Su naturaleza frágil y enfermiza le hicieron acreedor de las atenciones de su pobre madre y de la lástima del resto de los mortales. Desde muy pequeño le interesaron los temas religiosos, pero su principal obsesión se centró en el alma.
El alma inmortal, el alma soplo divino que infunde belleza aún al ser más desgraciado de la tierra. Se inició en el estudio del hinduismo y creyó fervorosamente que el alma permanece en el ciclo de reencarnaciones hasta que alcanza la purificación.
Cuanto más cerca creía encontrarse de la verdad, más bajo caía en momentos de depresión y angustia. Las teorías de Platón y Santo Tomás poblaban su mente mientras sus manos se ejercitaban en la escultura.
Sus vanos intentos de atrapar el alma en un trozo de piedra le desesperaban hasta tal punto que apenas terminado cualquier trabajo lo rompía sollozando.
Pero una idea empezó a atormentarle. El alma huye del cuerpo con el último suspiro, si él pudiera de alguna forma captarla en ese instante sublime.
Planeó todo minuciosamente, eligió con esmero la chica adecuada, moldeó con pasión el cuerpo desnudo, su rostro era tan angelical que no podía dejar de acariciarlo, su busto, sus brazos reposando tranquilos a los lados, tan hermosa y deseable.
Luego en el instante preciso en que ella se acercó, la asesinó con limpieza y colocó con mimo su boca roja sobre la fría boca de la estatua.
Al día siguiente lo hallaron muerto. A un lado, el cuerpo sin vida de una prostituta y al otro, una estatua con gesto agresivo y las manos presionándole la garganta.

Este cuento pertenece al libro "Ayer, y no tan lejos" de mi autoría María Elena Larrayoz Aristeguieta
Un estupendo cuento, Marlén. De esas historias cortas de terror que uno devora con deleite. Un cuento que nos acerca a esa frontera que como seres mortales no podemos traspasar como es el conocimiento de esa realidad oculta del Más Allá. Lo curioso es que haya habido tantos intentos, reales, para localizar o medir el alma humana. Un abrazo!
Hola David. Sí, hurgar un poco en el Más Allá, en la esencia del Alma y en todo ese mundo oculto, apenas atisbado, es una gran tentación. Localizar el alma humana no me inquieta, pero indagar en esos actos extraños que te dejan con el runrun sin respuesta, da vueltas por mi cabeza en los ratos de insomnio. De aquellos polvos, vienen estos lodos.
Me alegro mucho que te haya gustado el cuento. Muchas gracias por tu comentario.
Un gran abrazo.