La moda rápida se acelera en 2024

“Comprar mucho y barato, usarlo poco, tirarlo enseguida.” Este podría ser el axioma de funcionamiento de la industria de la moda rápida, y en el año 2024 se va a mantener vigente, pero aplicando mayor velocidad a todos los procesos. 

La competencia entre los gigantes chinos Shein y Temu por el acceso a los proveedores y por incrementar sus respectivas cuotas de mercado, será el factor más influyente en esta tendencia. Está acelerando el ciclo de la moda hasta velocidades inimaginables. 

En 2022, cuando Shein estaba tratando de conseguir una valoración de 100.00 millones de dólares, la compañía lanzaba una media de 860 artículos nuevos al día, cifra que representaba un fuerte contraste con los datos homólogos de Zara (casi 20 artículos nuevos diarios). En poco más de un año, el ritmo se ha multiplicado y ahora Shein genera entre 2.000 y 10.000 artículos nuevos al día. De acuerdo con una información publicada el pasado diciembre por The Wall Street Journal, Shein y Temu envían más de un millón de paquetes al día.

Los precios de los productos de estas compañías bajan también a ritmo acelerado. El precio medio de un artículo de Zara es de 34 dólares y en H&M, de 26 dólares. En el caso de Shein, la cifra baja a los 14 dólares y en el de Temu, el precio medio está un 40% por debajo de esta última. Los precios ultrabajos son una parte integral del éxito de su modelo de negocio. 

Shein y Temu son lo que se califica como “vendedores de moda rápida de tercera generación”. La primera data de antes de 2000 y estaría formada por compañías como Zara y H&M, que crearon sistemas de diseño y logística que les permitían cambiar sus escaparates cada pocos días, con creaciones claramente inspiradas en las de las firmas de lujo. La segunda generación, que se desarrolló hasta 2010, incluye a compañías como Boohoo y Asos, que llevaron ese concepto de las tiendas en la calle, al comercio online.

Las exigencias del modelo de negocio de la moda rápida, y particularmente si se produce al ritmo extremadamente acelerado que imponen los dos grandes rivales chinos, tiene contrapartidas muy claras en varios sentidos: copia de los diseños de otras marcas, lo que no plantea grandes problemas pues la moda es una industria en la que resulta complejo hacer valer los derechos de autor; explotación de los trabajadores a base de salarios ínfimos y malas condiciones de trabajo, y prendas elaboradas con tejidos de mala calidad, en los que incluso se han detectado sustancias nocivas para la salud.

Desde el punto de vista de los consumidores, la posibilidad de comprar continuamente prendas nuevas a precios irrisorios degenera en un constante desperdicio de la misma y en el enorme problema medioambiental consiguiente. Pensemos que cada año se tiran en el mundo 92 millones de toneladas de ropa. 

Pero ¿por qué compramos ropa de usar y tirar, fabricada por trabajadores con salarios bajos, y que tienen un costo para un medioambiente al que ya se le imponen demasiados costos? ¿Somos conscientes de ello?

De los 75 millones de trabajadores del sector de la moda a nivel mundial, se calcula que menos del 2% perciben un salario digno. Cuando compramos moda rápida desde la comodidad de nuestros sofás, estamos financiando un sistema donde trabajadores con sueldos muy bajos fabrican la ropa en un extremo del mundo, tripulaciones de buques cargueros, personal de los edificios de oficinas, conductores de reparto y otros trabajadores con sueldos bajos procesan las devoluciones, ocultos en los suburbios de cemento de las ciudades estadounidenses.

Ropa hecha de tejidos baratos y sintéticos, la mayoría provenientes de fabricantes chinos con marcas de nombres raros como SweatyRocks y AUTOMET, que parece creada por un bot. La mala calidad no es un criterio que impida volver a poner a la venta un artículo. Los vestidos de fiesta ceñidos, las camisas de franela deshilachadas y los maxivestidos de poliéster de colores no llevan etiqueta de las marcas, como si prefiriesen no verse asociadas con sus prendas.

Al consultar los comentarios de los clientes, aluden a la mala calidad: material de mal gusto, no concuerda con la foto, no tiene forma. Las discrepancias entre la imagen online y la prenda real son comunes. Es como ver la foto de perfil de un hombre en una aplicación de citas donde aparece con todo su pelo, cuando hace décadas que se quedó calvo.

Ahora bien, se podría decir que trabajar en el sector de la ropa podría sacar a las personas de la pobreza y darles oportunidades que antes no tenían. Sin embargo, nuestra sociedad incentiva el crecimiento perpetuo. Si los consumidores no quieren aceptar unos precios más altos que aumenten el margen de beneficios de una marca, los fabricantes tendrán que ahorrar de otros modos, por ejemplo, con salarios bajos o unas condiciones de trabajo poco seguras.

Pensemos en el precio de un jersey. ¿Cómo puede cubrir el costo de los materiales, la mano de obra, el envío a todo el mundo y la entrega en tu domicilio, por no hablar del costo de una posible devolución al almacén, donde una persona tiene que determinar en menos de dos minutos si la prenda se puede volver a poner a la venta?

Miran si tiene rasgaduras o manchas y si faltan botones. Comprueban si los trajes de baño conservan el adhesivo de protección higiénica, les dan la vuelta a las mangas de los suéteres por si están descosidas o tienen restos de desodorante, voltean los zapatos para ver si las suelas están sucias…

Si ese jersey va al contenedor de lo no vendible, podría acabar en un vertedero donde el poliéster tardará hasta dos siglos en biodegradarse. De hecho, el 66% de la ropa desechada acaba en el vertedero cada año, y otro 19% es incinerada.

Los directivos de la industria de la moda siguen mostrando mucho interés en que sus compañías sean más sostenibles. Las marcas apuntan a los esfuerzos de sostenibilidad, pero la moda rápida es, sencillamente, incompatible con la sostenibilidad. Nos regimos en nuestros actos por la creencia económica de que el crecimiento es ilimitado. Nuestros recursos naturales no lo son.

Sostenemos un sistema de “Comprar mucho y barato, usarlo poco, tirarlo enseguida” que no merecía su viaje alrededor del mundo y el número de manos que la tocaron.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

10 comentarios sobre “La moda rápida se acelera en 2024

  1. Hola, Marlen.
    Tema complicado porque tiene difícil solución.
    Por un lado, porque los salarios te hace reír, por no llorar (quién lo tiene); por otro, la dura competencia de la moda, los medios, los influencers, y la poca personalidad y responsabilidad social y solidaria; y también, por supuesto, la mala educación que ya se les da desde pequeños a nuestros niños.
    Ya no se remiendan las ropas, no se arreglan los aparatos, no se heredan las cosas de los padres o hermanos y, por si fuera poco, no se cuidan las cosas como hacían los de mi generación y anteriores.
    A mí me enseñaron y, pude comprobarlo con mis propios medios, lo difícil que era comprar las cosas de primera necesidad, no te digo las de lujo. Por eso las cuidaba siempre como el primer día.
    Recuerdo una frase que decía mi abuela (o era mi padre): «te quiero más que a unos zapatos viejos». Yo que siempre he tenido problemas con los pies, sé todo lo que encierra esa frase.
    Creo, sinceramente, que todo lo que comentas en esta entrada viene por la educación, bueno, más bien por la falta de ella. Como bien dices, hay que ser conscientes de lo que cuesta cada cosa, lo que hay detrás de tanto consumismo barato, el deterioro del planeta por culpa de tantísima basura absurda…
    Filosofando pienso que de aquí viene el problema de despreciar a «los viejos». Ya no se respeta el envejecimiento de las cosas, por consiguiente, tampoco el de las personas.
    Lo mismo, cuando llegue el apocalipsis distópico reaccionamos. A lo mejor.
    Para los curiosos, poned en el buscador «dónde termina la ropa usada» e intentad no llorar o blasfemar con los videos. Un amigo me enseñó uno, no tengo el enlace, de la ropa que va «destinada» a la gente necesitada, creo recordar que a un lugar de África. ¡Los cohones!
    Como casi con todo, la solución a estas cosas está en las siguientes generaciones, yo diría que la de nuestros bisnietos. Si llegamos. (Yo siempre tan optimista, ¿verdad?)
    Gracias por traer estos temas, amiga. Siempre es necesario seguir gritando.
    Abrazo grande con mi jersey vintage. 😉🤗

    1. Hola Jose.
      Escribiendo esta entrada del blog tomé conciencia que el problema de la ropa que desechamos no acaba con la ropa limpia y doblada en un contenedor del cual se aprovecha para otra gente, sino en su mayoría, en las infames montañas de los vertederos de países pobres y luego contaminando los mares o tierras de esos países. Nuestra imagen idílica de lo bien que nos comportamos reciclando, se topa con la más cruda realidad y no sé hasta cuándo tendremos que esperar para que empiece a cambiar esto. Sé que, a partir del año que viene, las tiendas de ropa tendrán la obligación de tener contenedores de textiles. Pero sólo sirve para cumplir el expediente, para aplacar conciencias. ¡Es horrible!
      Son temas de los que no hablamos, que no nos tocan de cerca. Sí, necesitamos seguir gritando. Aunque no se me ocurre qué otra cosa podemos hacer más que enseñar a las generaciones que nos siguen EL VALOR DE LAS COSAS. ¡Ay educación, cómo te extraño!
      «Ya no se remiendan las ropas, no se arreglan los aparatos, no se heredan las cosas de los padres o hermanos y, por si fuera poco, no se cuidan las cosas como hacían los de nuestras generaciones y anteriores.» Y no, no estoy contando batallitas.
      Me encantó esa frase de tu abuela o tu padre: «Te quiero más que a unos zapatos viejos». No la conocía y me parece ¡tan exacta!
      El otro día decidí tirar una camisa que de «ropa para salir» de hace 50 años, pasó a ropa para casa y luego a ropa para dormir. Finalmente, llegó su hora. Le saqué los botones, la corté en trozos y la pasé a la bolsa de trapos para limpieza. Después me senté al ordenador y empecé a escribir y ver material en la red.
      Hoy no me atrevo a decirte nada sobre tu pesimismo. No podría. Duele mucho ver esos videos, duele mucho parar y pensar.
      Un abrazo grande desde mi impotencia.

  2. Marlen, cada vez que leo cosas por el estilo se me ponen los pelos de punta y me invade la ira porque claro, luego, somos nosotros los que tenemos que andarnos mirando los límites de velocidad PARA NO CONTAMINAR demasiado cuando por otro lado se están permitiendo este tipo de aberraciones.
    No sé, por principios no compro nada que no sea absolutamente necesario y menos todavía lo hago por internet y menos aún de moda de usar y tirar. Me parece espeluznante, pero es la realidad objetiva. Hay mercado para este tipo de cosas.
    La solución exige un éxodo urbano y volvernos al entorno rural donde un pollo es un pollo, un tomate crece en verano, las manzanas no brillan y cada cosa tiene su temporada… en fin… yo estoy planeando mis siguientes 40 años fuera de la civilización. Mientras tanto, que vayan mandando exploraciones al espacio a ver si podemos salir a ensuciar otros planetas en vez de ocuparnos de preservar el que ya tenemos. Vaya gilipollez es todo si lo miras desde el absurdo más lógico.
    Un abrazo!

    1. Hola Montserrat.
      Es como comentaba en la respuesta anterior. Todo esto del reciclaje, y no me refiero solamente al de prendas textiles, sólo sirve para cumplir el expediente, para aplacar conciencias. ¡Es horrible! Pero no estamos haciendo nada que realmente impida, por lo menos, una mayor contaminación. Ya no hablemos de solucionar lo que ya hemos contaminado. Da rabia, mucha rabia, pero también mucha tristeza pensar en las nuevas generaciones y el planeta que les estamos dejando.
      Tienes razón, hay mercado para la moda de usar y tirar. Y me pregunto si nos hemos vuelto demasiado egoístas, tanto que no pensamos en lo que estamos creando, tanto que no pensamos en quienes aún tienen mucho por vivir.
      Tú estás pensando en tus próximos 40 años, yo no los tengo. Y no quiero imaginar un mundo donde ya sea imposible vivir en los lugares que ahora conocemos. Un mundo donde quienes más pierdan sean quienes menos tienen, porque para los más favorecidos, siempre habrá forma de escapar (aunque sea a otro planeta). Pero ¿cuánto podrán aguantar esa gente que ya vive al lado de montañas de basura, porque sus gobiernos aceptan los desperdicios y polución a cambio de dinero?
      Sigamos reflexionando y gritando… a lo mejor, hay alguien del otro lado. Un abrazo.

      1. Desde hace algún tiempo he dejado de reflexionar porque no tiene sentido, hablo para mí, de que nosotros ciudadanos de a pie, veamos las cosas tan claras y lo que ostentan el poder no lo vean o no quieran verlo. Como no quiero que se me caliente la mente ni la boca, dejé de pensar. Mi consciencia está requetetranquila, no será por mí que se hunda el barco. Soy de las que ni respira por no contaminar así que bueno… tendremos lo que nos merecemos supongo, los unos por votar, los otros por no protestar, algunos por no pensar… en fin! Un abrazo!

  3. Creo que artículos como este contribuyen al despertar de una conciencia planetaria tan necesario para equilibrar consumo y economía. Dos pilares del desarrollo social. Un saludo.

    1. Hola Carlos.
      Sí, uno nunca sabe adónde pueden llegar nuestras reflexiones. ¡Ojalá sirvieran para hacer reaccionar a algún hechicero o mago, porque si estamos esperando la reacción de nuestros líderes nacionales o mundiales ¡estamos fritos!
      Equilibrar consumo y economía no parece fácil de resolver. Pero ¿no tendríamos que empezar por cambiar la mentalidad de todos, por hacer entender que el consumismo no soluciona los problemas, sino que los agranda, por grabar a fuego que la educación (en la escuela y en la familia) debe recuperar los valores, empezando por entender que no puedo ponerme en el centro del universo sin importarme nadie más?
      Un saludo.

  4. Mí opinión es que la producción textil en masa se desbordó y degeneró lo que produjo este monstruo» caprichoso y desvirtuado en que todo vale para seguir sin ton ni son, esto tiene que parar y reordenarse por el resultado catastrófico y perjudicial para el planeta,porque si resulta en toneladas de desechos eso ya es un detonante» que encenderia las alarmas de la razón lógica, no debería seguir pasando hay que parar está locura, sabemos que la moda da lugar junto con la industria a infinitas posibilidades de creación, lo que resultó en un desborde o una exageración incontenible, por los resultados malos en muchos aspectos no puede seguir creciendo y mí frondosa imaginación me lleva a pensar ya no caminariamos por lugares normales con árboles y plantas, habría ropa desechada en todas partes si eso no se encausa!!!

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