¿Y si Halloween y Samhain se hubieran celebrado en la tierra vasca?

Los antiguos pueblos celtas solían realizar una gran ceremonia para conmemorar “el final de la cosecha”. Esta celebración ocurría a finales de octubre y fue bautizada con la palabra gaélica de “Samhain”. (El significado etimológico es “el final del verano”). Durante esta celebración se despedían de Lugh, dios del Sol.

Los celtas, al igual que muchas culturas prehispánicas, creían que en Samhain los espíritus de los muertos regresaban a visitar el mundo de los mortales. La costumbre era dejar comida y dulces afuera de sus casas, a manera de ofrenda. Por otro lado, era común encender velas para ayudar a las almas de los muertos a encontrar el camino hacia la luz y descanso junto a Lugh. Para que las almas de los muertos no se despistasen, ni cayeran en manos de los espíritus malvados, los celtas usaban nabos llenos de carbón ardiendo como faroles para guiarles y para ahuyentar esos espíritus malos.

La muerte del año, los días se vuelven más cortos y oscuros, la cosecha, el recuerdo de los antepasados muertos, tradiciones que estaban muy enraizadas antes de la llegada del cristianismo.

Con el auge del catolicismo, esta fiesta pagana se cristianizó, y comenzó a llamarse “La Víspera de Todos los Santos”. La traducción al inglés es, “All Hallow´s Eve”, de ahí nació la palabra “Halloween”, tradición probablemente llevada a Estados Unidos por la inmigración irlandesa.

Y, ante la celebración de Halloween, cuando pensamos que estamos sufriendo otra nueva imposición de fiestas foráneas, debo decirte que no es así.

Gau beltza” “Gaba baltza” o “Arimen Gaua”, la noche negra se celebró hasta hace pocas décadas en diferentes puntos de nuestra tierra: en recónditos pueblos de Iparralde, zonas costeras vizcaínas, zonas del interior de Araba, Nabarra y Gipuzkoa.

También se vaciaban calabazas y patatas y se les introducían velas. En Berriz, por ejemplo, se solía colocar una calabaza en la torre del campanario de la iglesia por la noche, con una vela encendida en su interior. La visión era terrorífica. En Oiartzun y en Zizurkil hacían algo muy parecido para asustar a la gente. En Mutriku ponían estas calabazas en los portales de las casas para guiar a los difuntos, mientras los vecinos cantaban una canción contra Xestero, su enterrador: “Xesteron kontra, animen alde…”, (Contra Xestero, en favor de las ánimas).

Se han recogido numerosos testimonios. En Berriz, Herminia Lazpita y en Eibar Toribio Etxebarria, recordaban que “El Día de las Ánimas había tradición de ir a comer y beber en la taberna. Los niños y niñas en la calle comíamos castañas de los caseríos. Y los jóvenes vaciaban calabazas haciéndoles agujeros en los ojos y la boca, dándoles forma de cabeza, le colocaban la vela dentro y sus ojos se iluminaban contra el fuego. Entonces no hubo luz en las calles, todo era oscuridad. Y colocaron las calabazas en los pórticos de los caseríos.” 

En la Rioja Alavesa, en vez de calabazas usaban remolachas y patatas grandes para tallar calaveras.

Los mas osados se disfrazaban con harapos y asustaban a los feligreses cuando salían de la misa de las ocho de la tarde.

Además existe aún la tradición de comer Buñuelos y Huesos de Santo (unos postres elaborados con mazapán, de color blanco y forma alargada y cilíndrica, semejante a la de un hueso con su tuétano, originalmente rellenos de dulce de yema).

Se creía que la noche del 31 de octubre se abría la puerta entre los dos mundos, el de los vivos y el de los muertos. Y que los fantasmas de los difuntos vagaban libremente por ahí y visitaban sus casas, antes de la llegada del crudo invierno.

Esta canción compuesta por Hibai Aiestaran recoge parte de esta oscura y casi extinta tradición.

Arima ahantziak argizagiaren bila, kalabaza ta sua haientzat betiko argia.
Guretzat ez goxorik,
Ahuntz esne ta gaztain erre, iluna luza ez dadin arrats lainotsuen menpe.

Gau beltza hasiera bukaera, munduen arteko deiadarra.
Hildakoak etorri dira atarira, ur basoa bota dugu lehiotik behera, hey.

Dagda ta Morrigan larrutan ari dira,mosu hilkorrenak jainkoen ohatz gainian.
Eliztarrak izutzeko ase arte edango degu,
lotsarik ez dugu izango mozorroa daukagu denok.

Gau beltza hasiera bukaera, munduen arteko deiadarra.
Hildakoak etorri dira atarira, ur basoa bota dugu lehiotik behera, hey.

Traducción:
Almas olvidadas en busca de cera, calabaza y fuego, para ellas luz eterna.
No es dulce para nosotros.
Asar leche de cabra y castañas para que la oscuridad no se demore bajo las noches de bruma.

El final de la noche negra, el grito entre dos mundos.
Los muertos han salido a la puerta, hemos tirado un vaso de agua por la ventana, ¡ey!

Dagda y Morrigan se están despellejando, los besos más mortíferos en el lecho de los dioses.
Beberemos hasta que estemos satisfechos con asustar a la iglesia,
No nos avergonzaremos, todos tenemos un disfraz.

El final de la noche negra, el grito entre dos mundos.
Los muertos han salido a la puerta, hemos tirado un vaso de agua por la ventana, ¡ey!

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

2 comentarios sobre “¿Y si Halloween y Samhain se hubieran celebrado en la tierra vasca?

  1. Muy interesante. Yo sabía que en Europa esta fiesta viene de los celtas y el Samhain. El porqué se ha perdido poco a poco las tradiciones es una pena. En México es otro cantar porque desde tiempos prehispánicos existe una relación muy curiosa con la muerte. A la llegada de los españoles se funden el catolicismo con las creencias locales y se da un sincretismo muy interesante. Platicando con amigas de Argentina por ejemplo, ahí también se hacían celebraciones en estas fechas pero se ha ido perdiendo poco a poco. Creo que en mi país nunca se perderá, es parte de nuestra identidad. Muy interesante como siempre todo lo que publicas en tu blog. SAludos.

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  2. Gracias Ana por tu comentario y me alegra que te parezca interesante. He visitado México, pero aún tengo pendiente de ir a vivir esta tradición algún año. Cuando salió la película «Coco», me pareció que era muy interesante que se visibilizara la festividad a través de los niños y, con la excusa de ver la película, hablar del tema de la muerte con los pequeños, a quienes en estos tiempos, se les esconde lo importante, para que se recreen con el «Hallowenn» y sus chuches. Un abrazo y que pases bien el día.

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