VadeReto (diciembre II)

VadeReto, ¿Jugamos a Inventar Historias? En el blog “Acervo de letras” de Jose Ant. Sánchez, existe este juego que me encanta. Es una invitación a escribir, sólo un tema cada mes que puedes desarrollar como más te guste. Así que, aceptando el desafío de Jose, aquí os presento mi relato que este mes va de ¡Cuéntame un cuento!

El cantero pedigüeño

Érase que se era una bellísima lamia llamada Maya que vivía en la cueva de Santimamiñe. Su piel era de color cobre y su larguísimo cabello negro y brillante, como el azabache.

Solía estar bañándose en un pozo del arroyo que los humanos llamaban Lamiozingoerreka. Sí, no te quejes, ya sé que es difícil de pronunciar, pero es que en euskera las palabras se van formando como si se tratara de un rompecabezas, y Lamiozingoerreka significa “arroyo del pozo de las lamias”. ¡A que tiene sentido!

Maya solía estar en ese lugar tranquilo, alejado de los caseríos, cantando y peinándose con su pequeño peine de oro. Le encantaba el agua, nadar y hacer la plancha mientras miraba volar los pájaros. También hablaba con los animales del bosque y estos le contaban lo que habían visto al acercarse al mundo de los hombres.

Lo cierto es que a ninguno le gustaba demasiado ese lugar extraño. A veces hablaban a los gritos y no respetaban a los demás. Los niños eran los que más se acercaban a ellos. Se solían escapar a jugar en el bosque, aunque cuando sus padres se daban cuenta, tenían que dejar de jugar y volver corriendo.

Pero no te creas que era lo único que hacía la lamia. Cuando estaba en la caverna, le gustaba hilar con la rueca y el huso. Eso de tomar un copo de lana de oveja y convertirlo en hilo para que Eder luego tejiera una prenda bonita, le parecía mágico. ¡Y de eso, ella sabía algo!

Te preguntarás: ¿Y cómo vivía Maya y las demás?, ¿de dónde sacaban el dinero para comprar lo que necesitaban? Pues te voy a contar un secreto. Maya, como muchas de su familia, vivía del “no”. Te lo explico muy fácil. 

Si un labrador había cosechado 50 kilos de trigo, pero declaraba para pagar los impuestos sólo 48, la diferencia de 2 kilos NO declarado, era cobrado por las lamias. Y con eso podían comprar pan de trigo o de maíz, tocino, cuajada, leche, sidra… En fin, las cosas que les gustaba comer o beber.

Era una forma muy interesante de hacer justicia. Es que había que tener mucho cuidado, porque los hombres eran expertos en hacer trampas y tratar de engañar. ¡Bueno, vale, no todos!

En el caserío Lezika, que era el más cercano de Santimamiñe, vivía una familia que tenía dos hijos jóvenes y trabajadores, gente alegre y cantarina a los que les gustaba cenar juntos y luego sentarse frente a la chimenea a contar cuentos y las cosas del día a día.

Pozik era el hermano mayor. Chicarrón del norte, él se encargaba de las tareas del caserío. Con la ayuda de su padre, que cada vez hacía menos porque ya tenía una edad que le costaba agacharse. Siempre decía que, si Jaingoikoa hubiera querido que los hombres labraran la tierra, la tenía que haber puesto un poco más alta.

Karmele entonces ponía mala cara, no le gustaba que su marido dijera esas tonterías y cuando empezaba a regañarle, lo único que conseguía es que los cuatro acabaran riendo de la ocurrencia.

Harrizko, por su parte, el hijo menor de la familia, era tan fuerte como su hermano y empleaba toda su fuerza en su trabajo de cantero. No es que le encantara andar todo el día rompiendo piedras, pero con el sueldo ayudaba a mantener el caserío y que no les faltara nada.

Un día en que Pozik buscaba leña en el bosque para la cocina y la chimenea, tuvo que refugiarse de un chaparrón en la caverna de Santimamiñe. ¡Y no sabéis lo que pasó!

En ese momento, Maya estaba tan entretenida hilando que no lo vio entrar y de golpe se encontraron los dos cara a cara. Se empezaron a reír porque los dos se habían sorprendido tanto, que empezaron a balbucear: ¡Eh qué! ¡Pero! ¡Yo no! ¿Pero tú cómo? ¿Quién eres? ¿Qué haces aquí?

Cuando los dos dejaron de estar tentados de risa, se sentaron a charlar tranquilamente y a contarse quiénes eran y qué hacían en la caverna. Y charlaron, y charlaron como buenos amigos.

Dejó de llover y Pozik se disponía a abandonar la cueva, entonces Maya le hizo un regalo como prueba de amistad. Le entregó un trozo de carbón, que al salir de la cueva se convirtió en urre (oro).

Al llegar a casa y contar todo lo que le había pasado, estaba feliz porque había encontrado una amiga y porque, con ese oro, podían comprar una yunta de bueyes para que les ayudaran a arar y sembrar la tierra.

Harrizko, entretanto, estaba muy serio, planeando algo. Luego de pensarlo toda la noche, se le ocurrió hacer una ofrenda a la hermosa lamia para que esta le concediera un deseo y, sabiendo que les gustaba, empezó a llevarle todos los días un trozo de tocino a la puerta de la cueva.

Así se hicieron amigos.

Pero lo que quería Harrizko no era un trozo de oro como su hermano. Él quería pedirle un deseo muy especial a la lamia. Y cuando, pasados unos meses, Maya le preguntó cuál era su deseo, él le explicó que estaba cansado de picar piedras, quería ser rico para dejar de trabajar y poder decirle a su Aita que ya podía descansar, que junto a su hermano trabajarían lo suficiente para mantener las tierras y el caserío. Y la bella Maya le hizo rico. 

Al cabo de un tiempo Harrizko oyó hablar del poderoso rey del país, que mandaba a todo el mundo hacer lo que él quería. Y pensó que eso sería mucho mejor que ser rico. Así que quiso ser rey. Y Maya lo convirtió en rey.

Un caluroso verano en que estaba hablando con una chica muy maja, en el jardín, el sol le molestaba y quiso ser sol. Y Maya lo convirtió en sol.

Pero cambió el tiempo y una nube se puso delante del sol, y entonces pensó que era mejor ser una nube. Y Maya lo convirtió en nube.

Era divertido ser nube, pero empezaron a caer trombas de lluvia y Harrizko se dio cuenta que una gran roca aguantaba el chaparrón y quiso ser roca. Y Maya lo convirtió en roca.

Un día, un cantero llegó hasta la roca y empezó a picar la piedra, y el que fuera cantero quiso ser como aquel hombre. Y Maya lo convirtió en cantero, y le dijo, burlándose de él: «Quien tiene una cosa, siempre quiere otra. Has llegado tan lejos como al comienzo de tu carrera. Quedémonos de ahora en más, como estamos ahora: yo lamia y tú cantero».

Así que yo te diría que, si un día te encuentras con una lamia y te concede un deseo, piensa bien lo que quieres pedir. ¿Cómo que no existen las lamiak? Pues ya sabes lo que dicen: “Direnik ez da sinistu bear, ez direla ez da esan bear” No se debe creer que existen, no hay que decir que no existen.

Y colorín, colorado, ipuin hau bukatu da.

La ilustración que da inicio a esta entrada es “Lamin”, una obra de José Ramón Tellería, para el “Diccionario Ilustrado de Mitología Vasca” de José Miguel de Barandiarán.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

15 comentarios sobre “VadeReto (diciembre II)

  1. Cooomo que ipuin hau bukatu da… ¡Hasi berria bazara!
    Tata Trujamán, se nos ha hecho muy cortito. Cuando empezábamos a cogerle cariño a la Lamia, ¿va y se va? Baaah, déjale contar otro cuento. 🤗❤️
    Deja que salga la vena argentíiiiina y se explaye en su cueva, deleitándonos con sus historias. 😝

    Me ha encantao eso de que «en euskera las palabras se van formando como si se tratara de un rompecabezas». Ahora empiezo a entender lo que dura un discurso vasco (o basko). 😂

    Y el personaje es precioso, leyendo el cuento y viendo las ilustraciones, sin duda, yo quiero La Mía. 😉
    Como me conceda mis deseos, explota el mundo. 😅

    Envidio muchísimo a tus sobrinos, eres una CuentaCuentos fabulosa y, encima, tienes chimenea y seguro que das maravillosamente bien de merendar. 🥰😍

    Muchas gracias, Marlen, por engordar a nuestros niños interiores, el mío ya lo estaba, pero se ha ensanchado un poquito más. Ahora me quea el traje de papanoé fetén. 👌🏼🎅🏻😅

    Como ves, hoy es un comentario lleno de emojis, será porque es difícil expresar en palabras lo que tus cuentos contagian.

    Besote, abrazo y ashushón gaditano. 🤗😊👍🏼

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    1. Buenos días, Jose. ¡Este cuento se ha acabado! ¡La farra continúa!
      Tengo a la lamia a mi lado y me dice que en cualquier momento, nos sentamos nuevamente frente al fuego y nos ponemos a contar cuentos. Personajes no nos faltan y lugares adonde viajar con la imaginación tampoco. Pero tiempo al tiempo, todo se andará.
      No sé si mis sobrinos son conscientes de lo maravillosa que es su tía ¡¡¡Ja Ja Ja!!! Pero sí sé que disfrutan mucho conmigo y yo con ellos. Es un placer tener niños alrededor y convertirse en uno más. Son instantes en los que mi sonrisa se ensancha y mi corazón también. Lo del cuerpo va por otro lado, las comidas y bebidas de esta época ayudan. Pero disfrutemos, que ya llegará el próximo lunes o el siguiente, o el siguiente… para retomar la dieta. 😩🤬😩
      Gracias por tus palabras y por tus emojis.
      Besote, abrazo y ashushón vasco/argentino. 🤗😍😄

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    1. ¡Pero qué razón tienes! En este tiempo en que siempre parece que nos falta lo último de lo último y nos desvivimos por comprar cada vez más, me encantó escribir este cuento y reflexionar sobre lo sencillo que es pedir con mesura, sin olvidarnos de apreciar tooooodo lo que tenemos, y no hablo sólo de lo material, que también.
      Me alegro que te haya gustado y que hayas disfrutado de un ratito de fantasía, en dulce mezcla con la realidad (que no siempre es tan dura).
      Un abrazo para ti también.

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  2. Hola! Me encantó, además de estar duper bien narrado tiene su mensaje: cuidado con querer todo, no es posible, en algún momento debe llegar el contentamiento. Curioso el idioma vasco, se me hace súper difícil con todas esas palabras tan largas y dificiles de pronunciar. Me encantó tu cuento! Abrazos❤️❤️❤️

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    1. Hola Ana. Sí, en unos días en que queremos todo y muy rápido, no está de más pensar un poco en la necesidad de límites.
      El euskera es un idioma difícil, de palabras largas y difíciles de pronunciar. Pero es que es un idioma que tiene la particularidad de que la mayor parte de las palabras nuevas se forman a partir de palabras existentes, utilizando prefijos y sufijos. Por eso la extensión de cada palabra. Por ejemplo: «etxe» significa «casa», «etxea» «la casa», «etxean» «en casa», «etxearentzat» «para la casa» y «azpietxea» «por debajo de la casa» o una «subcasa». Es sólo un ejemplo de los muchos sufijos y prefijos que existen.
      Me alegro que te haya gustado el cuento. Gracias por tu comentario.
      Abrazos para ti también.

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