Año sabático

Había estado pensándolo mucho. El esfuerzo en los últimos años había resultado agotador. Un paréntesis para reponer energías, viajar, vivir nuevas experiencias, ampliar conocimientos o reflexionar sobre el futuro. Y aunque muchos aprovechaban un año sabático para adquirir nuevas habilidades y ampliar horizontes, a él lo primero que se le ocurría era poner en práctica el método de relajación que había aprendido en la India. O sea, pasar un tiempito tirado a la bartola, sin hacer nada de nada, sin preocupaciones ni sobresaltos, confiando en la capacidad de sus subalternos para resolver los problemas que se pudieran presentar. Que se presentarían, sin duda.

En la última reunión de amigos, Indra le había aconsejado estudiar un nuevo idioma, por eso de tratar de entender mejor a los demás. Pero él creía que con el impulso que había adquirido el inglés entre los pijos, ya tenía cubierto el espectro de lo necesario para estar informado: inglés porque es el más hablado, castellano porque ¡es tan lindo entender las letras del sensual y atrevido son cubano!, francés por el toque de refinamiento y alemán porque… nunca se sabe.

O sea que aprender un nuevo galimatías quedaba descartado. Del voluntariado que ni le hablaran, bastante se prodigaba durante todos los días de su vida. Estudiar filosofía quedaba excluido, era divertido discutir con los grandes griegos, pero después… ¡si ya se había pensado todo!

Y el tan clásico y remanido viaje, ¡Para qué te voy a contar! Los benditos low cost habían convertido a los placenteros viajes en un deambular turístico sin sentido y sin enterarse de lo esencial: ahora miren a la derecha, tienen el lugar donde estuvo el templo de Artemisa, que ardió en la noche que nació Alejandro Magno. ¡Pero si esta gente no sabe ni quién fue Artemisa, ni quién fue Alejandro Magno! ¡Si lo único que quieren es la selfie para demostrar que han estado ahí!

¡Turismo gastronómico! Eso podría hacer. Le habían contado que Martín Berasategui ya tenía su estrella número doce. ¡Cómo estarían de orgullosos Gabriela y Martín! Hacía tiempo que no hablaba con ellos. Eso de ir repartiendo estrellas, como si fueran medallitas, no le gustaba nada, pero entendía también que tener una estrella de tu propiedad, era un deseo imposible de resistir. 

Este mediodía, cuando sus amigos le organizaron el asado de vuelta/bienvenida al trabajo, le preguntaron por su insólita decisión, y él contestó: “Me quemé, mi trabajo es muy estresante, necesitaba desconectar, tomarme un respiro”.

Un paso que le costó mucho dar porque “El único día que me cogí una baja laboral, fue el primero de setiembre de 1939. Me acuerdo como si fuera hoy. Hitler miró el mapa de su oficina y pasó lo que pasó.”

Pero ahora, una pandemia mundial, una borrasca histórica, la erupción de un volcán, una crisis económica astronómica y una guerra que no hay quien la pare, es todo lo que ha pasado de importancia.

La deidad no sabe nada de esto ni quiere, según indican fuentes cercanas, ya que, en sus propias palabras, “Me pondré al día cuando vuelva, sólo han sido dos años, no creo que sea para tanto”.

“Mi amigo, el Papa Francisco intentó advertirme en alguna ocasión. Incluso me rezó algún domingo. Pero ¿acaso yo no tengo derecho a la desconexión?”, se queja el Todopoderoso, que acabó contestando de malas maneras: “Hombre, ¿me va a organizar la vida él a mí? ¡Lo que faltaba, vamos!”.

En 2023, le gustaría volver de su excedencia con nuevas condiciones laborales. “No entiendo la cultura del omnipresentismo, eso es muy del antiguo testamento. Tener que estar al mismo tiempo en todas partes 24/7, ¡Adónde se ha visto!”, declara.

A su vuelta querría contar con una jornada flexible o, incluso, teletrabajar. “Aparecerme una vez a la semana en algún pueblo bonito de España o de la Patagonia Argentina y el resto del curro, desde el Paraíso”.

“¡Palabra de Dios!”

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

6 comentarios sobre “Año sabático

  1. Buenos días, Marlen.
    Un relato muy irónico y, me atrevería a decir que, hasta con algo de mala chicha. 😅😂🤣
    La verdad es que el trabajo de Diosito está cada vez más complicado. La gente se desentiende de sus responsabilidades y se las echa encima a ellos. Como era aquel refrán: «Al que madruga…».
    Más allá de esto no me lanzaré a hablar mucho más de la religión y sus «trabajadores». Soy demasiado radical en este tema y termino diciendo barbaridades. 😉
    Mi única Diosa es la Pachamama, los profetas son el Amor y la Paz, imposibles en este mundo, y los santos cada uno de los que logra vivir un día más en la precariedad que les ha tocado, o los que ayudan a estos de alguna forma. Lo demás, palabrería.
    Me gustó mucho tu relato. Al menos desde mi punto de vista, tiene muchísima enjundia entre líneas. 😍😍😍😍
    Un abrazo.

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  2. Me faltó el «lamarequeteparió» que tanto me gusta, Jose.
    Si, anoche se me hinchó la vena sarcástica y tenía que aprovecharla. Creo que Dios, Pachamama, Jehová, Allah, Vishnú, Abraxas o como quieras llamarlo (si es que tus creencias te llevan a llamarlo), debe estar un poco harto de tanto pedir y tan poco hacerse cargo y, copiando costumbres humanas, podría decidir tomarse un año sabático para relajarse y olvidarse un poco de la humanidad. ¡Total, para lo que hay que escuchar y ver!
    Supongo que para algunos esto será una herejía, para mí sólo es una forma de reírme de tantos siglos de palabras huecas. El refrán que más me cuadra sería: «Haz lo que yo digo…»
    Y si que creo, pero no creo en un Dios a quien le pido favores personales a cambio de plegarias, limosnas, buenas intenciones o lo que sea. Creo en el poder del convencimiento de que estamos en este mundo para algo, tal vez para respetar y ayudar a quien tenemos al lado, tal vez para que el mundo, al dejarlo, sea una miajita mejor, tal vez para amar y ser amado, tal vez para que nuestras energías se fundan con todos los seres en la bondad. Yo decido para qué estoy aquí.
    Y paro aquí, que no quería entrar en cosas trascendentes, sino divertirme un poco. Y si hay alguien que encuentra cosas entre líneas: «Lo siento, no volverá a repetirse.» Un abrazo grandote

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    1. Amén con todo lo que dices.
      Y no, no dije el lamarequelosparió porque me habría salido otra cosa que podría hacer que te cerraran el chiringuito.
      El humor es la mejor forma de satirizar y criticar las cosas. Sin que hierba la sangre y necesitamos jielito en el cogote. 😜
      Espero que el «no volverá a repetirse» sea solo testimonial, que quiero seguir leyendo tus críticas sarcásticas. 😝👍🏼
      Abrazote.

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      1. No, no, no, el chiringuito que no me lo cierren. Sino, ¿dónde me desahogo?
        Tienes razón, el humor es la mejor forma de satirizar y criticar las cosas. Y encima no te multan por ello, bueno, casi nunca. Y que conste que el «Lo siento, no volverá a repetirse.» lo dije con la misma intención que el emérito. O sea que… tranquilo.
        Abrazos Jose y, ya que hablábamos de dioses, abrazos especiales en el día del dios Júpiter.

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  3. Muy bueno, un relato que hace gala de ironía y sarcasmo. Sin duda ser Dios (sea de la religión que sea) debe ser agotador. Si yo cuando oigo las repeticiones de algunos fieles que como loros se ponen a repetir cosas me da mucha flojera, ya me imagino él. Saludos.

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  4. Gracias por tu comentario, Ana. Como dice Jose, «El humor es la mejor forma de satirizar y criticar las cosas.»
    Totalmente de acuerdo contigo en que las repeticiones de algunos fieles como loros, parecen hechas para aburrir al ser supremo, más que para pedirle cualquier deseo. ¡¡Yo también me lo imagino!!
    Un abrazo grande.

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