VadeReto (diciembre)

VadeReto, ¿Jugamos a Inventar Historias? En el blog “Acervo de letras” de Jose Ant. Sánchez, existe este juego que me encanta. Es una invitación a escribir, sólo un tema cada mes que puedes desarrollar como más te guste. Así que, aceptando el desafío de Jose, aquí os presento mi relato que este mes va de ¡Cuéntame un cuento!

El hada Hada

Había una vez un hada que se llamaba Hada. Era un poco confuso, porque cada vez que la llamaban, venían todas las hadas. Por eso sus amigas le decían que se cambiara de nombre y se pusiera algún nombre bonito como Tulipán, Primavera, Turquesa, Jazmín, Azul o Diamante. Pero a ella no la convencía nadie.

.- Al fin y al cabo, no hay nombre más bonito que el mío. ¿Por qué lo voy a cambiar?

Hada vivía feliz en un lugar precioso, un bosque cerca de un pueblo pequeño que se llama San Martín de los Andes. ¿Sabéis lo que son los Andes? Unas montañas muy altas que, como una fila larguísima de pasteles que se van amontonando unos sobre otros, separan Argentina de Chile y siguen para el norte, atravesando países hasta Colombia.

¡Corred a mirar el mapa! San Martín de los Andes está del lado argentino, en una zona espectacular que se llama Patagonia y el bosque donde vivía Hada y sus amigas, está junto a un lago que se llama Escondido. ¡Noooo, no se llama así porque juega a las escondidas! Se llama así porque, como está rodeado del bosque y tiene sólo un caminito de tierra muy estrecho que casi nadie conoce, parece que estuviera escondido a los ojos de todos.

Cuando seáis un poquito mas grandes y viajéis para conocer muchos lugares bonitos de este mundo maravilloso, no os olvidéis de ir a conocer la Patagonia argentina y de buscar el lago Escondido. Es un lugar difícil de olvidar porque es precioso.

¡Ah! y cuando digo que el lago está escondido a los ojos de todos, no digo de todos TODOS. Porque el bosque está lleno de animalitos, amigos de las hadas. Hay una familia de ciervos Axis que tienen el pelaje rojizo, unas manchitas negras como si a un pintor se le hubiera caído el pincel y hubiera desparramado manchas alrededor y una línea también negra en el lomo.

Cuando nacen los cervatillos son preciosos. Y cuando son grandes, los papás tienen unos cuernos que parecen una lira. ¡Si, esa, el instrumento musical! En invierno, cuando nieva mucho, vienen a visitarlos otra familia que se llaman Huemul. También son ciervos, pero estos son marroncitos, con el hocico muy negro y no tienen manchas.

Los jabalíes suelen andar buscando los frutos de los árboles cuando caen, porque ya están maduros. No les hacen mucho caso a las hadas, porque siempre van mirando al suelo a ver si encuentran comida, metiendo la nariz en la tierra para descubrir tesoros ocultos y no tienen tiempo de mirar para arriba. Además, de vez en cuando, aparece algún zorro colorado, esos tan bonitos que de colorado tienen sólo las patas, porque el cuerpo es gris canoso, con un pelo precioso.

Claro que lo que hay más en el bosque del lago Escondido, son pájaros, un montón de pájaros hermosísimos. Está el picaflor rubí, que tiene un cuerpito verde amarillento, al que le encanta comer el néctar de las flores. Hay también gallaretas a las que sus amigos les dicen que tienen ligas rojas, porque tienen unas rayas rojas en las patas amarillas, que parecen las ligas que usan las mujeres para que no se les caigan las medias. El cuerpo es de un negro muy brillante, bonito, el pico amarillo con una manchita roja y se la pasan nadando en el lago porque comen plantas acuáticas.

¿A que no sabéis dónde hacen el nido? Pues en la orilla del lago, entre la vegetación. Las hadas les ayudan a cuidar de los huevos que son de color clarito, con manchitas rojas oscuras. Suelen ser cinco o seis y cuando la mamá se va a nadar, las hadas se quedan por ahí dando vueltas volando, o vaya a ser que al señor zorro se le ocurra comérselos.

El zorzal patagónico, que ¡claro! se llama así porque vive en la Patagonia, tiene el cuerpo y las alas marrones, pero el pecho más clarito y las patas son de un color amarillo, medio anaranjado. Ellos se la pasan buscando lombrices por el suelo. ¡Les encantan! A veces las hadas los van a buscar para decirles que han visto algunas lombrices en tal o cual lugar.

Pero los pájaros que son más amigos de las hadas son los preciosos carpinteros gigantes que, con su cabeza roja como el fuego, suelen andar siempre pica que te pica los troncos de los árboles. A Hada le encanta escuchar el ruido que hacen, piensa que es el batería de la orquesta del bosque.

Así que las hadas están siempre muy acompañadas, se divierten entre ellas, juegan a volar carreras, a cantar como si te estallara el corazón, a contar historias, ayudan a sus amigos animalitos, vuelan bajito sobre las aguas del lago o entre las ramas de los árboles, haciendo piruetas y riéndose.

Lo que casi casi nunca ven son humanos. Una vez aparecieron en un aparato grande de cuatro ruedas, que hacía un ruido horrible y bajaron cuatro gigantes que asustaron mucho a Hada y sus amigas. Un hada más vieja les dijo que eran personas, que los dos más gigantescos eran los papás, los dos un poco más pequeños, los hijitos y que el aparato en el que habían llegado era una autocaravana. Así que ellas se pusieron a espiar a los monstruos, que por lo visto, no eran tan monstruos. Y digo esto, porque no parecían malos.

Sacaron muchas cosas de ese trasto, unas telas y palos con los que armaron una tienda, un balón de colores con el que empezaron a jugar los hijitos y hasta una cosa muy extraña que el papá armó junto a la orilla y debía de ser para sentarse y quedarse mirando el bosque y el lago.

Ellas tuvieron muchísimo cuidado de que no las vieran. Pero estuvieron a punto, porque como querían saber todo de las personas, se acercaban escondiéndose entre los árboles y volaban muy rápido y con muchísimo cuidado.

Hubo un momento en que Hada pensó que la niña la había visto, porque se quedó quieta mirando hacia el lugar en que ella estaba, con la boca abierta, a punto de gritar. Un carpintero amigo ayudó al hada, volando alrededor de ella, como si fuera él el único que estaba en ese lugar y dándole tiempo de que escapara.

Cuando el sol se empezó a poner sobre las montañas, en ese momento mágico en que todo se vuelve rojo y el silencio ocupa el lugar de los ruidos, el papá armó una fogata con unos palos y, aunque a las hadas y a los animales el fuego les da mucho miedo, ese fuego no les dio, al contrario, les gustó. Enseguida el lugar se empezó a llenar de un olor riquísimo a comida, que estaban preparando sobre el fuego. Los humanos comían, charlaban, se reían y, en un momento empezaron a cantar unas canciones hermosísimas.

Vosotros ya sabéis que las hadas cantan muy bonito, que los cantos que, a veces creemos que son de pájaros, los hacen las hadas y que alguna vez, justo cuando estamos a punto de dormirnos y los ojos se cierran solos de puro cansancio, escuchamos una canción muy muy muy dulce que no sabemos de dónde sale, pero nos lleva de la mano al mundo de los sueños y nos acuna suavemente, como si estuviéramos en un bote en el lago. Pues ya sabéis quién la canta.

Así que a ellas, a las hadas, les gusta mucho la música y cuando oyeron cantar a la familia esas canciones tan bonitas, ya se convencieron por completo de que eran buena gente y no les iban a hacer daño. Se reunieron en un árbol y estuvieron comentando todo lo que habían visto y escuchado y la suerte que habían tenido de conocer a unos humanos tan buenos.

Luego, cada una se fue a dormir a su casa y Hada escuchó cómo la familia apagaba el fuego y se metía en su tienda para descansar. A ella le había gustado tanto esa gente que no tenía ganas de dormir, sino de seguir espiándolos y volvió a unos árboles que estaban cerca de la tienda. Se estaba quedando medio dormida cuando escuchó ruidos cerca. Era la niña que antes casi la descubre que, muy despacito y sin hacer ruido, salía de la tienda y se acercaba a la orilla del lago.

Hada se acercó un poquito para verla mejor. Parecía triste y murmuraba una canción muy bajito Hada cada vez estaba más cerca, se sentó en una rama y trató de escuchar. En un momento de silencio en que hasta los pájaros del bosque dormían, cada ruidito minúsculo parecía crecer y escucharse más fuerte.

Todo pasó en un segundo. Una ramita del árbol donde estaba el hada se rompió, la niña la escuchó, se dio vuelta hacia ella y la vio. Hada no supo qué hacer. No podía salir volando, la niña ya la había visto. No quería moverse ni hablar ni hacer nada. Así que fue la niña la primera que dijo:

.- No tengas miedo, no voy a hacerte daño

.- No tengo miedo, contestó Hada.

.- ¿Eres un hada?

.- Y tú, ¿cómo sabes eso?

.- Porque me gusta leer cuentos de hadas, es la primera vez que veo una y me alegro de haberte conocido. 

.- Pues yo también es la primera vez que veo una niña.

.- ¿En serio?

.- Pues si y al principio si que tenía miedo de que nos hicierais daño.

.- ¿Nos? ¿Sois muchas?

.- Claro, en este bosque vivimos unas treinta más o menos, pero cerca del volcán hay otras muchas.

.- Pues que suerte que me levanté, pude verte y hablar contigo

.- ¿Por qué te levantaste y no te quedaste con tu familia durmiendo?

.- Por un lado porque me gusta la noche, mirar las estrellas cuando la luna está escondida, escuchar el silencio, pensar y cantar muy bajito, sólo para mi.

.- ¿Cómo escuchar el silencio? Eso no se escucha.

.- ¿Seguro? ¿Qué escuchas ahora?

.- Pues nada.

.- ¡Escucha bien! Con los ojos cerrados.

.- El ruido del agua, un ratoncito lejano, una ramita como la que me descubrió. ¡Ja Ja! Entiendo lo que dices. ¿Qué cantabas?

.- La canción “L´amitié” de Françoise Hardy. Es un himno a la amistad. Empieza diciendo “Muchos de mis amigos han venido de las nubes, con sol y lluvia como equipaje…”  Es muy bonita y me gusta cantarla.

.- ¿En qué pensabas?

.- Haces muchas preguntas.

.- Es que quiero saber más de ti.

.- Pensaba que me encanta viajar con mi familia, mis padres son geniales y con mi hermano nos llevamos muy bien. Conozco lugares que los niños de mi edad no conocen y hasta tengo la suerte de poder hablar con un hada como tú. Pero hay veces en que me siento un poco sola, me encantaría tener una amiga a la cual poder contarle mis cosas, alguien con quien caminar juntas, ya sabes.

Hada se quedó pensando en lo que decía la niña. en todo lo que ella compartía con sus amigas y le dio un poco de pena. Así que se le ocurrió una idea brillante. Tomó las tijeritas que siempre llevaba en su bolsillo, recortó con ellas un trozo de su propio traje, para hacer la silueta de la niña, la colocó en el suelo, la llenó de magia y Malena, que así se llamaba la niña, con los ojos llenos de lágrimas y de alegría, vio como la silueta se movía con ella y hacía sus mismos movimientos.

.- Estés donde estés, nunca más te sentirás sola en este mundo. Busca el sol o una luna llena como la de esta noche y siempre tendrás alguien que te acompañará y estará junto a ti.

Y diciendo esto, Hada le echó un poquito de polvo de hadas en la mano y en las mejillas, para que Malena brillara como ella, le lanzó un beso con un dedo, como hacen las hadas y se fue volando a reunirse con sus amigas. Malena, feliz superfeliz, se puso a cantar su canción de la amistad tan fuerte que despertó a su mamá y tuvo que entrar a la autocaravana a dormir.

A partir de esa noche, después de que Hada le contara a todo el mundo lo que le había pasado, empezaron a llamarla con un nombre muy bonito: el Hada de la Sombra

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

15 comentarios sobre “VadeReto (diciembre)

  1. Pues, como no podía ser menos, al Oselito de seis añitos, ¡¡¡lancantaaaooooo!!!
    Es un cuento dulcísimo, descriptivo y hermosiiiisimo, como el hada protagonista.
    Además, has conseguido que vea al bosque patagónico como otro protagonista más. Con sus animales, sus colores, hasta he podido sentir sus olores.
    Se nota que tienes buena práctica con tus «niños».
    Como buena Ipuin Kontalaria que eres, este cuento no se lee, se ve y se siente.
    Muchas gracias, Yaya Truja. Mañana me cuentas otro. 😜😍
    Besucos. 😘😘😘

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  2. Hola Jose.
    Sabes que me encanta la Patagonia argentina y por eso, me gustó hablar de su paisaje y sus habitantes, una vez más. Pero, en general, me pasa lo que tú dices, que a medida que escribo, lo veo y siento sus olores y sensaciones. Por eso es un esfuerzo para mí ceñirme a xx palabras, porque me cuesta reducir los detalles que me ayudan a meterme en el relato.
    Y sí, se me dan bien los niños y contarles cuentos. Ya de muy jovencita me inventaba cuentos para mis primos y se reían muchísimo con las trolas que les hacía vivir. ¡Aún se acuerdan!
    Hoy en día, cuando mis sobrinos se meten en mi cama, tempranísimo por la mañana, lo que más piden es que me invente algo. Gracias a ellos me he echo amiga de Doña Inspiración. 🤣😂🤣
    Gracias a ti, por darme ánimos e inventar juegos como este donde puedo explayarme a mi gusto.
    Un abrazote y cuídate del frío, Oselito de seis añitos.

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  3. Una historia preciosa… Tienes un don para hablarles a los niños, de verdad. Me he sentido niña, me has dejado con los ojitos muy abiertos, imaginando, sorprendida… todos los detalles de los animales, la naturaleza maravillosa de la Patagonia, y de postre ese diálogo del hada con la niña y el regalo que le da, tan mágico.
    Además, me encantan los detalles poéticos, como ese carpintero batería del bosque.
    Muy bonito, una divinura para hacer felices a los niños…
    Un abrazo 🙂

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  4. Ay Maite, ¡qué preciosas palabras! Me has hecho sonrojar. Y me gusta mucho la idea de que te hayas sentido niña, escuchando el cuento y las maravillas de la hermosa Patagonia. Sé que a los niños les gustan los animales, por eso su presencia y los detalles. Y si hay un hada con un regalo mágico, mejor.
    Me alegro mucho de que te haya gustado.
    Un abrazo para ti también.

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  5. Hola Marlen, un relato precioso, se agradece toda la información sobre los Andes y la fauna local. (Me hiciste sentir un poco de añoranza pues tuve oportunidad de conocer esas nobles montañas, desde el lado de Chile (La Serena y Coquimbo) y luego viajando en auto y llegando al límite con un poblado argentino que ahora no recuerdo su nombre. Después ya en avión, cruzar de Santiago de Chile a Buenos Aires. y maravillarme y quererme morir de miedo de ver su inmensidad. En fin. Una gran experiencia, eso sí, no tuve oportunidad de ver o convivir con la fauna local aunque pude hacer un muñeco de nieve jajaja. Me encanta la idea de que Hada se encuentre con la niña y de alguna forma puedan estar conectadas y la niña no sentirse sola. Me parece que tu cuento debería venir incluido en los libros de texto reglamentarios de los niños que empiezan la escuela. Una verdadera delicia.

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    1. ¡Gracias Ana, por tus palabras! Pues ya que tuviste la experiencia de conocer esa zona de la cordillera, es hora de volver y recorrer algo más de nuestra Sudamérica. Ahora que el COVID nos da una tregua, hay que aprovechar.
      Conozco La Serena y Coquimbo. Recorrí bastante la zona en coche, saliendo de Buenos Aires, pasando por Córdoba, San Juan y sus bodegas, la bella Mendoza y cruzando la cordillera por Puente del Inca hasta Viña del Mar, para luego, por la ruta 5, ir subiendo por Chile hasta Copiapó, en pleno desierto de Atacama. Kilómetros de este paisaje tan árido y hostil, pero a la vez tan maravilloso. ¡Qué viaje!
      Amo la imponente Cordillera de los Andes, su gente, sus paisajes, sus silencios.
      Me alegra que te haya gustado el cuento. Y yo propondría que en las escuelas se leyeran textos con más naturaleza de lugares lejanos, paisajes, animales, costumbres, pero a la vez, con más fantasía ¡tan necesaria!
      Un abrazo, Ana.

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