Jorge era un adolescente inconformista que se quejaba absolutamente de todo. Ya sabéis, ¡la adolescencia!
.- Siempre estoy insatisfecho con las situaciones que se me presentan en mi vida. ¡Parece que no importa lo que haga, siempre hay algún problema o inconveniente que surge! le confiaba a su abuelo José Juan. Haga lo que haga, ¡nunca es suficiente!
La vida nunca me da un respiro. Desde chico me acostumbré a desafíos y obstáculos que otros parecen evitar. Por eso mi mentalidad es negativa. En cualquier contexto, veo lo malo en lugar de lo bueno. Siempre tengo que lidiar con problemas, nunca puedo estar tranquilo.
La gente nunca me entiende ni me aprecia. Mis quejas pueden parecer irritantes para los demás, pero siento que es la única manera de expresar mi frustración y decepción. Cuando me quejo, siento que al menos estoy haciendo algo al respecto, aunque sea sólo verbalmente. Además, cuando las cosas van mal, siento que merezco desahogarme y quejarme, como si fuera una especie de catarsis emocional.
Sé que esta actitud no es saludable y que podría ser un factor que contribuye a mis problemas. Sin embargo, me resulta difícil cambiar, porque siento que el mundo a mi alrededor es el que necesita cambiar. Espero que, al protestar, pueda llamar la atención sobre los problemas y quizás, en algún momento, las cosas mejoren. Sí, ya sé, la queja constante puede alejar a las personas de mi vida. Mi padre siempre me lo dice. Pero siento que es la única forma de liberar parte de la tensión que siento constantemente.
¡Nada en la vida es justo para mí!
José Juan reflexionaba, sin emitir palabra alguna, en la forma de explicar a su nieto que su razonamiento ilustra cómo una persona puede desarrollar un patrón de quejas constantes como una respuesta a sus experiencias pasadas y a su percepción de que el mundo es injusto.
.- Sabes, aunque la queja puede proporcionarte un alivio temporal, debes pensar que también puede ser contraproducente en el largo plazo, porque dificulta la resolución de los problemas, no te deja aire para poder pensar.
Por otro lado, te impide la construcción de relaciones saludables. ¿Qué te dicen Norberto y Juan, qué te aconsejan?
.- No me dicen nada, porque ya casi no nos vemos. Tenemos tanto que estudiar y tantos trabajos que presentar que hace mucho que no salimos juntos, como antes.
.- Pero tampoco estudiáis juntos, como antes. ¿Y no tienes otros amigos? ¿No hay alguna chica que te guste?
.- ¡Abuelo, tú también me vas a dar la lata!
.- No tengo la menor intención, sólo te preguntaba. ¿Quieres que te cuente un cuento? Como cuando eras chico, ven siéntate a mi lado.
.- ¡Ay! -comenzó el abuelo, con voz de cuento-, ¡si yo pudiera irme a vivir a una cueva, estar lejos del agua y de la humedad, no tener que soportar las lluvias sin tener un lugar seco donde refugiarme, al abrigo! Estas quejas no serían raras si quien las pronunciara no fuera una rana, pero es que a Fernandita no le gustaba nada, pero nada nada, vivir en el agua de la laguna.

.- ¡Abuelo ya no soy un niño para que me cuentes cuentitos de animalitos!
.- Ssshhh, relájate, olvídate de todo y escucha.
En verano, tomando el sol sobre una hoja de nenúfar, se lo pasaba genial, atrapando bichitos con su larga larguísima lengua y comiéndoselos despacio y tranquila, sin que nadie la molestara.
¡Pero en invierno y sobre todo en otoño, con esas lluvias tempestuosas que todo lo inundan!, se deshacía en lamentos y lloriqueos.
Es que nada me sale bien, ¡tengo tanta mala suerte! ¡Ay si hubiera nacido gacela, con ese porte tan elegante y esos saltos tan graciosos que dan! Yo las veo cuando se acerca la noche y buscan un lugar tranquilo y seco para hacerse un ovillo y dormir sin que nadie las moleste. Los pequeñitos bien cerca de la madre, buscando su calor. Y, cuando llueve, los grandes árboles, la vegetación y las cuevas, las protegen. ¡No se mojan! ¡Menuda injusticia!
Así hablaba, Fernandita, soñando en sus ensoñaciones, mientras en la orilla, Marcela la gacela, enseñaba a su cervatillo las cosas importantes de la vida.

Cuando te acerques a beber agua a la laguna, debes estar siempre atento a todo lo que pasa a tu alrededor, porque el tigre, que es muy pícaro, aprovecha cualquier momento de descuido para abalanzarse sobre ti y comerte. ¡Siempre hay algo malo que arruina todo!
Y nada de esconderse en una cueva cuando empieza a llover. Es el peor momento, porque buscas un refugio para no mojarte tanto y si eliges mal, acabas en la boca de cualquiera de nuestros enemigos. Es preferible mojarse que ser comido.
¡Si viviéramos en medio del agua, como aquella rana, no seríamos tan vulnerables! Pero ya ves, ¡la vida es así de injusta! Así hablaba Marcela a su pequeña cría, quejándose del triste sino que les había tocado en suerte.
La elefanta María, entretanto, jugaba feliz en el agua, mojando con su trompa a su hija y a su pequeño nieto. El agua estaba fresca y creaba hermosísimos multicolores arcoíris encima de ellos. Era una suerte vivir en familia y tener cerca a todos los que quería.

Era tan grande y fuerte que, cuando llovía, podía cobijar bajo su panza a su hermoso nieto, que ya había aprendido a enroscar su trompa a la suya. Amaba a sus hijos, pero sobre todo amaba a Julieta, su hija pequeña, que le había regalado su primer nieto fuerte y hermoso.
La vida era pródiga con ella y su manada, tenían agua y comida para muchísimos años, no era necesario preocuparse por el futuro y pocos eran los animales que se atrevían a atacarlos. Pero si alguno lo hacía, entre todos lograban que se diera a la fuga. ¡No le gustaría cambiarse por ningún otro ser!
Estás muy callado, como cuando eras chico y mirabas el mundo con ojos grandes y oídos muy atentos.
.- Te estoy escuchando y estoy pensando.
.- Encontrar motivos de queja en cualquier situación, no soluciona el problema, sólo te da manija, como decís vosotros, pero no remedia nada. Eso ya lo sabes, tú mismo me lo has dicho. Entonces, ¿por qué no tomas el asunto como uno de tus experimentos de química? Pon en marcha el método científico.
El primer paso es la observación y llevas mucho tiempo reflexionando. El segundo es el reconocimiento del problema, el planteamiento, y ya lo tienes. Una de las hipótesis la tienes elaborada: una actitud negativa y pesimista hacia la vida y las circunstancias. Y las conclusiones a las que llegas no te agradan. Pues elabora otra hipótesis, analízala y haz el experimento de ponerla en práctica. Y luego compartes tus conclusiones conmigo. ¡Ya te daré yo la nota que mereces!
.- ¿Desde cuándo sabes tú tanto de química?
.- Desde que naciste. ¿Lo vas a intentar?
.- ¡Por supuesto! Ya sabes que los experimentos son mi vida. Cambiaré sólo un factor en la ecuación y veremos los resultados. No sé cómo haces, pero siempre sabes lo que necesito.
Que bonito y entrañable. Lección de vida. Un placer leerte. Abrazos
Muchas gracias, Nuria, por acercarte y por tus palabras.
Un abrazo.
¡Ay, Tita Marlen! Tú sí que sabes contar cuentos.
La relación con los abuelos siempre tiene un sentido especial. A pesar de la distancia generacional, es más cercana que con los padres. También es verdad que a un nieto se le permiten más libertades y travesuras que a un hijo. O eso veo en los abueletes que me rodean, yo no lo soy.
Al menos, este chaval tiene capacidad de protesta, está descontento con su vida y lo muestra; no se cobija en las pantallas o en otras perdiciones. Con su insatisfacción y ese pedazo de abuelo, seguro que logrará grandes cosas que le hagan sonreír a la vida.
Muchísimas gracias por esta lección con moraleja, amiga.
¿Después del cuento hay cocholate con galletas? 😅😜
Abrazo tan grande como el corazón de ese elefante.
Hola Jose.
¡No me digas eso, no me digas eso! Que acabo de leer La Trastienda del dragón y ¡¡¡Uuuuaaaaa!!! Tengo que volver a leerlo antes de comentar. Pero me encantó.
Sí, ya ves, muchos de mis cuentos se mueven dentro de la familia, padres, hijos, abuelos (que, para mí, como tú bien dices, tienen un sentido especial). Será porque los viví de una forma especial, muy intensamente y me legaron tantos sentimientos, tantas anécdotas. Los abuelos son, claro, los padres de los padres, pero la relación con ellos no suele ser igual que con los padres. Un abuelo/abuela está de vuelta de muchas cosas en la vida, tiene mucha experiencia y muchos más años. Pero además tiene el tiempo para dedicarlo a «escuchar» a sus nietos (y no me refiero sólo a palabras). No creo que, en general, se le permitan más travesuras, sino que cada cosa va cambiando de importancia con los años. Allí donde los padres no tienen tiempo porque están pendientes de mil cosas, los abuelos se prodigan porque les sobran horas y llenarlas con sus nietos es un placer.
En cuanto a Jorge, él está descontento con su vida, pero está muy bien encarrilado. No se esconde de la realidad, protesta y va en busca de ayuda. ¿Adónde? Donde su abuelo, ¿quién mejor que aquél que sabe perfectamente lo que necesita? La prueba está en la experiencia que le ofrece, algo cercano a sus intereses, algo que le pica la curiosidad y que seguro le dejará motivos para reflexionar.
Por cierto, demasiado calor para un chocolate. ¿No te apetece un granizado de frutas con pajita? He comprado unas de colores neón con cucharita en la punta. Eso sí, las galletas son de chocolate, por supuesto. Ven, siéntate en la terraza que hoy es un día delicioso.
Un abrazo envuelto en aire marino.
Pues sí, Marlen.
Yo solo conocí a una abuela, maravillosa como ninguna; pero siempre me quedó la sensación que no la disfruté como se merecía. Cuando somos niños, o demasiado jóvenes, no apreciamos estas cosas.
Yo soy bastante extraterrestre, ya lo sabes, y tomo cosas calientes en verano y cosas frías en invierno. ☺️😁
Tu granizado me encanta, siempre que sea sin azúcar. Pero para pasar un buen rato charlando contigo en esa terracita, me da igual si solo hay agua. Lo importante es la compañía. 💜👍🏼
Yo conocí sólo a una abuela y un abuelo, los padres de mi madre. Los de mi padre quedaron en España cuando mi padre se alistó. Y cuando pude viajar, llegué tarde para conocerlos. Pero a ellos dos los viví y los disfruté mucho, pasaba muchos fines de semana en su casa y me lo pasaba en grande. Por eso aparecen por aquí en muchas ocasiones, para estar presentes en mis cuentos.
¿Extraterrestre tú? ¡Anda ya! Me hubiera dado cuenta. A mí me encantan los helados, en verano y en invierno. ¿Puedo ser extraterrestre? ¡Porfa, sí, di que sí!
Y mis granizados no llevan azúcar, a veces una pizca de canela, menta, o vainilla. A veces un poco de chocolate rallado o coco. Y el agua en casa es de marca, sí marca «Bellini», o sea agua del grifo en botella de vidrio del aperitivo Bellini, recuperada de una festichola familiar (la botella, el agua NO) y enfriada en la nevera. De hecho, cuando mi sobrino Uhaitz habla de tomar agua, habla de tomar Bellini. Así que nada de «sólo agua», esta es agua con historia, como todo en esta casa, hasta la compañía. Besote.