Ciudades chinas que ya viven en el futuro

El futuro ya no se inventa entre tubos de ensayo de ocultos laboratorios, como se podría pensar después de ver alguna película de ciencia ficción, ni en garajes sin ventanas si hemos estado leyendo algo de Silicon Valley. Se experimenta, más bien, a cielo abierto, en ciudades que se aventuran a mostrarlo en plena calle.

Hay lugares del planeta donde ya hay coches que circulan sin conductor, puertos que funcionan bajo el mando de algoritmos con una eficacia que asombraría a cualquier estibador, ciudades donde está a punto de ponerse en marcha (si es que no lo ha hecho ya) el primer servicio regular de taxis voladores totalmente eléctricos y drones que reparten comida a domicilio, con una red inicial de vertipuertos (estructuras en tierra, agua o sobre las azoteas de edificios, diseñadas para el despegue, aterrizaje, carga y estacionamiento de aeronaves eléctricas de aterrizaje vertical (eVTOL) repartidos por puntos estratégicos. Dubái ya ha iniciado la construcción del primer vertipuerto cerca del aeropuerto internacional, diseñado para integrarse en la misma red que conecta metro y taxis en superficie.

En estas ciudades, los edificios no se limitan a albergar gente, sino que respiran como si tuvieran un metabolismo propio. Son ecosistemas digitales. Lo que separa a estas ciudades del resto del mundo no se mide en años, sino en decisiones políticas que harían sudar a más de un tecnócrata, en su apetito por probar lo nuevo y con una tolerancia al error que haría parecer razonables los primeros intentos de vuelo en aeroplano. Son ciudades, en suma, que se arriesgan a caminar unos cuantos pasos por delante del calendario del resto del mundo.

Shenzhen, en el sur de China, no sólo es la ciudad considerada por muchos, más futurista del planeta, sino también la más nueva. Esta megalópolis de casi veinte millones de habitantes apenas era una aldea de cien mil en 1980. Hoy se considera la segunda ciudad con más rascacielos del mundo, después de la vecina Hong Kong, pero dado el ritmo de construcción de nuevos edificios y de barrios enteros, es cuestión de tiempo que lidere el ranking.

El cielo de la ciudad es extremadamente limpio ya que fue la primera ciudad del mundo en tener una flota de autobuses públicos 100% eléctricos y el 95% de los coches también lo es, como la totalidad de las motos. Es como si la ciudad hubiera firmado un pacto con el silencio.

Para entrar al metro (con un tamaño que ya supera al de Nueva York y que aspira a alcanzar el doble de tamaño en diez años) sólo necesitas poner tu cara. Los vagones se dividen por temperatura, para que cada viajero escoja la que le resulte más cómoda. 

Y para comprar, en muchos establecimientos, sólo puedes usar una aplicación autentificando con la palma de la mano o tu cara porque en China no se usa el dinero físico ni las tarjetas de crédito.

En los nuevos barrios de la bahía, las fachadas de los rascacielos se convierten en un plano luminoso que responde a espectáculos sincronizados. Y algunas nuevas zonas residenciales tienen pasarelas elevadas con vegetación controlada por sensores. 

Tradición y modernidad se mezclan en una ciudad que se ha caracterizado por ser el estandarte de la revolución tecnológica de China. En Shenzhen se concentran el mayor número de empresas de Inteligencia artificial, componentes, robótica, sensores, drones, big data, blockchain, etc.

Pero ¿por qué Shenzhen fue elegida para ser el Silicon Valley chino? No hay que olvidar, como antecedente histórico, que Shenzhen fue una de las primeras cuatro ciudades catalogadas como Zonas Económicas Especiales (ZEE), creadas a finales de los años 70 por Deng Xiaoping, como experimento económico que formaba parte de las políticas de modernización del país.La ciudad fue incluida, tanto en los planes económicos del Gobierno, como en un plan especial para atraer nuevo talento y apoyar la investigación tecnológica a través de incentivos económicos. El crecimiento del que hablábamos al comienzo, también influyó. En 2017 el gobierno chino definía a Shenzhen como motor tecnológico por su excelente ubicación, su ecosistema digital y su cercanía a grandes ciudades de negocios como Hong Kong y Guangzhou. En 2018 aumentó en casi un 120% la inversión respecto al año anterior, registrando 15.000 nuevas empresas. Ese mismo año, logró superar el PIB de Hong Kong, convirtiéndose, a su vez en la sexta ciudad más competitiva de China.

Chongqing es un lugar donde las colinas dictan la forma del futuro y donde el urbanismo se ha convertido en una coreografía vertical. Una ciudad que no ha crecido en superficie, sino que ha aprendido a elevarse orgánicamente.

Olvídate de las metrópolis planas y predecibles. Chongqing no se camina: se escala, se cruza y se vive en tres dimensiones. Esta megaciudad del suroeste de China, suspendida entre ríos colosales y montañas afiladas, es un espectáculo de ciencia ficción hecho realidad donde el pasado dinástico se integra en el futurismo más salvaje.

Desafía las leyes de la física y de la arquitectura convencional. Es conocida mundialmente como la «ciudad de la arquitectura mágica» por su relieve imposible. El metro atraviesa edificios: en la estación de Liziba, la línea 2 del metro cruza literalmente por el corazón de un bloque de viviendas de 19 pisos.

Hay carreteras en las nubes, los pasos elevados y puentes se entrelazan a alturas de vértigo. No te extrañes si, tras subir veinte pisos en ascensor, sales a una plaza pública con tráfico peatonal y tiendas. Esta es la capital de los puentes. Con decenas de estructuras masivas cruzando los ríos Yangtsé y Jialing, la ciudad ofrece postales urbanas inigualables a cada paso.

Pero cuando cae la noche, Chongqing se transforma en un lienzo de luces de neón y destellos dorados. El epicentro de esta magia es “Hongyadong”, un complejo de edificios de arquitectura tradicional construidos sobre pilotes, que cuenta con once pisos y es una de las atracciones turísticas más populares de la ciudad. 

Se encuentra directamente sobre el acantilado en la ladera de un barranco a lo largo de la orilla sur del río Jialing. Y dentro del complejo hay una gran variedad de tiendas y hoteles. El cuarto piso cuenta con un mercado de alimentos y se destaca por la venta de especias.

Es un festín para los sentidos: artesanías locales, bares con terrazas y miradores perfectos para fotografiar el skyline de la ciudad.Al encenderse las luces, el lugar evoca de inmediato los paisajes fantásticos de las películas de anime del Studio Ghibli

Claro que no puedes irte de Chongqing sin poner fuego en el paladar. La gastronomía es una religión, y su dios absoluto, su plato típico es el “Hot Pot”, un caldo comunal burbujeante. En realidad, es un método de cocina asiático donde se coloca una olla de caldo hirviendo en el centro de la mesa y los comensales van cocinando los diversos ingredientes (desde carnes finas y setas hasta delicias locales como raíces de loto). El caldo está saturado de chile rojo, sebo de res y la famosa pimienta de Sichuan, que produce un adictivo efecto de entumecimiento.

La atmósfera es muy particular. Prácticamente todos los restaurantes locales se especializan en este tipo de comida. Se consume en sótanos ocultos, refugios antiaéreos reconvertidos o terrazas con vistas al río que brillan al caer la noche, siempre acompañados de una cerveza fría para calmar el fuego.

Si Chongqing es la furia vertical esculpida en piedra, Shanghái es pura sofisticación reflejada en cristal y neón. La metrópolis más cosmopolita de China no se detiene; vibra a un ritmo hiperbólico donde las pasarelas de alta costura, los rascacielos hiperfuturistas y las casas de té coloniales coexisten en un perfecto y magnético equilibrio. ¡Bienvenidos a la «Perla de Oriente»!

Ningún lugar define mejor la dualidad de Shanghái como su icónico paseo marítimo, una zona peatonal de 2 kilómetros de longitud a orillas del río Huangpu. Es un choque visual único. Como en un espejo de doble cara, a un lado del río se despliega el Pasado Colonial, el “Bund”: una monumental hilera de edificios de los años 20 de estilos art déco, neoclásico y barroco, vestigio de su época como centro financiero global. 

Y al otro lado del río el Mañana Futurista, el “Pudong”. Considerado el corazón económico de Shanghai y el segundo distrito financiero más importante de Asia, al cruzar la mirada hacia la orilla opuesta, se eleva el skyline de ciencia ficción más famoso de Asia, coronado por la colosal “Torre de Shanghái” (el segundo edificio más alto del mundo) y la silueta espacial de la “Torre de la Perla Oriental”. 

Las flotas de robotaxis (sin conductor) circulan en áreas delimitadas, pero cada trimestre expanden su territorio gracias a mapas de alta definición y modelos predictivos que anticipan trayectorias, densidad de peatones y patrones horarios. Shanghái planea habilitar una red metropolitana de más de dos mil kilómetros cuadrados donde estos vehículos puedan operar con continuidad total.

Pero donde Shanghái nos hace una demostración de automatización a escala planetaria, es en la conversión del puerto de “Yangshan”. Allí las grúas se manejan desde centros remotos, los camiones eléctricos avanzan sin conductor siguiendo rutas generadas en tiempo real y el software NEO-TOS orquesta todo el movimiento de mercancías como si dirigiera una sinfonía industrial.

Yangshan procesa una cifra que no tiene rival en ningún otro puerto del mundo, y su Fase IV funciona ya como un ecosistema autónomo con más de un centenar de vehículos eléctricos robotizados que van y vienen sin intervención humana.

En cuanto a gastronomía, si Chongqing nos quema con su chile, Shanghái nos seduce con la delicadeza, el dulzor y la maestría técnica de su cocina tradicional “Benbang”. Y con el rey indiscutible de la mesa: el “Xiaolongbao”. Estos delicados dumplings de masa fina esconden en su interior un glorioso y ardiente caldo de cerdo. Se muerden con cuidado, se sorbe el alma del caldo y se disfruta el bocado.

Son lugares de culto para disfrutarlos, desde los puestos históricos en el bullicioso “Jardín Yuyuan” hasta sofisticados restaurantes galardonados con estrellas Michelin.

Y ya que nombramos al Jardín Yuyuan, refugio espiritual y dinástico más preciado de la ciudad, no me resisto a contarte que su nombre significa “Jardín de la Felicidad” y tiene una extensión de 2 hectáreas Fue construido en el año 1559, durante el reinado de la Dinastía Ming (1368 – 1644). El gobernador Pan Yunduan deseaba armar un espacio para que su padre Pan En, un importante ministro del emperador Jiajing, pudiera retirarse y descansar en sus últimos años de vida. Lamentablemente, la construcción de este espacio supuso la ruina económica para la familia Pan y la propiedad fue pasando de dueño en dueño. Dos secciones del parque cobraron relevancia posteriormente: en una parte fue establecida la “Academia de la Pureza y la Armonía”, mientras que el Ling Yuan (ahora llamado Jardín Oriental) fue comprado en 1709 por un grupo de líderes locales. En 1760, mercaderes se interesaron y adquirieron el terreno venido a menos, renovándolo y abriéndolo al público 20 años después. Por suerte, el gobierno de Shanghai financió los trabajos de reparación entre 1956 y 1961, año en el que volvió a abrir al público.

Yuyuan es un laberinto de pabellones tradicionales construidos hace más de 400 años en la parte vieja de la ciudad, con estanques llenos de carpas koi y puentes zigzagueantes diseñados para espantar a los malos espíritus.

Está dividido en seis zonas: Jardín Interior (Nei Yuan) originalmente trazado en 1709, es una parte del jardín en donde se pueden encontrar estanques, torres, rocas y pabellones, Jardín Interior (Nei Yuan); Salón Sansui es donde se encuentra el Grand Rockery (Gran Jardín Rocoso), un espacio de 12 metros de altura hecho de piedra huangshi donde se pueden ver acantilados, picos y cuevas sinuosas; Salón Yuhu (Magnífico Salón de Jade) decorado con muebles de palo rosa; Salón Huijing magnífica construcción que se ubica al lado del estanque principal y al que se accede por puentes de madera; Cámara Wanhua (Cámara de las diez mil flores) cuenta con hermosos patrones escarbados en su estructura, como los crisantemos de ciruela y Salón Dianchun (Salón del Heraldo de Primavera.

Otro de los espacios más visitados del jardín es la Casa de Té Huxinting. Esta edificación formó parte de las estructuras originales de Yuyuan, pero no fue hasta 1855 que se convirtió en salón de té, convirtiéndose así en la más antigua de todo Shanghái. Además de la bebida tradicional china, quienes visitan su amplio salón pueden probar comidas tradicionales como las conservas de ciruela o dumplings de arroz.

Pero, sin dudas, la pieza más conocida de todo el jardín es la Exquisita Roca de Jade. Este mineral era uno de los más preciados en China y, dado que este ejemplar mide más de 3 metros de altura y pesa más de 4.500 kg, no hay dudas que se trata de una pieza excepcional. Cuenta la leyenda que la roca era un obsequio para el emperador, pero la embarcación que la transportaba hacia Beijing (Pekín) se hundió en el camino. Se cree que fue encontrada en el río Huangpu por una familia noble y luego entregada como parte de la dote del hermano menor de Pan Yunduan, quien se encargó de que la ubicaran donde se encuentra actualmente.

Alrededor del jardín, el bazar cobra vida al atardecer, con faroles chinos flotantes y tejados curvados iluminados que te transportan a la China imperial. Bonita forma de acabar nuestro recorrido, uniendo el pasado histórico de estas ciudades chinas, el presente con su cultura y sus costumbres y el futuro que se abre paso a velocidad vertiginosa.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

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