¿Cómo será el mundo cuando no pueda yo mirarlo ni escucharlo ni tocarlo ni olerlo ni gustarlo? ¿cómo serán los demás sin este servidor? ¿o existirán tal como yo existo sin los demás que se me fueron? Sin embargo ¿por qué algunos de éstos son una foto en sepia y otros una nube en los ojos y otros la mano de mi brazo? ¿cómo seremos todos sin nosotros? ¿qué color qué ruidos qué piel suave qué sabor qué aroma tendrá el ben(mal)dito mundo? ¿qué sentido tendrá llegar a ser protagonista del silencio? ¿vanguardia del olvido? ¿qué será del amor y el sol de las once y el crepúsculo triste sin causa valedera? ¿o acaso estas preguntas son las mismas cada vez que alguien llega a los sesenta?
Ya sabemos cómo es sin las respuestas mas ¿cómo será el mundo sin preguntas?
Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra.
Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar.
Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje.
O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.
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