Me encantan los estudios psicológicos desde que descubrí, en la secundaria, todo lo que podía aprender del comportamiento humano con un poco de atención y el permiso del profesor para asistir como oyentes a clases en cursos de bachillerato y magisterio.
Los análisis luego, con el profesor, me hacían ver un mundo de intenciones, de reacciones no expresadas verbalmente, un mundo al que la mayoría no tenía en cuenta. Años después pensé que me tenía que haber dedicado a la psicología o psiquiatría. Me hubiera divertido mucho.
Pero como mi vida tomó otros caminos, me encanta cuando logro dedicar un rato a reflexionar sobre la conducta humana. ¡Y qué mejor lugar para hacerlo que cualquier tertulia o concurso televisivo! Una gran parte del trabajo ya lo han hecho los seleccionadores de los tertulianos o concursantes. Un representante de cada uno de los colectivos a los que pretenden atraer como espectadores. Así se garantizan las buenas audiencias, a favor o en contra de este o aquel, y quedarás enganchado al programa.
El que a mí me hace reflexionar, es “Masterchef”. Tiene todos los componentes. En el jurado: el bueno y sensible, el malo y cínico, y la exponente femenina preocupada por la vida amorosa de los concursantes. ¡Típicos exponentes de la sociedad española actual! ¿Solamente española? ¡Pues no! No hay más que ver las audiencias del programa en otros países. ¡¡¡Sí, me vas a decir que tú también lo ves para aprender a cocinar!!! Permíteme que me ría de tu inocencia.



En la edición que están emitiendo estos días, me quedo alucinada con el comportamiento que tiene la sociedad, ¡Perdón, los jueces! con dos concursantes representantes de la juventud actual, los dos de 19 años. Por un lado está Álex, un exparticipante de “MasterChef Junior”, tranquilo, comedido, respetuoso, educado. Y por otro lado Luca, un tiktoker preocupado exclusivamente por su imagen y su teléfono, falto de una educación mínima, tanto en información como en normas básicas de convivencia.
Luca llama la atención por las buenas críticas y valoraciones del jurado a un concursante que cocinaba lo justo y que se salvaba siempre haciendo platos mucho más sencillos y simples que sus compañeros. Hablo en pasado porque ya quedó fuera.
Mientras acosaban a Álex poniéndole nervioso, diciéndole “que iba a palmar”, con “Tienes que tener ya la suficiente madurez para jugar en Champions. Y si no, te vas para abajo» alababan platos demasiado sencillos y reaccionaban yendo a consolar a Luca porque, sin lograr entender nada de la receta que tenía que preparar, se ponía a llorar desesperado. Y no me parece mal que se ayude a superar un bache dando ánimos. Pero sí me parece que la injusticia se rebela como una de las características más típicas de nuestra sociedad.
Ha habido amaños en el proceder de Luca, como cocinar una de las recetas con un ingrediente que no tenía en su cesta. Los espaguetis de apio nabo con una salsa de curri verde, mal se podían haber cocinado sin apio nabo. Y no hubo reacción más que en algún compañero de concurso y en las redes sociales, donde hasta se sacaron a la luz fotos de la cesta de Luca que no contenía el ingrediente. Según parece, el enchufe del joven le asegura el benevolente e injusto trato de favor. ¿Os recuerda algo de la realidad real?
En cuanto al resto de los concursantes, daría para una entrada con cada uno de ellos, pero sólo dos palabras para explicar mi fascinación por la experiencia psicológica que os recomiendo.

Hormiguero para niños 
Jotha 
Fray Marcos 
Francesc 
Ana
Fray Marcos, un sacerdote dominico venezolano, daba tranquilidad a tantos fervientes católicos, apostólicos y romanos, bendiciendo el programa y todo lo que le pusieran por delante. Hasta se atrevió con la farsa del casamiento de dos exparticipantes, ella pariente de la familia real. Sí, la sociedad española es lo que tiene.
Francesc, el amante mayor, adinerado (clásico estereotipo que ya había aparecido en otras ediciones, era el otro platillo de la balanza. Juntos formaron la pareja perfecta, uno intentando demostrar sus dotes amatorias y confesando luego con su amigo. Y el otro otorgando la absolución y reconduciendo al perdido.
También tenemos al típico concursante que no hace más que quejarse por todo, pelearse y rebatir a los jueces. En esta edición es Jotha. Es egoísta, perjudica a los compañeros, juega al gato y al ratón con una de las concursantes y cumple a la perfección el papel. Pero en el fondo todos lo quieren, porque en la casa es buen compañero. Seguro que te recuerda a alguien conocido.
Por otro lado está Ana, la sevillana de clase humilde, capaz de hacer buenos guisos caseros, pero que no ha visto en su vida gran cantidad de los alimentos presentados. ¿Empatía hacia la chica que lo intenta fervorosamente y se pone furiosa cuando algo no le sale o se huele una injusticia? Ninguna. Los palos le vienen de todos lados. La ves trabajar como una mula de carga, en el plató y en exteriores, sin rendirse nunca. Y la respuesta es “Tienes que refinarte”, “Está bien de gusto, pero es un plato muy basto”. Mándala un tiempo al Basque Culinary Center y vas a ver cómo se refina. Porque mano para la cocina tiene y ganas de dejarse la vida en ello, también.
¿Te has entretenido alguna vez mirando un hormiguero, de esos que se tienen en las escuelas para estudiar el comportamiento de los bichos? Y que conste que no estoy llamando “bichos” a los concursantes del reality.
¡Y luego dicen que con la televisión no se aprende!
Creo que has escrito un análisis excelente, sólo he visto un capítulo de esta temporada y como a menudo soy mal pensado en lo que respecta al medio, me pareció que algunas de las más polémicas decisiones se tomaban entre sábanas. Un abrazo.
Hola Carlos.
No sé si las decisiones se toman entre sábanas (no me extrañaría), pero está clarísimo que los comentarios y decisiones, incluso las expulsiones, no se evalúan por el trabajo realizado o por las reacciones ante los retos, sino por un estudio psicológico que va descartando por orden a los diferentes personajes hasta llegar a una final con los elegidos previamente. Toda una clase de psicología aplicada.
Gracias por tu comentario. Un abrazo.
Para cocinar prefiero las clases de Arguiñano, qué además se le puede discrepar. Porqué dónde hay buen producto, como los que tenemos en Galicia, las más de las veces sobran salsas y aderezos. Un abrazo.
Hola Carloc.
Me encanta mi vecino Arguiñano (vivo en Zarautz). Es un tío muy cachondo con el que te ríes y hasta le discutes. Y es cierto que con los productos que tenemos a nuestro alcance, se necesitan pocas florituras para que te salga un plato «con fundamento».
Pero de lo que hablo en esta entrada, no es de cocinar, ni siquiera de aprender una técnica nueva o el uso de un producto diferente. Este es un reality y como tal hay que tomarlo, un entretenimiento, un experimento psicológico si quieres. Y a partir de ahí podemos entrar a analizar.
Gracias por tu comentario. Un abrazo de Marlen.
¡Uy, Marlen!
Aquí has hincado la aguja en mi hueso.
Lo siento, pero he pasado del primer párrafo a leer por encima. Aunque no por ti, por supuesto.
Odio este programa, y otros del mismo montón. Hasta la saciedad con hacer «concurso», reality show y reunión de gente a las que hacer llorar, sufrir, estresar, pelear, discutir… para beneplácito del televidente y su morbo. Sin importar lo más mínimo de qué trate el tema. Lo mismo da que sea para cocinar, cantar, sobrevivir en la naturaleza o encerrarse a «no hacer nada» entre cuatro paredes; lo importante es enfrentarlos entre sí para que saquen todo la bilis que llevan dentro.
Que sí, será un maravilloso experimento sociológico y psicológico, como dices. Pero prefiero meterme en un buen libro que soportar las paridas de la televisión.
Curiosamente, la tele «está encendida» todas las noches con estos programas y yo tengo que «aislarme» para poder leer, poniéndome los auriculares a toa leche. Tal vez, ahora comprendas por qué aumenta mi odio a estos programasquehayquerepetirhastaquemarloscongentedetodoslostiposycondicióninclusofamosetesqueyasoloconocenlosdeotrageneración.
Creo que ya lo hemos hablado alguna vez, el televisor es el electrodoméstico que más me estorba y que no me preocuparía que me robaran. 🤷🏻♂️😂
Solo veo alguna serie mientras como, y por ver algo con mi mujé.
Bueno. Siento la bravata, tal vez debería haber obviado esta entrada y no comentar. Pero como me gusta que mis amigos me conozcan, ya sabes algo más de mí. 😜😝😂
Abrazo, amiga. Yo ya no estoy pa experimentos. 🤣🤣🤣
Hola Jose.
Sí, sabía por charlas o comentarios anteriores, que este programa no es plato de tu gusto. Y pensé en cuántos emoticonos me ibas a regalar, pero de los de 🥵😡🤬😱🤮🤮🤮🤮🤮
Te entiendo perfectamente y comparto lo que dices. Aunque a mí los experimentos me gustan y me metí en contaros lo que sentía porque vi muy reflejada la actitud de la sociedad en las imágenes. ¡Qué le vamos a hacer! No todo lo que escribo te va a gustar. Y además, algún día acabará esta tormenta, y la mala racha de noticias, y los cortes de luz que me están dejando incomunicada INCOMUNICADA!!!
Hazme feliz, adelántame algo del próximo VadeReto, necesito cortar la racha, reírme un poco, ver otra vez Casablanca, escuchar a Bach, dejar de ver Black Mirror, esta serie me está trastornando, pero es como cuando no puedes parar de ver una araña comiéndose una indefensa mosquita.
Por favor, nunca obvies tus comentarios, por favor. Ya sabes algo más de mí. 😂🤣😂
Un abrazo grande Amigo. Me voy a comer que todavía no llegué a la cocina.