En mil pedazos

En mil pedazos, en mil pedazos se rompió la preciosa figurita de cristal, en mil pedazos como mi corazón tras la primera bofetada. Una bofetada absurda, inesperada, injusta. ¿Cómo iba a saber yo que él quería usar su camisa azul para ir a ver a su cliente? Era tan fácil como habérmelo dicho el día anterior. Me hubiera quedado sin dormir para plancharle su camisa favorita como a él le gusta.

Es que yo tendría que ser más detallista, estar más atenta a sus necesidades que a la novela que estoy leyendo. Si trabajara, se entendería que tuviera preocupaciones, pero cuando él me convenció de que dejara de trabajar, por mi bien, claro, para estar tranquila en casa y tener tiempo para nosotros, ya me di cuenta que tendría que poner empeño en lo realmente importante.

Limpiar la casa, lavar y planchar correctamente la ropa, hacer las compras, cocinar cada día algo apetitoso y diferente. Y prepararme, ponerme guapa para cuando él llegara y me abrazara fuerte entre esos brazos enormes que tiene.

Cuando trabajaba siempre andaba corriendo de aquí para allí, no me daba tiempo ni para ir a la peluquería y como además, alguna vez nos quedábamos de charla con los compañeros en el bar de la esquina, nunca estaba “de diez”. Pero ahora que soy una mujer casada, ya he entendido que no está bien andar por los bares, que mi deber como mujer honrada es estar en casa cuando él llegue, bien vestida, bien peinada y dispuesta a satisfacerlo.

Mi madre siempre me cuenta que ella cometió errores y que por eso perdió a papá. Es mejor entenderlo cuanto antes para no tener problemas. No quiero perderlo, me quedaría sola, desprotegida.

Lo que pasa es que me aburro, limpiar sobre limpio no es divertido, ver la televisión no es lo mío y a él no le gusta que lea, porque dice que enferma las mentes. Como a mí, desde chica, me encanta leer, suelo esconder algún libro que pido en la biblioteca, en el armario de la despensa. A él no se le ocurriría ir a mirar ahí, esas son cosas de mujeres.

Pero hoy fue diferente, él quería pistachos y sin darme tiempo a ir a buscarlos, fue a la despensa a revolver y encontró el libro. Se puso furioso y me dijo que luego hablaríamos porque el partido estaba por terminar. Cuando nos sentamos a cenar y me preguntó por su camisa azul, creí que me quedaba sin aire. ¿Cómo contarle que no se me había ocurrido plancharla, que con otras quince camisas perfectamente colgadas en su armario no pensé que necesitara justamente esa? ¿Cómo pude ser tan desconsiderada?

Cuando mi caballito de cristal de Murano voló por los aires, supe que mi error era imperdonable. Nuestra boda, nuestra luna de miel en Venecia, ese caballito del que me encapriché, el mimo con el que lo ubiqué en el lugar más bonito de la casa, con su cola al viento, tan bello, tan feliz, tan libre.

¿Qué voy a hacer ahora? ¿Cómo recompensarle, cómo hacerme perdonar? Iría a casa de mi madre para que ella me aconsejara, pero me da vergüenza que me vea con el ojo morado. He pasado toda la mañana llorando, tirada en la cama. Y no es por los golpes, sé que esos se curarán pronto, es por no poder hablar con nadie. Echo de menos a mis amigas.

Me he peinado yo misma, no quiero salir a la calle, y me he maquillado para esconder mis lágrimas, con mi vestido rosa, ese que a él le encanta, pongo la botella de vino sobre la mesa. Escucho la llave girar en la puerta. El miedo me ahoga por dentro.

Él aparece radiante, con un ramo de calas blancas, una sonrisa y un beso. Me dice que la culpa es mía por ponerle nervioso, que perdió los papeles, que nunca más volverá a pasar, que le perdone. Se sienta a la mesa y la felicidad vuelve a mi cuerpo.

Todo está bien.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

2 comentarios sobre “En mil pedazos

  1. Buenos días, Marlen.
    Un relato que duele.
    Siempre es condenatoria la violencia, pero usarla con la gente a la que quieres, con los que convives, con los que te aman, con los que compartes penas y alegrías… No hay castigo suficiente.
    Creo que con tu relato haces una llamada a la reflexión para una violencia todavía más grande y agresiva. El castigo psicológico. El físico duele y deja marcas, pero este es más sibilino, menos visual, pero muchísimo más trágico y visceral.
    No se puede criticar a una mujer que disculpa a su agresor. No se le puede arengar a una mujer maltratada para que se rebele o salga de la situación en la que se encuentra. En demasiados casos, la dependencia psíquica o emocional ha sido manipulada de tal forma que es imposible. En lugar de criticarlas, hay que comprenderlas y ayudarlas en lo posible. He escuchado: «es que se lo merece, siempre lo perdona y excusa; parece que le gusta recibir». No entienden el nivel de secuestro emocional en el que se encuentran.
    Es evidente que no habrá manera de erradicar la violencia; vivimos en un ambiente de odio e irascibilidad continuo que nos «obliga» a reaccionar de forma airada ante cualquier nimio problema. Pero hay que trabajarlo y no decaer en el empeño. Sobre todo, en estas lacras sociales que son las violencias domésticas.
    Es tan fácil pregonar y contagiar el odio, y tan difícil hacerlo con el amor y la empatía. Después llamamos bestias y salvajes a los animales.
    Relatos como este no empujan a reflexionar y mantener siempre alerta y en la lucha. Gracias, Marlen.
    Abrazazo

  2. Hola Jose.
    ¡Exactamente! Parece que la culpa fuera de la mujer por no reaccionar, por retirar la denuncia (si es que logra reunir el valor para presentarla), por volver siempre con el maltratador. Como si ella quisiera ser maltratada, como si le gustara la situación, sin ponerse en su lugar, sin siquiera hablar con ella, sin escuchar lo que necesita gritar y calla.
    Son situaciones terribles, en las que están totalmente desprotegidas. Por las autoridades, porque les da más miedo involucrarlas y luego sufrir las consecuencias. Por la sociedad, que no se toma el trabajo de tratar de entender. Y, lo que es peor, muchas veces por familiares y amigos, incapaces de entender que su mente ha sido de tal forma manipulada que ella misma se cree la causante del maltrato.
    Totalmente de acuerdo contigo en que no se puede criticar a una mujer que disculpa a su agresor y no se le puede arengar a una mujer maltratada para que se rebele o salga de la situación de violencia.
    Por eso, una y otra vez, es importante crear medios para que esto llegue a todo el mundo, grandes y chicos, porque los chicos muchas veces son también las víctimas de los maltratos en carne propia y de presenciar el maltrato y encima sentirse culpables por no saber cómo reaccionar.
    Es un tema muy difícil de solucionar. No creo que sea posible erradicar la violencia. Pero si, en los medios, se diera más importancia a tomar conciencia y aprender a reaccionar que a cómo la violó o cómo la mató, con todo el morbo por medio, tal vez sería más fácil ir cambiando.
    Reflexión, estar alertas, pero sobre todo AMOR y EMPATÍA.
    Gracias a ti por hacerte eco.
    Un abrazo grandote.

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