El roble y la libélula

El filósofo alemán Immanuel Kant escribió: “La paciencia es la fortaleza del débil y la impaciencia, la debilidad del fuerte.”

Ahora que estamos aquí, tan a gustito, ¿quieres que te cuente una fábula?


El sol comenzaba a hundirse tras las colinas, tiñendo el aire de cobre y silencio. Bajo la copa inmensa de un roble centenario, una pequeña libélula, de alas translúcidas, danzaba como un destello de agua. Finalmente, agotada, se posó sobre una de las ramas bajas.

.- ¡Qué día tan largo! —suspiró la libélula—. Creo que ya he vivido demasiado.

El roble, cuya corteza llevaba siglos marcada por la lluvia, el fuego y las caricias del viento, la miró con ternura.

.- Pequeña —dijo con voz grave y pausada—, ¿cuántas horas llevas respirando?

.- Ocho —respondió ella—. Ocho horas. Y sólo me quedan unas cuantas más antes de… —se interrumpió, sin querer pronunciar la palabra.

El árbol asintió, como si lo supiera todo desde hacía siglos.

.- Ocho horas… —repitió—. Yo he visto pasar cuatrocientas primaveras. He sentido miles de lluvias. Mis raíces han tocado huesos que olvidaron sus nombres. Y aun así, a veces, me parece que la vida es breve.

La libélula lo miró sorprendida.

.- ¿Breve? Pero… tú has visto el mundo cambiar mil veces. Has visto nacer y morir generaciones. ¡Yo apenas tengo un día!

El árbol dejó caer una hoja, suave como un suspiro.

.- El tiempo no se mide en horas ni en siglos —dijo—. Se mide en instantes. Tú tienes un día… pero puedes llenarlo de cielo. Yo tengo siglos… y aún espero el momento perfecto: la primavera en que florezcan todas mis ramas a la vez. Todavía no ha llegado.

La libélula sonrió. Sus alas reflejaban los últimos rayos del sol.

.- Entonces, aunque viva sólo hoy… viviré como si fuera eterno. Bailaré hasta que mis alas caigan.

.- Y yo —respondió el roble, sintiendo el viento en sus ramas—, esperaré pacientemente. Porque algunas cosas sólo ocurren cuando el tiempo lo decide.

El silencio se posó sobre ambos. La libélula alzó el vuelo, trazando círculos dorados entre los rayos de luz.

El árbol la siguió con la mirada, guardando en su memoria efímera pero infinita, ese destello diminuto.

Al caer la noche, el roble le susurró al viento:

.- Quizá la eternidad sea esto… un pequeño instante que nunca se olvida.


HAIKU DEL ROBLE 🌳
Lentos los siglos,
mi savia guarda sueños,
todo florece.

HAIKU DE LA LIBÉLULA 🪰
Sólo este día,
pero mi vuelo sabe
vivirlo todo.

Ludovico Einaudi toca su tema “Experience” en vivo en el show de diciembre 2023 en el Teatro Dal Verme en Milan

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

6 comentarios sobre “El roble y la libélula

  1. ¡Vaya preciosidad!
    Fábula, poesía y música. ¿Se puede pedir más? Pos claro, ¡más!, ¡más!, ¡más!, ¡Muchas fábulas más, querida CuentaCuentos!
    Este cuento me ha recordado la inconformidad que nos domina casi siempre. Nos quejamos del frío en invierno y luego del calor en verano. Protestamos por el silencio cuando hay quietud y por el jaleo cuando hay fiesta. La verdad es que la perfección, si la hay, está en el centro de los extremos; pero la felicidad, siempre lo digo, está en la adaptación. Adaptarse a lo bueno, a lo malo y a lo que tenga que venir. Algo tan fácil y tan difícil.
    Felicidades por otro cuento para nuestros niños corazones.
    Gracias, amiga.
    Abrazo Grande.

    1. Hola Jose
      Tú pide, pide, que siempre se puede hacer algo más. Te cuento un secreto, esta fábula fue naciendo con tu hermoso VadeReto de la paciencia de septiembre. Se me ocurrió, pero no tuve tiempo de escribir el segundo aporte y me quedé con el relato de la paciencia de acompañar a un hijo enfermo. Así que ahora me saqué la espinita: fábula, haikus (que hacía rato que no escribía) y música (me encanta Ludovico Einaudi).
      Tienes razón, también nos hace reflexionar sobre la manía de la queja perpetua, no estamos conformes con nada. Y quejándonos, quejándonos, perdemos la oportunidad de disfrutar lo que está al alcance. Sí, la adaptación tiene muuuucho que ver con la felicidad. ¿Cómo era eso de: Si la vida te da limones, haz limonada.
      Ante las dificultades o la mala suerte, uno debe mantener una actitud optimista para transformar esas situaciones negativas en algo positivo o deseable. La limonada es una bebida refrescante y agradable. ¡Disfruta!
      Mi padre era el «Rey de la resiliencia» y creo que, en los genes, algo me llegó.
      Como siempre, gracias por tu comentario. Un abrazote.

  2. Es una fábula hermosa, tierna y bien escrita, con una sensibilidad casi japonesa (wabi-sabi del tiempo y la fugacidad). El contraste entre la libélula de un día y el roble de siglos está muy bien llevado, y la moraleja fluye natural, sin sermonear. Funciona perfectamente como cuento para dormir a niños… y para hacer llorar a adultos que ya sabemos lo que es mirar atrás y darse cuenta de que “el momento perfecto” quizá nunca llegue. El cierre (“un pequeño instante que nunca se olvida”) es poesía pura.

    Un abrazo cálido que te rompe un poco el corazón. Precioso.

    1. Hola Marcos
      ¡Que me hables tú de wabi-sabi en mi cuento, cuando me fascina la filosofía japonesa y me he atrevido incluso, a hacer algún kintsugi, me parece delicioso y un gran honor! Has acertado en que la idea era la de un pequeño cuento para un niño, a la hora de ir a dormir. Siempre me ha gustado crear y contar cuentos a los niños de la familia y de los amigos. Aunque siempre he procurado que esos cuentos fueran también un motivo de reflexión para quienes exteriormente, ya no se ven como niños.
      Muchas gracias por tus palabras, siempre tan cálidas. Un abrazo fuerte de Marlen

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