En Budapest hay muchos baños termales, pero Árpád eligió el más famoso de la ciudad: el “Balneario Széchenyi” con sus grandes piscinas exteriores neobarrocas, sus piscinas interiores, saunas y baños turcos. Había entrado al complejo con la única intención de flotar un rato y olvidarse del examen de matemáticas del lunes. Vapor, agua caliente, gente relajada. Nada podía salir mal. Se metió en una piscina exterior, se dejó flotar y cerró los ojos.
Cinco minutos. Tal vez seis.
Cuando volvió a abrirlos, algo no encajaba.
Primero, sus rodillas. Eran… como más grandes. Después, sus manos. Demasiado huesudas. Miró su reflejo en el agua y casi se ahoga del susto: su cara parecía la suya, sí, pero con ojeras y una barba que claramente él no había pedido.
.- No, no, no… —murmuró.
Estaba en medio del agua convertido en su versión futura.
Llevaba el mismo bañador, pero ahora le quedaba ridículamente ajustado y, para colmo, alguien había dejado unas gafas de lectura apoyadas en su toalla, en el borde de la piscina, como si fueran suyas.
.- Tranquilo —se dijo—. Esto es el vapor. O el jet-lag. O una alucinación térmica muy extraña.
.- ¿Te encuentras bien? —preguntó una voz.
Era la socorrista. Una mujer de unos treinta años, mirada atenta, silbato colgando del cuello y expresión de “yo ya vi cosas raras aquí”.
.- Eh… sí. Creo. —Árpád dudó—. ¿Siempre me veo así?
Ella lo observó con detenimiento.
.- Hace cinco minutos entraste siendo un adolescente. Ahora pareces un profesor cansado que perdió el autobús.
.- ¡Eso! —exclamó Árpád —. ¡Eso mismo digo!
La socorrista suspiró.
.- No eres el primero. —Bajó la voz—. Hay una piscina que no hay que usar después de las seis de la tarde. Mezcla de minerales, corrientes subterráneas y… bueno, Budapest es Budapest.
.- ¿Y cómo vuelvo? —preguntó Árpád , notando que le dolía la espalda sólo por existir.
.- Prueba otro baño. Pero rápido. El efecto se perpetúa a la hora. Y ya no podrás volver
Árpád salió corriendo, resbalándose, esquivando turistas y señores que jugaban al ajedrez dentro del agua sin inmutarse. Probó una piscina interior. Nada. Otra más fría. ¡Peor! ahora tenía ganas de hablar de hipotecas.
.- ¡No! —gritó—. ¡No estoy listo para eso!
La socorrista apareció de nuevo, caminando con una calma insultante.
.- Última opción —dijo—. El baño pequeño, el que parece cerrado. Pero cuidado, si entras con miedo, saldrás igual.
Árpád respiró hondo y se metió.
El agua estaba tibia, silenciosa. Cerró los ojos. Pensó en sus amigos, en su cama, en no madrugar, en reírse sin motivo. Cuando los abrió, el mundo parecía un poco más bajo.
Miró sus manos.
Manos normales.
Rodillas normales.
Cara sin barba.
.- ¡Sí! —susurró.
La socorrista sonrió desde la puerta.
.- Bienvenido de vuelta. Y un consejo: disfruta ser quien eres ahora. El futuro llega solo, no hace falta adelantarlo.
Árpád salió del baño con una sonrisa enorme y una certeza nueva: en Budapest, incluso relajarse puede ser una aventura. Y algunos atajos… conviene evitarlos.


He participado en el reto de escritura de febrero 2026 a iniciativa de “Reto 5 Líneas” de Adella Brac. La idea es escribir cada mes, un microrrelato de 5 líneas, que incluya las tres palabras propuestas. Este mes: convertido, atenta y otro.
Si quieres ver el resto de aportes al reto https://adellabrac.es/reto-de-escritura-5-lineas-febrero-2026/
Hola, Marlen.
Un maravilloso cuento que lleva más allá de la Fantasía el «Carpe Diem».
Tú no sabrás dónde queda la piscina esa que rejuvenece, ¿verdad? Es para un amigo. (todos los días me mira desde detrás del espejo y se encoge de hombros con maldad). 😜😝
Felicidades por esas cinco líneas que tanto te dan de sí. 😉😁
Abrazo Grande.
Hola Jose
Sí, claro que lo sé, ¡por supuesto! Pero tenía pensado dar primero una vueltita de unos cuantos días para confirmar los resultados. La otra vez que la visité, los baños tuvieron un efecto excesivo y luego necesite unas operaciones para ponerme algunas arrugas extra. ¡Es que no hay nada como el entusiasmo juvenil para estas cosas!
Dile a tu amigo que le paso la receta de mi padre, que siempre nos ha dado un resultado excepcional. Es una de las mejores recetas que conozco y, te aseguro que tiene otros usos ademas de la enfermedad del «MEP» (Mal del Envejecimiento Patente). Toma nota: Todas las mañanas, en ayunas, una cucharadita de «Resina» (Resinación).
Un abrazote grandote. ¡No te rías tanto!