Cuando el silencio se hizo imposible

Eran casi las 12 de la noche y yo seguía en mi cama, leyendo el libro de Dolores Redondo “Las que no duermen NASH”. El día había sido duro con los trámites horribles del banco, que aún no había podido solucionar. No podía acceder a mis cuentas y estar tan lejos no facilitaba las cosas. 

Si mañana no lograba que me atendiera alguien competente, los recibos domiciliados comenzarían a cobrarse y generarían descubiertos que no sé cómo podría resolver. La angustia de no saber cómo desenredar y remediar un tema tan crítico, me había dejado muy cansada. El libro me había atrapado y eso me permitía evadirme de toda la rabia acumulada durante el día.

No sé cómo empezó. Oí un zumbido. Al principio, lo ignoré. Pero entonces lo sentí, ese pequeño roce en mi mejilla. Me sobresalté y lo espanté con la mano. No era más que un bicho molesto, pensé. ¿Un mosquito? Su zumbido era constante, cerca de mi oído, como un susurro amenazante.

Pero no se iba. Volvía, una y otra vez, con un chiflido persistente que parecía crecer dentro de mi cabeza llena de los significativos detalles del crimen que la escritora me estaba describiendo.

Se posó en mi nariz. Sentí sus patas diminutas y rugosas, como agujas que se clavaban en mi piel. Lo aparté de un manotazo, pero ya no podía concentrarme. Mi instinto era sacudir la cabeza. Nada. No se iba.

El zumbido no cesaba, giraba a mi alrededor como si fuera un depredador jugando con su presa.

Traté de aplastarlo, pero era rápido, esquivo. Mi corazón comenzó a acelerarse y un sudor frío me cubrió la frente.

De repente, aun no entiendo cómo, pero lo sentí en mi boca.

Fue un segundo de descuido.

Abrí la boca para jadear y el maldito aprovechó.

Entró, y su revoloteo me golpeó el paladar.

Intenté escupirlo, pero era demasiado tarde.

Era pequeño, pero su aleteo desesperado me hacía toser.

Ahora lo sentía moverse en mi garganta, con esa agitación que me hacía ahogarme.

Cada movimiento suyo era como un puñal rasgando desde dentro.

El aire no llegaba. Mis pulmones ardían, parecían a punto de estallar.

Me revolvía entre las sábanas ya revueltas.

Caí al suelo, arañándome el cuello, tratando de sacarlo.

Mis uñas dejaron surcos en mi piel, pero el bicho seguía allí, más profundo, más vivo.

El mundo empezó a desvanecerse en sombras cuando, de pronto, el aleteo se detuvo.

Me quedé quieta, temblando, cansada, exhausta, debilitada, con las manos en el suelo.

Una extraña calma se apoderó de mí.

Pero entonces sucedió lo imposible.

Sentí algo moverse dentro de mí.

No en la garganta, no en el pecho. Más allá. Dentro de mi mente.

Y luego, la oí.

Una voz, una voz fría, metálica, que no era la mía, brotando de mis labios.
.- Tu cuerpo ahora es mío.

Mis piernas se levantaron solas.

Mis brazos comenzaron a moverse como si fueran de otra persona.

Quise gritar.

Quise gritar pero lo único que salió fue una carcajada… 

No era mía.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

4 comentarios sobre “Cuando el silencio se hizo imposible

  1. ¡Guuuaaauuuu!
    ¿No decías que los cuentos de terror no eran lo tuyo, Marlensita? 😉🥰

    Si a los molestos bichos que se empeñan en torturarnos por la noche le unimos la posesión… ¿Sustituirá esto a la invasión Zombie? Crucemos los dedos para el año con rima.

    Y… Pensándolo bien, si a un bicho lo posee otro bicho, ¿qué resulta? No lo digo por ti, sino por algún mendrugo que tengo en la mente. 😅😂

    Muy buen cuento, amiga.
    Abrazo Grande.

    1. ¡¡Pues la culpa es tuya!! Sí, no te rías. Tú pones VadeRetos atractivos, yo que soy una chica obediente los cumplo. Y luego, pasa lo que pasa. Que los galtxagorris se entusiasman y me llenan la cabeza de palabras. Y lo peor no es eso, sino que las palabras toman vida de noche y me obligan a levantarme y sentarme al ordenador. ¡No es justo! ¡Te lo digo yo, que no es justo!
      Así que quería darte las gracias por desbrozar un camino que yo mantenía cerrado, y no sé muy bien por qué. Tal vez porque pensaba que no se me iba a ocurrir nada en cuentos de terror. ¡Pero se me ocurrió! A ver ahora quién para a mi loca imaginación… Has despertado a un monstruo 🤣😂🤣
      Todavía me queda una tarea: resolver en qué se convierte el bicho poseído por otro bicho. No me atrevo a ponerle nombre, no se vaya a enfadar.
      Gracias por tu comentario, Jose. Un abrazo grandote, antes de mirar bajo la cama y acostarme.

    1. Hola Enrique
      ¡Qué bien que te haya gustado el cuento!
      Recién estoy empezando a incursionar en el terror y me gustó meterme en un tipo de relato que no suelo tocar.
      Gracias por tu comentario. Un abrazo.
      Marlen

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