Actualidad del supremacismo blanco estadounidense (II)

En la entrada anterior definíamos el supremacismo blanco, una corriente ligada a las extremas derechas, que busca minimizar o contener los logros sustantivos de las luchas que pretenden democratizar a la sociedad y que se registra en los Estados Unidos de Norteamérica y en otros países como Alemania o Francia.

El supremacismo blanco tiene que ver con pensar que la raza está relacionada con la jerarquía social. El 6 de enero de este año 2021, el asalto al Capitolio de Estados Unidos, hubo una representación sobre todo de hombres, antiinmigrantes, antifeministas, homófobos y, ahora en el contexto de la pandemia, antivacunas, que creen que son superiores a los demás.

Los norteamericanos conocen la mayoría de los estereotipos que la gente tiene sobre quién es racista en Estados Unidos, al menos en lo que respecta a la apariencia física y el nivel de ingresos. Pero el Capitolio fue destrozado por veteranos con sombreros Maga y propietarios de pequeñas empresas. Algunos afirman no ser racistas, sino “un nacionalista” y “un patriota”. Norteamérica debe aceptar la idea de que algunos racistas limpios, también pueden vivir a tu lado y deben empezar por llamar a las cosas por su nombre.

La distinción de trato a la población que hacen las instituciones, como la policía, la administración y la gestión política, atraviesa también el aspecto económico. La teoría se basa en pensar que ellos tienen una posición por nacimiento, por el color de su piel y los valores que supuestamente abanderan.

Muchas veces, ser blanco pone dinero directamente en tu bolsillo. Tienes acceso a trabajos, oportunidades y eres visto como competente. Pero también hay un beneficio psicológico, esa sensación de tener un estatus mejorado, de ser parte de la blancura.

Durante estos últimos años se registró la mayor cantidad de producción y distribución de propaganda supremacista blanca que incluye pegatinas, pancartas, carteles con mensajes racistas, antisemitas, anti-LGBTQ y otros con mensajes disfrazados de patriotismo. La propaganda les permite maximizar la atención de los medios y de lo que circula por internet.

Desde los tiempos de su campaña electoral en 2016, el después presidente Donald Trump utilizaba un lenguaje excluyente que le dio réditos políticos entre grupos ultranacionalistas, supremacistas y antiinmigrantes, y aunque en varias ocasiones ha condenado el antisemitismo y la polarización, muchos expertos consideran que la retórica divisiva que aún sigue empleando, estimula la promoción de este tipo de mensajes.

Según el informe de la Liga Antidifamación, decenas de grupos supremacistas distribuyen en Norteamérica su propaganda de forma muy activa, pero tres de ellos son responsables de aproximadamente el 90% de esa actividad proselitista: el Patriot Front (Frente Patriota), el American Identity Movement (Movimiento de Identidad Estadounidense) y el New Jersey European Heritage Movement (Asociación del Patrimonio Europeo de Nueva Jersey).

El Patriot Front es un grupo cuyos miembros sostienen que sus antepasados europeos conquistaron América por lo que el país les pertenece a ellos y a nadie más. Se definen a sí mismos como fascistas o nacionalistas estadounidenses, y se centran en preservar y promover la identidad europeo-estadounidense.

Reconvertido en 2019, tras cambiar su nombre anterior: Identity Evropa, en el American Identity Movement (AIM) el odio a los judíos juega un papel importante en su cosmovisión, potencialmente violenta, y suele tener un papel más activo que ningún otro grupo en los campus universitarios.

Según New Jersey European Heritage Movement (NJEHA), a menos que se tomen medidas inmediatas, la raza blanca está condenada a la extinción por una «creciente marea de color» supuestamente controlada y manipulada por los judíos.

Algunos mitos políticos se niegan a morir a pesar de que todas las pruebas demuestran lo contrario: “El cambio climático es un engaño”. “Cuando los blancos ya no sean mayoría, el racismo se desvanecerá y Estados Unidos nunca volverá a ser un país blanco». Este mito se reforzó recientemente cuando el reporte del censo de EE.UU. de 2020 reveló que la mayoría de los estadounidenses menores de 18 años ahora son personas de color y que las personas que se identifican como multirraciales aumentaron en un 276% durante la última década. Hay que recordar que los hispanos y latinos no son considerados blancos en este país.

Estas cifras del censo parecían validar una suposición común: Estados Unidos se encamina a convertirse en una nación arcoíris para 2045, cuando se prevé que los blancos se conviertan en minoría.

¿El fin del supremacismo Blanco? No subestimemos su capacidad de adaptación. Recordemos que los supremacistas cambian de discurso y tratan de mantenerse relevantes en la cultura dominante. La suposición de que más diversidad racial equivale a más igualdad racial no es correcta. La diversidad racial puede funcionar como un dispositivo de encubrimiento, ocultando formas más poderosas de supremacismo, mientras da la apariencia de progreso racial.

La blancura no es una identidad fija, se expande para dar cabida a nuevos miembros, si tienen el aspecto adecuado. Estados Unidos ha ampliado su definición de personas blancas a lo largo de la historia, lo suficiente como para mantener el poder sobre las personas negras, asiáticas y latinas. De hecho, la definición de blancura se ha expandido para incluir a los irlandeses, italianos y judíos, grupos que alguna vez no fueron considerados blancos en Norteamérica. La cantidad y el tipo de personas que se definen como blancas y son consideradas como tal pueden cambiar, pero el poder que conlleva ser blanco, sigue siendo el mismo. Si los hispanos finalmente se identifican como estadounidenses blancos, los blancos seguirán siendo la mayoría en el futuro previsible.

Todo esto hace pensar que se requiere desactivar esas ideas que se basan, sobre todo, en el miedo y el desconocimiento del otro, en la incomprensión que producen discursos de odio que buscan exterminar a quien es diferente. Hay que quitar a las diferencias la noción de inferioridad, tanto para la cuestión racial como de género, porque hasta ahora la diferencia ha sido sinónimo de desigualdad y explotación.

Por el contrario, necesitamos que la diferencia sea vista con una perspectiva de enriquecimiento, porque los emigrantes, las mujeres o la diversidad sexual contribuyen a la cultura, no le quitan el lugar a nadie ni los desplazan, como creen los supremacistas.El racismo, las ideas de supremacía de una etnia sobre otra y los discursos de odio se combaten con el conocimiento de los otros y con educación, además del diálogo permanente para estar en igualdad de condiciones, a fin de establecer acuerdos mínimos tendientes a la convivencia social.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

2 comentarios sobre “Actualidad del supremacismo blanco estadounidense (II)

  1. Pienso que ahora vivimos la expansión de las ideologías radicales que internet, todo tiene sus contrapartidas, ha permitido difundir masivamente. Pero estaban allí con los colonos y se han transmitido oralmente durante generaciones. Los EEUU con su poder desmesurado en algunos casos infectan al mundo trasnmitiendo ideas basura producto del fanatismo. La extrema derecha vive sostenida por los millonarios donantes del partido republicano. Será una batalla difícil de ganar a corto plazo.

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  2. Totalmente de acuerdo. Los medios digitales son magníficos altavoces para difundir ideas y conceptos, lo bueno y lo malo está hoy al alcance de todos, con una facilidad pasmosa. El supremacismo, el racismo, la discriminación no nacieron en esta época, pero se alimentan y crecen como una marea. ¿Seremos capaces de hacerle frente? La empatía, la comprensión, la reflexión están también en las redes. Tal vez todo sea cuestión de educación, de conocimiento y de mostrar la otra cara de la moneda a las generaciones que nos suceden, usando los mismos medios digitales. Gracias por tu comentario. Saludos.

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