La idea de que la bondad es la forma más alta de inteligencia ya no cuenta con seguidores. En cambio, la maldad ha ganado una buena reputación cuando se presenta como una muestra de astucia superior, y esto ha llevado a personas aprovechadas al éxito político y a individuos crueles y egocéntricos al centro de la atención en la sociedad. El desafío para el futuro radica en estos aspectos, no tanto en los avances tecnológicos.
Cada semana, nos enteramos de casos que involucran a jóvenes en situaciones que asustan: violencia, bullying, acoso online e incluso violaciones. Estos incidentes reflejan una realidad preocupante que se está gestando entre las generaciones más jóvenes.
A comienzos de septiembre de este año 2023, después de volver de las vacaciones, aparecieron en las redes sociales de Almendralejo (Extremadura), fotos de alumnas de cuatro de los cinco institutos del pueblo, desnudas. Un grupo de jóvenes utilizaron su ingenio para crear un collage de sus compañeras de clase desnudas, en una supuesta broma o burla. Algunos de ellos incluso intentaron extorsionar a las chicas.
Estos chicos aprendieron rápidamente de los modelos sociales, inconformistas que han llegado para reemplazar formas tradicionales de ganarse la vida con métodos más agresivos.
Lo irónico es que esto ocurrió en una región que ha elegido para ser gobernados, una coalición política que se opone a la educación sexual en las escuelas como parte de su reforma educativa más destacada.
El verdadero problema no radica en la tecnología disponible ni en el fácil acceso a la pornografía en línea, sino en la falta de educación emocional de estos jóvenes.

Aunque es preocupante que los niños tengan acceso a herramientas digitales que no los educan ni los desafían, sino que los convierten en individualistas agresivos, el problema principal apunta en otra dirección. La educación emocional es un esfuerzo conjunto, ya que los jóvenes tienden a imitar lo que se les presenta como admirable o ejemplar.
La agresión de estos jóvenes hacia sus compañeras es una respuesta parcial a ciertos discursos de adultos que sienten que las demandas de igualdad los están ahogando. Es importante cuestionar qué es lo que realmente les preocupa: ¿la denuncia de comportamientos que ya no son aceptados o el temor a que se descubran sus propias acciones incorrectas en el pasado?
Los jóvenes enfrentan un desafío monumental: sobrevivir y encontrar la felicidad en una sociedad que los ha sometido a un experimento social durante las últimas dos décadas.
Este experimento los ha expuesto a un entorno en el que se recompensa la ambición excesiva en lugar del esfuerzo silencioso, y se impone una dictadura de la apariencia en lugar de promover la aceptación personal y la de los demás. La sociedad está desconcertada al ver a jóvenes que canalizan su frustración personal en el acoso a otros, pero debería cuestionarse por qué ha glorificado a individuos desafiantes durante este último tiempo.
Quizás, si volviéramos a destacar las inmensas ventajas de ser una buena persona, podríamos mirar hacia el futuro con menos individualismo depredador y más conciencia colectiva. El problema comenzó cuando surgió la noción de que ser amable y compasivo era cursi o moralista, y parecía más atractivo unirse al grupo de los acosadores. En realidad, salirse de la corriente era una forma de recuperar la inteligencia para servir a un propósito sólido y compartido. Por eso luchamos en los 70, en los 80, pero…
La obsesión por el éxito basado en el dinero y la belleza física está contribuyendo a la agresividad y la falta de empatía. Debemos reevaluar nuestros valores El sistema educativo, la sociedad en general debe adaptarse a la nueva era en la que vivimos y ofrecer una educación más completa, que aborde no sólo los aspectos académicos, sino también las habilidades emocionales y sociales que son fundamentales para la vida de la comunidad.

Cuidado con enarbolar la bondad. Habría que definir qué es bondad y qué es buenismo porque se pueden confundir y el buenismo es incluso más pernicioso (opinión subjetiva basada en mi propia experiencia) que la ambición porque no solo niega la parte oscura de uno mismo sino que además no sabe poner límites al arribismo y agresividad de otros. La bondad verdadera es la que no viene de la carencia, de la baja autoestima y de la mendicidad de amor, sino del autorespeto. No solo no se enseña en las escuelas, sino que apenas pensamos en ello, todo está tergiversado.
Aún así, estoy al mil por ciento de acuerdo en que se nos está yendo la mano y la pinza, ni más ni menos que antes, solo que ahora es más fácil hacer el imbécil y exponerlo, estamos a un clic de todo.
Hace falta destruir los planes educativos del sistema y volver a reconstruirlos desde cero, cosa complicada por no decir imposible. Estamos gobernados por psicópatas a los que favorece esta neurosis colectiva en la que nos hundimos cada día un poco más. En fin…
Hola Montserrat.
Precisamente la confusión entre la bondad y el «buenismo», que son dos nociones muy diferentes, es lo que ha generado que la forma más alta de inteligencia: la bondad, pierda su valor y ya no cuente con seguidores. El «buenismo» es un sarcasmo que ingresó en la RAE hace apenas 5 años y se define como una «actitud de quien ante los conflictos rebaja su gravedad, cede con benevolencia o actúa con excesiva tolerancia». Y es un término que detesto, primero porque para expresar esto ya existe la palabra «pusilánime». Y segundo porque ha degradado un valor universal que para mí es fundamental: la «bondad». Que, como bien dices, «no sólo no se enseña en las escuelas, sino que apenas pensamos en ello. Precisamente por eso, quise escribir sobre esta noción. Si a alguien le sirve para reflexionar ¡Aleluya!
Por cierto, no creo que haya que destruir los planes educativos. Sólo sentarse a analizar lo que estamos provocando en las nuevas generaciones, reflexionar sobre la necesidad urgente de recuperar los valores esenciales e integrar la adaptación a las nuevas tecnologías.
Y tampoco creo que estemos gobernados por psicópatas, pero sí creo que hemos permitido que se genere una clase social de «políticos profesionales» que no tienen contacto con la realidad porque se dedican exclusivamente a ser políticos y a manipular datos y hechos para ganar votos, elecciones, debates, el apoyo de su partido…
Un abrazo. Marlen.
Yo sí pienso que estamos gobernados por gente a la que le importa nada el ciudadano de a pie, lo único que importa es la consecución de sus objetivos sean los que sean y eso es pura psicopatología. Es solo una observación y opinión personal al ver la manipulación de las masas y la paulatina destrucción de la capacidad crítica desde una perspectiva alejada. Nos meten en una neurosis, nos manipulan con el miedo y la única forma que veo de que esto termine es dinamitando el actual sistema y volviendo a construirlo desde cero. Es decir, imposible. Muy optimista no soy. Un abrazo!
Hola, Marlen.
Creo que ya hemos hablado algo sobre este tema.
Hoy en día la educación principal se mama en la calle y en las pantallas, muy alejadas de la familia y las escuelas. Y ya sabemos que es lo que impera por ahí. De alguna forma, todo se resume en el discurso del odio.
Demasiadas veces he escuchado eso de: si eres bueno te toman por tonto, si eres malo te respetan y obtienes lo que quieres. Creo que esta máxima es cada día más difundida y aceptada. Por desgracia.
Los padres, tutores y profesores, hace ya tiempo que avisaron de todo esto. Al menos, los que ven con dos dedos de frente como se deteriora todo. Sin embargo, tenemos unos ejemplos «magníficos» entre nuestros políticos, los medios, los programas de televisión e incluso en las pelis para jóvenes que intensifican esto a través de superhéroes y valientes justicieros.
El hecho de que las guerras que acontecen en el mundo pasen a segundo plano rapidísimo, dice mucho de la empatía, la educación y solidaridad de nuestra «humanidad».
Sí, ya sé que me dirás, como siempre, que soy bastante pesimista; pero creo que es lo que hay. Lo que observo cada vez que salgo por las calles, escucho o veo comentarios en las redes.
A lo mejor, en lugar de querer blanquear cuentos, libros, canciones y otros ámbitos de la cultura, deberíamos controlar el discurso de quienes nos gobiernan, la actitud de los «expertos» tertulianos, los titulares fóbicos, radicales, insultantes y discriminatorios. En fin, un imposible utópico.
Sé que tú tienes todavía esperanzas de que esto vaya a mejor, yo feo el futuro más negro que la covacha de un Miura.
De todas formas, sigamos gritando. Tal vez los oídos se abran en algún momento y los cerebros dejen algún resquicio. Por querer y esperar nada se pierde. O tal vez sí.
Abrazo, amiga en la esperanza.
Hola Jose.
Sí, hemos hablado de estos temas, de educación, valores, empatías. Y sigo insistiendo, sigo gritando y sigo esperando. No pierdo nada porque, dado cómo está la televisión, la electricidad de mi ordenador la considero bien gastada. Y las clases de psicoanalista me saldrían más caras. Aunque esto voy a tener que corregirlo en algún momento. Siendo argentina, no haber consultado nunca a un psicólogo, es muuuyyy raro. 🤣😂🤣
Ahora hablemos en serio. Tienes razón, hoy en día la educación principal se mama en las pantallas, ni siquiera en las calles. No conozco otras realidades de España, pero por aquí, por el norte, en las calles los chicos están con sus amigos que ven los mismos juegos y escuchan la misma música. Aunque estén juntos, hay siempre un invitado por medio. Los veo en la plaza, cada uno con su móvil, compartiendo TikTok, música y juegos. Y cuando están en casa, o están mandando mensajes o jugando. Más de lo mismo. Pero tampoco importa mucho porque los padres están tan ocupados que tampoco tienen tiempo. Por aquí también, la educación está muy alejada de la familia y de las escuelas. Entre los padres y abuelos hay dos corrientes: los que se quejan de que sus hijos ya no hablan con ellos por culpa de la tecnología, mientras ellos mismos se están mandando WhatsApp con su jefe o su amiga, dando «buen ejemplo». Y los que han pillado sólo la tecnología necesaria para mandar un mensaje pero se achican ante las nuevas generaciones y no quieren quedar como tontos, así que evitan las conversaciones. Si agregamos a esto el clima social y los medios, ¿cuándo se habla realmente? Cuando estalla un conflicto y hay que salir a apagar fuegos.
Y que conste que no creo que seas pesimista en tu forma de mirar la realidad. Comparto tu forma de verla, me indigna tanto como a ti. Pero creo (o tal vez quiero creer) que hay una buena parte de esa juventud que están hartos de tantas mentiras e hipocresía. El discurso del odio lo tienen muy presente, es la realidad diaria y no sólo en los noticieros. Pero también de eso se han cansado.
En nuestra juventud luchábamos porque queríamos cambiar las cosas y pensábamos que era posible. Actualmente el esfuerzo es inútil, están tan desencantados que no vale la pena nada, ni estudiar, ni luchar, ni votar… No hay líderes, no hay futuro porque todo es indigno. Pero sé que cuando uno de esos chicos se encuentra con un profesor o un mayor que le permite vislumbrar algo diferente, redescubren los valores eternos y cambia su forma de ver la vida. Por eso, por ellos, sigo aferrada a mi optimismo, por eso sigo gritando, porque nunca sabes adónde llegas.
Me quedo con la mejor frase de tu comentario: «A lo mejor, en lugar de querer blanquear cuentos, libros, canciones y otros ámbitos de la cultura, deberíamos controlar el discurso de quienes nos gobiernan, la actitud de los “expertos» tertulianos, los titulares fóbicos, radicales, insultantes y discriminatorios.»
Un gran gran abrazo, Amigo en la incertidumbre, pero también en la esperanza.
PD: ¡Menos mal que los comentarios no tienen limitación en la extensión!
¡AMÉN! 🤗🥰👍🏼