¿León o colibrí?

Cuenta la fábula de origen quechua que, en el bosque, se había declarado un gran incendio. Las llamas lo consumían todo. Los animales, desde el más grande hasta el más diminuto, huían despavoridos por salvar la vida —que no la casa—. Excepto un pequeño colibrí que iba hacia el río y regresaba a las llamas con una gota de agua.

Un león lo ve y le pregunta, asombrado: 

.- ¿Qué haces? ¡Estás loco! Ese fuego es enorme, no podrás apagarlo tú solo.

El colibrí entonces responde: 

.- Voy al lago, tomo agua con mi pico, vuelvo y la echo al fuego.

Lo hace una y otra vez, en una cadencia frenética, hasta que el león, cansado, le grita:

.- ¿De verdad crees que vas a apagar el incendio con esas míseras gotas? ¡No servirá de nada!

El sabio colibrí, sin detenerse, responde:

.- Sé que yo solo no puedo apagarlo. Es que sólo estoy haciendo mi parte.

Escuché la fábula en la niñez y nunca terminé de entender al colibrí. Me parecía que su actitud era inútil. Estúpidamente insignificante. Prefería, imagino, la fuerza de ese poderoso león, porque así son los cuentos infantiles: un retrato de los miedos y de esos adultos en los que nos convertiremos.

Años después, cuando el recuerdo de la fábula casi había desaparecido, y mientras escribía una tesis sobre Albert Camus para mi profesorado, me visitó aquel pequeño amigo, el colibrí.

Leí la obra de Camus para comprender la evolución de su idea del hombre y leí “El hombre rebelde”, uno de los ensayos filosóficos más profundos del siglo XX.

No es un libro fácil, pero todo gira alrededor de una idea sencilla y poderosa: la rebeldía es la afirmación de la dignidad humana frente a lo absurdo y la injusticia. Camus no habla del héroe ni del mártir, sino del ser que, enfrentado a lo imposible, elige actuar.

Fue años después, cuando ya había acabado la tesis, cuando lo rescaté de la estantería. Entonces pude leerlo en profundidad por primera vez. 

En sus reflexiones, Albert Camus parte de una pregunta central: ¿qué significa que alguien diga no?  El “no”: no a la injusticia, no al sinsentido, no a la humillación, es el inicio de una rebelión, es la negativa a aceptar una condición considerada injusta o degradante, es la toma de conciencia sobre una realidad que está infligiendo sufrimiento humano, es la negativa de la persona a aceptar que alguien viole los propios derechos.

Pero en ese “no” también hay un “sí”: la afirmación de un valor humano compartido, de un límite que no debe ser sobrepasado. La grandeza del gesto de no permanecer inmóvil e intentarlo, el verdadero significado de la rebeldía, que hunde sus raíces en la dignidad y en el inconformismo.

Cuando alguien dice «no» y se rebela, es porque ha tomado conciencia de una realidad indigna del ser humano, que le oprime y le descoloca de su condición psíquica y antropológica. Hoy vivimos tiempos en los que es necesario practicar la rebeldía. Estamos inmersos en una ola mundial de situaciones injustas que están degradando y deshumanizando a la persona.

Necesitamos tomar conciencia de las situaciones que se van infiltrando e infectando de manera sutil en lo más íntimo de nuestro ser personal y social.

Nuestra rebeldía debe orientarse, como expone Camus, contra el absurdo intolerable de imposiciones que afectan a la dignidad humana. Debe ser una actitud ética, solidaria y generosa, que no sólo se rebela de manera individual sino también comunitaria y colectiva.

Por eso yo me rebelo contra quienes provocan las guerras, contra las políticas sociales y migratorias injustas, contra los terroristas y los genocidas, contra las dictaduras, la soberbia y la petulancia de quienes se creen dioses del universo, los ideologismos y totalitarismos beligerantes, contra la corrupción de nuestros gobernantes, contra aquellos medios de comunicación que programan basura y defienden de manera partidista la mentira y la corrupción política.

El colibrí no cree que vaya a salvar el bosque, del mismo modo que el rebelde no cree que vaya a cambiar el mundo. Lo mueve otra cosa: la certeza de que no puede permanecer inmóvil mientras arde y quizás ahí resida la belleza de su gesto: en comprender que la grandeza no está en el resultado, sino en el intento.

Entonces… ¿león o colibrí? Es un ejercicio literario, pero también ético, más urgente que nunca en este mundo desigual y crispado.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

4 comentarios sobre “¿León o colibrí?

  1. Hola, Marlen. Una bella fábula con un significado potente: no quedarse inmóvil mientras el mundo arde. Aunque seamos colibríes, algo podemos hacer y vos lo estás haciendo.
    Un abrazo

    1. Hola Mirna, gracias por tu comentario y por el reconocimiento. Sí, el tema es de esos que conviene recordar de vez en cuando. Sobre todo en épocas de tanta confrontación como esta.
      Un abrazo para ti también.

  2. Hola, Marlen.
    Como precioso y preciado colibrí que eres, siempre pones esas gotitas de reflexión en nuestras cabezas. Es poco, sí, poquísimo, pero para las mentes abiertas es como una semillita que va germinando poquito a poquito. Ojalá ese agüita salpicara a nuestros jóvenes; falta les hace.
    Esa fábula la escuché o leí hace tiempo, pero en los labios de mi Ipuin-Kontalaria de confianza suena mucho más encantadora.
    Muchas gracias por dirigir esta bandada de colibríes que, aunque de pequeño tamaño, pueden cambiar el mundo.
    Abrazo Grande.

    1. Sí, la del león y el colibrí es una leyenda o fábula que escuché de muy pequeña (no recuerdo si de mi abuela o de mi abuelo, los dos me contaban esas maravillas que quedan grabadas para siempre). Y, para festejar mi cumple, pensé que era una buena enseñanza para recordar y un lindo homenaje a quienes nutrieron mi mente tan maravillosamente.
      ¡Ojalá los colibríes lleguen a formar bandadas que impidan que el fuego se expanda tan fácilmente! ¡¡Si es por nuestras ganas de participar contando cuentos, no va a quedar!!
      Muchas gracias, como siempre, por tus palabras. Un abrazote.

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