“–¡Obispo, puedo volar! –le dijo el sastre al obispo–. ¡Fíjate, voy a probar! Y con algo como alas el sastre subió al lugar más alto de la catedral. Pero el obispo no quiso mirar”. “–Como el hombre no es un ave, eso es pura falsedad –dijo el obispo del sastre–. Nadie volará jamás”. “–El sastre ha muerto –la gente al obispo fue a informar–. Fue una locura. Sus alas se tenían que desarmar. Y ahora yace destrozado sobre la plaza de la catedral”. “–¡Que repiquen las campanas! Era pura falsedad. ¡Como el hombre no es un ave –dijo el obispo a la gente–, nunca el hombre volará!”.
“El sastre de Ulm” de Bertolt Brecht
El sastre de Ulm existió realmente. Era 1811 y un tal Albert Ludwig Berblinger, sastre de la ciudad, había soñado con volar frente a Federico I de Wurtenberg. Para ello construyó unas alas con madera, telas y espinas de pescado e intentó alzar el vuelo desde el Bastión del Águila de Ulm, frente al Danubio. El intento fallido hizo que cayera al río y fuera el hazmerreír de la ciudad.
Murió en la pobreza. Sin embargo, Berblinger fue un inventor talentoso. Inventó una prótesis de pierna para humanos y su construcción del «pedal artificial» todavía hoy se considera un modelo a seguir.
Hoy lleva su nombre el premio anual que concede la Sociedad Alemana de Medicina Aeroespacial, y en el Ayuntamiento de Ulm se exhibe una réplica de sus alas.
El edificio del Ayuntamiento, Rathaus fue construido en 1370. Su fachada de color y muchas ilustraciones, sus gárgolas y su reloj astronómico (instalado en 1520) te deslumbra.
Bertolt Brecht, perseguido por el Tercer Reich, escribió esta poesía en 1934, transformando la historia del sastre en una parábola: la realidad social no es inmutable y se puede transformar, aunque para ello se necesita ir más allá de lo que la mayoría cree que es posible. Muchos son los seres que lo han intentado, algunos lo han logrado. ¿Te acuerdas de un tal Leonardo da Vinci?

Ulm – Alemania 
Lichterserenade, serenata de velas en el Danubio, un espectáculo visual bellísimo 
Rathaus 
Fischerviertel, Barrio de pescadores 
Iglesia Mayor de Ulm
Por cierto, Ulm no es muy famosa por “el sastre”, pero sí lo es por otro genio visionario: Albert Einstein, que nació en esta ciudad alemana del estado de Baden-Wurtemberg. Está ubicada en el punto donde los ríos Iller y Blau se juntan con el Danubio, lo que suele convertirse en un grave problema cuando los ríos se desbordan, llega a haber una fusión entre sus aguas y provoca inundaciones en Ulm.
Albert Einstein, el más famoso físico contemporáneo, fue propuesto hasta 62 veces al premio Nobel y rechazado sistemáticamente por el comité que evaluaba sus méritos, hasta que finalmente recibió el premio en 1921, pero no por su Teoría de la Relatividad (que sacudió nuestra comprensión del universo), sino por la explicación del efecto fotoeléctrico. Aunque Einstein, cuando acudió a Estocolmo para recoger el galardón, pronunció un discurso sobre… la Teoría de la Relatividad.
Ahora uno y otro tienen su monumento en Ulm. A Einstein se le dedicó una estructura de granito rosáceo que se alza en el lugar donde se levantó su casa natal, destruida por una bomba en 1944. Berblinger cuenta con una pared a la que está adosada una enorme tijera. (No, no verás su foto, prefiero quedarme con fotos de su ciudad natal).



Bartolt Brecha siempre comprometido y certero en su poesía. Bonitas fotos. Buen día.
Sí, Bertolt Brecht confrontaba a sus lectores con situaciones donde debía haber cambios, para que tomara decisiones a favor o en contra de lo que leía. ¡Maravilloso!
Un saludo, Azurea.
Muy interesante aportación. La historia está plagada de curiosidades, también me gusta indagar este terrero. Enhorabuena! Un abrazo!
Hola Lady.
Me alegro que te haya gustado. Un abrazo. Marlen.
Hola, Marlen.
Está claro que el mundo, sobre todo el futuro, está en manos de los locos. También de los raros, los distintos, los invisibilizados… Todos aquellos que no se adaptan ni acomodan a lo que tienen a su alrededor y quieren creer y crear lo que ven en su imaginación.
Sin estos locos, tal vez seguiríamos viviendo en la ignorancia de esa oscuridad que nos reconforta con su comodidad y conformismo.
Por eso no dejo de pensar a cuántos imprescindibles, inestimable y extraordinarios médicos, ingenieros, científicos, inventores, artistas… estamos despreciando con el racismo, las fobias, la discriminación y tanto mirar al prójimo por encima del hombro.
Tenemos mucha suerte de que estos locos sean tan tozudos e incansables y que, a pesar del continuo desprecio, nos leguen sus riquezas creativas.
Benditos sean los locos que no se dejan aplastar por la cuerda humanidad.
Abrazo desde mi locura.
Hola Jose.
WordPress me está jugando malas pasadas. Vuelvo a empezar a escribir este comentario que ha desaparecido en el limbo de las palabras perdidas.
Decía que la persona «normal» es capaz de manejar la avalancha de ideas, seleccionando las útiles, desarrollando las buenas, descartando las otras y perdiéndolas para siempre. Los locos, los imaginativos, los raros, en cambio, dejan actuar a su mente, jugando a imaginar.
Miedos y envidias confluyen en el entuerto! Y esto no es algo sólo del mundo actual. «El sastre» nos lo recuerda.
¡Qué necios somos al creernos poseedores de la verdad! Yo también me pregunto ¿cuántos de esos seres privilegiados habrán quedado en la oscuridad por culpa de la actitud de la sociedad? Y ¿cuántos seguirán perdiéndose por nuestras equivocadas imposiciones de estrecheces educativas a nuestros niños y adolescentes?
Alabados sean aquellos que, a pesar de la humanidad, mantienen su singularidad y no se dejan vencer.
Un abrazo grandote en un día especial.