esos que nunca dejaría aunque me fuera al fin del mundo, esos que releía de vez en cuando, cuando los necesitaba. Estaba firmado por un tal Antonio en Málaga, un lugar de España, en 1936. Pensar que había viajado con ese libro, en barco seguramente, desde esa tierra tan lejana, para empezar una nueva vida en este continente. Debía ser un libro importante para él, de otra forma no lo hubiera traído. “Demian” de Herman Hesse. ¡Como para no traerlo consigo! Fue uno de los libros más importantes de mi adolescencia. En ese momento lo adopté y lo releí cientos de veces, prestando atención a los escritos de Antonio.

“Emil siempre ha vivido conforme a la moral correcta y cree que ser bueno es su único cometido ¡Inocente criatura! No conoce todavía la maldad del mundo” “Aparece un guía empujándole a avanzar” “Las conversaciones con Demian obligan a Emil a cuestionarse todas las cosas que ocurren en su vida de forma filosófica y crítica” “Hay que romper el cascarón, hay que romper el mundo” “¿Quién soy? ¿Adónde voy? Lo único que sé es de dónde vengo” “Yo también creía que existen dos mundos contrapuestos: el del bien unido a mis padres y amigos y el del mal compuesto por todo lo ajeno a mi ambiente familiar” “Demian piensa que el bien y el mal están unidos y no tienen por qué separarse de la forma en que normalmente lo hacen los humanos. La luz irrumpe en la mente de Emil” “La casualidad no existe” “La vida no es blanco O negro Es blanco Y negro” “La infancia es la sombra protectora en la que nos refugiamos” “Hay que morir para lanzarse sin miedo a la vida y al futuro” “Obsesionado con ella” “¿Por qué se empeña Demian en descubrir la cara oculta del mundo y en romper con todos aquellos paradigmas que me fueron inculcados?” “El sexo tiene diferentes caras y algunas sólo son máscaras de otras” “Le quiero con amor fraterno, amor a un hermano pequeño, le amo como a un hombre” “Abraxas, el conocimiento espiritual por sobre las enseñanzas y las tradiciones” “Abraxas un dios que une simbólicamente lo divino con lo infernal, lo bueno con lo malo y la vida con la muerte” “¿Existe Dios Existe un solo Dios?” “Es un error buscar un dios, solo me buscaré a mí” “Te buscaré con mi espíritu, siempre te encontraré”

Las palabras de Antonio no eran palabras de un adolescente, como yo pensaba al principio que era. Eran más bien reflexiones de un hombre que ha vivido mucho, lee y razona con sus experiencias. Tal vez había ido escribiendo a lo largo de su vida, releyendo el libro en diferentes momentos, porque la tinta de algunas frases era diferente.

¿En qué ambiente viviría, en qué época? 1936 es la fecha, el año en que comenzó la Guerra Civil española. ¿Aceptar el propio destino o sed de aventuras?

¿Y por qué abandonó un libro tan particular? Tal vez el libro le acompañó hasta sus últimos momentos, en los que un familiar despreocupado se deshizo de la herencia.

Si, por lo menos, hubiera escrito su apellido, lo buscaría. ¡Anda que no hay millones de Antonios por el mundo, por esta ciudad! ¿Y para qué? ¿Para preguntarle qué? En su momento él ya volcó su interior. Ahora era mi momento, ¿el de escribir otras frases? No fui capaz. Ahí está el libro, tal cual como lo encontré, aunque un poco más manoseado, en el estante de los imprescindibles.

Pero volvamos a lo que te estaba contando, nuestras sesiones de Tarot y adivinación. En aquellos momentos prendía alguna vela, ponía música baja, generalmente el casette de música nepalí que me habían regalado, bajaba un poco la luz y me disponía frente a mi mesita con las cartas.

Este cuento (que continuará) pertenece al libro “Reflexiones en la madrugada” que es de mi autoría y está aún en proceso de escritura y edición.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

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