Existen palabras que son como un abrazo cálido, evocando recuerdos, olores y la sensación de estar en casa. Es el caso de un apapacho (una palabra que proviene del náhuatl y se usa en México con la definición de una «palmadita cariñosa o abrazo». Pero su significado real es mucho más profundo: apapachar es «acariciar con el corazón».
Aunque algunos puristas pueden argumentar que esta definición es una romantización del término. Pero da igual, porque cuando la cosa va de sentimientos, las palabras nos unen y nos consuelan. Entre nosotros nos entendemos y nos apapachamos.
Escuchaba el otro día el debate en el Congreso, hablando en diferentes lenguas del estado español. En la actualidad, se están debatiendo cuestiones políticas y burocráticas en Europa acerca de si se deben permitir las lenguas maternas de sus ciudadanos en los lugares donde se discuten sus intereses y derechos. Yo creo que la lucha por los derechos laborales, la justicia social y la diversidad cultural tendrían más sentido si se llevara a cabo en el idioma de cada individuo.
¿Cuál es la importancia de la lengua materna, el idioma en el que fuimos arrullados por la noche y en el que nos han amado, el idioma que nos conecta con nuestros seres queridos y nuestras experiencias más íntimas? Los idiomas más allá de debates políticos, perduran en aquellos que llevan su lengua materna en lo más profundo de sus recuerdos.
La mayoría de las personas, alrededor del 60%, hablan más de un idioma a diario, y casi el 20% habla tres o más. Aunque esto puede ser problemático para los puristas lingüísticos, la realidad es que los idiomas se entrelazan y se adaptan a diferentes situaciones, proporcionando un consuelo similar al de un apapacho.
La lengua materna está arraigada en nuestras experiencias humanas, en lo que comemos, en nuestros placeres, oraciones, sufrimientos y amores. Es un tejido de conexiones que facilita la comunicación y la interacción en el plano emocional. En diferentes lugares, el significado de las palabras puede variar, pero el sentimiento que transmiten es universal.
Leía de una pareja de jóvenes latinos, hijos de familias inmigrantes, en los Estados Unidos que, a pesar de hablar inglés en su vida cotidiana, cambian a su lengua materna cuando se trata de nombrar alimentos y comidas tradicionales de sus hogares. Esto demuestra cómo la lengua materna es un refugio emocional que nos conecta con nuestro pasado y nuestra cultura.
A mí me suele pasar, después de vivir en Euskal Herria desde hace 34 años, tengo que pensar antes de nombrar ciertas cosas, porque sino compraría paltas en lugar de aguacates, duraznos en lugar de melocotones o frutillas en lugar de fresas. Y las acomodaría en la heladera en lugar de hacerlo en el frigorífico.
Uno come, gime de placer, reza, sufre y ama en su idioma, porque la lengua materna está hecha de un tejido de referentes comunes que facilitan cualquier relación o actividad no racional. El “t’estimo” catalán, que tiene tanto sentimiento al ser pronunciado junto al Mediterráneo, suena ambiguo para un argentino habituado a estimar a un compañero de trabajo. A la pareja, a un hijo, a la madre, a los amigos no se les estima, se les ama.
Las estadísticas indican que las generaciones jóvenes están cada vez más expuestas al multilingüismo, lo cual, en lugar de ser una amenaza, puede ser un activo para promover la comprensión entre las personas y las culturas. Los idiomas fortalecen los vínculos emocionales, la conexión con otros, y el reconocimiento y el respeto por la lengua materna pueden fortalecer estos lazos. Nuestro lazo emocional, el que se construye sin palabras con la familia, nuestros amigos o con quienes nos rodean, se fortalecerá aún más cuando todos nos podamos apapachar reconociendo y respetando la lengua que a cada uno le acaricia el corazón.

A mí me encanta jugar con las palabras, mezclar expresiones en euskera con el castellano, el porteño, japonés o francés, y hoy he querido apapachar a un Amigo en el día de su cumpleaños. A alguien que atiende en su terraza virtual a todos quienes disfrutamos participando de sus VadeReto y de sus comentarios tan oportunos y cariñosos. Porque nunca falta su palabra amable, su alabanza y sus ánimos que nos hacen ruborizar de orgullo por el logro.
Por eso, de parte de toda la familia que te sigue y admira tu paciencia, Profesor Jose, un apapacho que te acaricie el corazón y un
🫂🥳💥🍰🎈🎉🍾🧨🎂🍻¡¡¡MUY FELIZ CUMPLEAÑOS!!!🫂🥳💥🍰🎈🎉🍾🧨🎂🍻

Estoy contigo, cada cual siente y piensa con la lengua materna. Aceptar que nuestra comunidad de hablantes es diversa es aceptar nuestra riqueza lingüística, le pese a quien le pese, Un abrazo!
Sí Lady, independientemente de opiniones o conveniencias políticas, aceptar la importancia del uso de las lenguas maternas y el multilingüismo es un enriquecimiento cultural.
Un abrazo. Marlen.
Por eso, de parte de toda la familia que te sigue y admira tu paciencia, Profesor Jose, un apapacho que te acaricie el corazón… Me ha encantado este final para felicitar a José Antonio que sin duda me uno a él. Me gustó tu referencia a las lenguas, aplaudo el relato. Un abrazo
Hola Nuria.
Me alegro que te haya gustado el saludo de cumpleaños y que te hayas unido al mismo. Ahora sólo falta que se una alguien más y que lo lea el cumpleañero.
El tema de las lenguas lo tenía pendiente y el debate en el Congreso me animó a escribir sobre la idea. Un abrazo para ti también.
Hola, Marlen y queridísima Familia literaria.
Como siempre digo, la diversidad étnica, lingüística, cultural y personal, siempre nos hará mejores. Porque cuando se unen los pueblos dando lo mejor de sí, siempre gana el amor, se refuerza la paz y se enriquecen los corazones.
Una sonrisa, un gracias, un buenos días o buenas noches, un te quiero, un feliz viaje, un que te vaya bonito… Da igual el idioma en que se digan, el color con el que se pinten, el acento que lo adornen, la distancia que nos separe, las palabras se transforman en sentimientos y estos no tienen nacionalidad.
El Apapacho, el abrazo, es el lenguaje universal, porque al enlazarnos pecho contra pecho, también unimos nuestros corazones, poniéndolos lo más cerca posible, sobran las palabras y nos transformamos en uno solo.
Ojalá poder apapacharos en persona, en lo que quienes me conocen dicen que es un abrazo de oso, pero dulce y cálido como los de peluche.
Que toda la felicidad que me dieron ayer os salpique, os infecte, os sature para que os dure eternamente.
Unir lenguas, culturas y corazones tan distintos, gracias al VadeReto, es el mayor regalo que puedo recibir, como si todos los meses fuese mi cumpleaños.
Gracias por formar parte de esta preciosa familia.
Y gracias a ti, amiga Marlen, porque la amistad no tiene distancias.
Apapacho ashushonado para todas y todos.
🤗🤗🤗🤗🤗🤗🥰🥰🥰🥰🥰🥰
¡¡¡Ay ay ay !!! Amigo Jose ¡¡cómo me encanta lo que escribes!!
«DA IGUAL EL IDIOMA EN EL QUE SE DIGAN, LAS PALABRAS SE TRANSFORMAN EN SENTIMIENTOS Y ESTOS NO TIENEN NACIONALIDAD.»
Gracias a ti, Profesor, por lograr armar esta preciosa familia.
Besarkada haundi haundi bat, nire lagun ona.