Navarra cambia al compás de Antonio Vivaldi

Como en las notas de “Las Cuatro Estaciones” de Vivaldi, Navarra, con su diversidad geográfica y climática, despliega una sinfonía única de colores, texturas y sensaciones a lo largo del año. Desde los montes nevados del invierno hasta los cálidos tonos otoñales de los bosques, esta tierra parece estar compuesta por movimientos que celebran la transición cíclica de la naturaleza. Sube el volumen de la música y déjate llevar por este recorrido estacional a través de valles, montes, ríos y pueblos que bailan un zortziko al compás de la vida.

El invierno en Navarra es un lienzo sereno pintado con blancos impolutos y grises suaves. En el Pirineo navarro, los montes se visten de nieve, cubriendo bosques de hayas como el de Irati, que se transforma en un mundo mágico de ramas desnudas y caminos invernales. 

Los robles de la Sierra de Urbasa han perdido su follaje, sus ramas retorcidas y desnudas se extienden hacia el cielo, creando un entramado oscuro y majestuoso que se recorta contra los tonos grises y azulados del invierno. El suelo está cubierto de hojas secas de tonos marrones y ocres, que han quedado de la estación anterior, formando un tapiz crujiente. Se encuentran manchas de musgo verde brillante cubriendo las rocas y los troncos, produciendo un contraste de color en el paisaje invernal.

El blanco de la nieve añade un aire mágico, envolviendo todo en un manto silencioso. En los claros, pequeños arroyos serpentean entre las raíces, con agua cristalina fluyendo serenamente, cubierta de una fina capa de hielo. Si miras con atención, observarás rastros de animales que aún se mueven por el bosque, como huellas de jabalíes, zorros o ciervos, o incluso alguna ardilla buscando comida.

Los pequeños pueblos como Ochagavía o Roncal, con sus tejados cubiertos de nieve, parecen escenas de una postal navideña. El silencio blanco se rompe con el ruido del viento entre los árboles.

El río Baztán fluye calmado, mientras las chimeneas de los caseríos nos acercan el aroma a leña quemada. En días claros, el sol invernal destella sobre la nieve, iluminando paisajes que invitan al recogimiento y al disfrute de una calidez interior. Aquí, el invierno no es solo frío, es introspección y poesía, un susurro tranquilo que invita al recogimiento.

Con la llegada de la primavera, hay una explosión de vida en bosques y campos. Los verdes vibrantes se apoderan de los valles. En el Baztán y Salazar, los prados se llenan de margaritas y narcisos silvestres. En el bosque de Orgi, las primeras hojas brotan con un verde tierno que anuncia el renacer de la vida. Y en todos los caminos y carreteras, las amapolas nos recuerdan que el rojo es un bello color. 

Los almendros son los primeros en florecer en primavera, mostrando en campos y laderas, a partir de fines de febrero, una gama de colores desde el blanco purísimo al rosa fuerte, con un intenso perfume a néctar que atrae a las abejas. Decoran el paisaje de municipios como Cascante, Corella, Cintruénigo, Viana, Milagro, Fitero…

Aunque depende bastante de la climatología, la floración de los cerezos que salpican estas tierras comienza entre finales de marzo y principios de abril, permitiendo disfrutar del espléndido espectáculo y transformando la cuenca de Pamplona en una exhibición efímera de belleza. Y digo efímera porque cuando te paras bajo un cerezo que está atiborrado de frutas, no puedes parar de comer. ¡Mmmm!

Sin embargo, no hace falta desplazarse hasta Ujué para ver los cerezos en flor. En Pamplona, el parque de Yamaguchi, que recibe el nombre de la ciudad nipona con la que la capital está hermanada desde 1980, es el mejor ejemplo para disfrutar del “Hanami” (contemplación de las flores en japonés).

En esta estación, los colores parecen cantar al unísono un preludio alegre que llena los corazones de promesas y sueños.

El verano, tiempo de oro y esplendor, estalla con su himno de vida, verde y luminoso y llega con su energía vibrante, bañando Navarra en tonalidades verdes y doradas. La huerta navarra es orgullo de los navarricos. Las condiciones climáticas de esta comunidad foral son la clave de sus cultivos. Más de la mitad de su territorio tiene un relieve montañoso, precipitaciones constantes y temperaturas frescas. Además de esto, por toda la extensión discurren las cuencas de los ríos Arga, Ega y Aragón, que a su vez alimentan al Ebro. En una perfecta composición sinfónica, alcachofas, la reina de la huerta, espárragos blancos, pimientos de piquillo, calabacines y setas son los intérpretes que sobresalen.

En la Ribera, los campos de trigo y girasoles ondean al ritmo del viento, bajo el sol abrasador. Las Bardenas Reales, con su paisaje desértico y majestuoso, se tiñen de ocres intensos que contrastan con el azul profundo del cielo despejado. 

En los montes de Urbasa y Andía, el paisaje se cubre de verdes intensos y cielos azules. En los valles salpicados de flores silvestres, se escuchan los cencerros de las ovejas lachas que pacen tranquilamente. Su lana blanca contrasta con la exuberancia del paisaje, y las sombras de los robustos robles y hayas ofrecen refugio ante el calor del mediodía.

El aire vibra con sonidos tranquilos: el susurro del viento al rozar las hojas, el zumbido de los insectos, el canto de los pájaros que cruzan los cielos y el ocasional balido de las ovejas, creando una sinfonía natural que alegra el tempo. 

El aroma es fresco y limpio, impregnado por el olor a hierba en los valles. El perfume de la tierra caliente y el leve toque de resina de los árboles se mezcla en el entorno, creando una experiencia sensorial única.

Los balcones se llenan de rojos geranios y rojas son también las fiestas que celebran los pueblos, mientras el aroma de las parrillas llena las plazas. En el verano navarro, la naturaleza y la vida social alcanzan su máximo esplendor. ¡Gora San Fermín!

Cuando el verano cede su lugar, es cuando el espectáculo del otoño, el de la nostalgia, hace su entrada triunfal. Entonces, Navarra se envuelve en una harmonía cálida de ocres, rojos y amarillos. El bosque de Irati se convierte en un cuadro impresionista, y el Parque Natural de Bertiz brilla con una paleta otoñal que atrae a senderistas y fotógrafos. Las hojas caídas cubren los caminos, creando un tapiz crujiente que acompaña los pasos.

Los días, que comienzan a acortar, invitan a explorar frescos hayedos y cascadas como la del nacedero del Urederra, donde el agua de un increíble turquesa parece un regalo para aliviar el calor.

En el Valle del Roncal, el aire fresco vaticina la proximidad del invierno, mientras los viñedos de la Ribera Alta se llenan de actividad durante la vendimia, impregnando la región con el perfume del mosto. El otoño en Navarra es tiempo de reflexión, de despedida de la luz intensa del verano y de bienvenida al calor de las chimeneas. Es como si la naturaleza misma pintara su partida para volver a empezar.

La eterna melodía de Navarra, como en la obra de Antonio Vivaldi, interpreta cada estación con una pasión única, mostrando cómo la naturaleza y la vida humana se entrelazan en un ciclo eterno. Aquí, cada estación tiene su propio carácter y encanto, ofreciendo a quien la recorra la oportunidad de conectar profundamente con el ritmo del tiempo y la belleza del mundo.

Al cerrar los ojos y escuchar las notas vibrantes de Vivaldi, es imposible no imaginar a Navarra al compás de las Cuatro Estaciones. Nos recuerda que la vida es cambio, es un ciclo, es arte. Con él aprendemos que cada día merece vivirse con la intensidad de una sinfonía, que cada estación nos da una lección: renovación, esplendor, descanso, introspección. Esa es la magia de Navarra. Esa es nuestra partitura.

¡Disfruta del invierno, que ya está aquí!


Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

12 comentarios sobre “Navarra cambia al compás de Antonio Vivaldi

  1. ¡Que preciosísima entrada, Marlen! 😀 😀 Conozco practicamente todos los sitios que mencionas, me encanta Navarra, tanto la pirenaica del Roncal, Irati o Pirineos, como la baja de Cintruenigo y Fitero, y la hemos visitado bastante, más ahora que mi hijo vive en Pamplona y cada vez que vamos nos acercamos al parque Yamagochi 😀 😀

    ¡¡FELICES FIESTAS!!

    AlmaLeonor_LP

    1. Hola AlmaLeonor
      Me alegro mucho que conozcas Navarra y que la hayas recorrido porque es un placer hacerlo. Mi padre era de cerca de Irurzun, por eso conozco más la zona norte de la provincia. ¡Qué bien que cuando vais a visitar a vuestro hijo, tenéis la posibilidad de acercaros a esos pueblecitos, a los montes y bosques. Y al Yamagochi, ¡por supuesto! ¡Aprovechar!
      Gracias por tu comentario. Un abrazo y ¡¡MUY FELICES FIESTAS!!
      Marlen

    1. Gracias por el enlace.
      Sí, conocía el rito de «Ur goiena, ur barrena». Celebrar la naturaleza es algo muy común en toda la zona y compartir el agua nueva aún se sigue haciendo, como parte de los ritos que incluyen al hombre en su medio natural: la naturaleza.
      Por otra parte, te diré que «ur» y «lur», aunque tienen la misma raíz lingüística, son cosas diferentes. La palabra «ur» es «agua», «ura» es «el agua» y «urak» es «las aguas». Por otra parte «lur» es tierra», «lurra» es la tierra y «lurrak» significa «las tierras». Aunque «ur goiena» significa «el agua que está encima, en la superficie», en el poema se refiere a la lluvia. Pero la «lluvia» tiene su propia palabra «euria». Bueno, me metí en un poco de lingüística, un tema fascinante.

        1. No pretendía ser una lección, sólo una aclaración. El euskera es un idioma difícil, pero tiene cosas lógicas, como cualquier otro idioma, que si te las dicen, te facilitan su entendimiento.
          Gracias a ti, por escribir.


  2. Una entrada colosal. Con las palabras casi dibujas mejor los paisajes que con las maravillosas imágenes que has elegido. Y por supuesto, con la compañía de Vivaldi y sus «Cuatro estaciones»

    ¡Qué mas se puede pedir! Ha sido un placer pasar por tu pequeño gran rincón en las redes. Como tantas ve ces había hecho, pero con seudónimo. Soy Mª José Sánchez, «Jose Lezcano» hasta ahora.

    Un placer como siempre visitarte.

    Saludos

    1. Hola Mª José
      Gracias por presentarte. Creo que tenemos algo en común, porque creo que eres de Tolosa, pueblo donde vive parte de mi familia, porque yo soy María Elena Larrayoz Aristeguieta.
      Y gracias por esas palabras tan bonitas con las que has adornado mi entrada del blog. Para mí son la constatación de que algo que amo está llegando a otros seres que lo aprecian y, a veces, lo conocen y/o lo comparten.
      Me encantó eso de «pequeño gran rincón en las redes». ¡Todo un honor!
      Es un placer recibirte en mi txoko. Un abrazo grande.
      Marlen

  3. Guuuuuuauuuuuuuuuuuuu

    ¡Qué maravilla de Tierra!

    Como suelo decir, no hace falta irse al último rincón del mundo para conocer el paraíso, aquí mismito, en nuestro país, hay tanta variedad, tanta belleza, tanta maravilla, que lo tenemos bien cerquita. Si nos dedicáramos a disfrutar de ello, compartirlo, saborear toda la diversidad, tanto ambiental como cultural, seríamos de lo mejorcito del planeta. Otra cosa es que nos dejemos «aconsejar» por tanto político imbécil para separarnos, envidiarnos y odiarnos.

    Felicidades por tener tan cerca esa preciosidad.

    Abrazo grande, amiga ilustradora.

    1. Hola Jose
      Sabía que te gustaría esta entrada. Ya nos vamos conociendo un poquito, sabía que apreciarías las imágenes, la música y esperaba que mis palabras te llegarían como para imaginar la belleza de nuestro maravilloso planeta. Donde cada rincón nos regala un cuadro diferente para disfrutarlo a gusto, lejos de los personajes que lucran con nuestro dolor y rabia.
      Ayer estaba por esa tierra, festejando con la familia la cercanía de la Navidad y del Fin de Año, en el caserío donde nació nuestro padre, con el frío que cortaba las palabras afuera y compartiendo el placer de un hermoso fuego adentro, el armado del árbol, las chuletillas de cordero que estaban exquisitas, el buen vino, las charlas, los regalos, las risas, la música, los juegos, las sorpresas, en la gran mesa, grandes y pequeños, todos juntos. Logrando que el ruido de la realidad no nos alcanzara por unas horas. Los árboles, el campo, relucían por las gotitas de agua y el jolgorio interior tapaba el ruido lejano. Nadie tenía ganas de irse, no se extrañaba el televisor ni la consola ni el comentario sobre los chorizos. ¡Qué placer!
      Sigamos disfrutando, no escuchemos lo que no queremos oír, aunque sólo sea por unos días, miremos más cerca.
      Un abrazo grandote grandote Amigo.

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